Miradas de Cine MI GRAN BODA GRIEGA, de Joel Zwick   MdC
Cartel de la película
Por Emilio Martínez-Borso

USA, 2002. T.O.: My big fat greek wedding. Director: Joel Zwick. Producción: Gary Goetzman, Tom Hanks y Rita Wilson. Guión: Nia Vardalos. Música: Xandy Janko y Chris Wilson. Diseño de producción: Gregory P. Keen. Montaje: Mia Goldman. Duración: 96 minutos. Intérpretes: Nia Vardalos (Fotoula 'Toula' Portokalos), John Corbett (Ian Miller), Michael Constantine (Gus Portokalos), Lainie Kazan (Maria Portokalos), Andrea Martin (Voula), Joey Fatone (Angelo), Louis Mandylor (Nicolas 'Nick' Portokalos), Stavroula Logothettis (Athena Portokalos), Christina Eleusiniotis, Marita Zouravlioff.

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Miradas de Cine © 2002

Boda griega, festín americano

Resulta extraño cómo una película de lo más sencilla en cuanto a su planteamiento, y posterior resolución pueda causar un revuelo tan considerable como el que ha levantado. Quizás sea ese mismo el motivo, o quizás (seguramente) será el impacto que ha tenido en su país de origen, E.E.U.U. lo que hace que como en tantas otras ocasiones, cualquier cosa que triunfe o esté de moda allá repercuta en España, pero así nos va, dándonos unos aires de superproducción épica cuando en realidad no llegamos ni a cine independiente de serie Z, pero éste es otro tema.

La película de Joel Zwick narra la odisea de una joven griega muy fea y muy desgraciada, que ha de atravesar para poder casarse con su príncipe azul, el típico americano culto, listo inteligente y guapo mientras toda la familia de ella, muy griega y muy tradicional, se opone a ello.

En base a esta "original" idea, la guionista Nia Vardalos teje un conjunto de situaciones cómicas basadas en la cultura y la tradición de una familia griega que vive en los Estados Unidos, mezclado con el cuento de la cenicienta de la joven que consigue cambiar a fuerza de voluntad y conseguir enamorar y casarse con el hombre de sus sueños y ser feliz por siempre jamás en la tierra de la democracia y la libertad, en resumen el sueño americano al cien por cien.

Ahí viene el gran problema, ya que lo que a priori parecía y prometía ser más interesante, el retrato de una comunidad griega asentada en la estabilizada comunidad norteamericana, cambia de registro completamente para transformarse en un "monólogo" sobre el afán de superación de la protagonista. La trama central por así decirlo que es como la familia tiene que aceptar el hecho que su hija se tenga que casar con un no-griego, está colmada de gags y guiños bastante divertidos que por desgracia no hace sino ofuscar las verdaderas intenciones (si de verdad las tenía la guionista) porque lo que al principio se plantea como un cúmulo de datos de lo más interesante, como por ejemplo el hecho que las hijas sólo están para casarse y llevar el negocio familiar, o que sólo se relacionan con griegos o detalles así se acaban volviendo en su contra al no hacer otra cosa que caer una y otra vez en los tópicos más fáciles con tal de hacer reír (y encima lo hacen, lo que es peor), por no hablar de la sospechosa similitud de la familia griega que hacen junto a la típica sociedad italiana que todos tenemos en mente (grandes comidas, interminables listas de tíos, primos y demás familiares, gestos al hablar y de manos totalmente idénticos…etc), que provoca en el público anglosajón menos exigente la carcajada fácil, pero en el Europeo, en un principio más cercano a lo que nos puede intentar contar una decepción sobre la falta de vergüenza al abordar ciertos temas.

Los personajes y sus interpretaciones, no hacen mucho al respecto por mejorarlo. Si bien es cierto que los principales, Toula (la propia guionista, Nia Vardalos) y su amor del alma, Ian Miller (John Corbett) no son ni más ni menos que caricaturas y refritos de mil personajes vistos hasta la saciedad, y así con la mayoría de ellos, aunque también hay que reconocer que hay algunos como el padre de Toula o la abuela que llega de Grecia siempre dispuesta a alzarse en armas contra los Turcos asesinos son de lo más divertidos.

Tampoco la dirección de Zwick es de lo más acertada. Totalmente televisiva, cosa natural ya que es un director de amplia carrera en el medio y éste es su primer largometraje para el cine, cosa que es una pena porque con cualquier director con un poco más de garra podría haber aumentado los aciertos de la película. Pero en cambio, y como viene siendo habitual en Hollywood el acabado técnico es inmejorable, una fotografía bonita y resultona, una dirección artística estupenda y de lo más divertida, (cómo la casa de la familia de la protagonista, inenarrable) mérito del guión eso sí y una producción de primer orden (cabe recordar que uno de los productores es Tom Hanks, cosa que no es difícil de creer viendo que al fin y al cabo lo que nos muestran es el alcance del sueño americano y de la felicidad personal, mostrada por uno de los héroes nacionales- y al paso que va dentro de poco inmortales- de Estados Unidos) que resalta en secuencias multitudinarias como la boda que da título a la película, o la presentación del novio en casa de los padres de ella y ante toda su familia.

Dejando de lado todos esos factores, la película es divertida y cumple su objetivo que es hacer reír. Por lo menos te olvidas del reloj y su ritmo continuo hace que disfrutes durante la proyección y las carcajadas se suceden entre el público teniendo tres o cuatro momentos realmente buenos haciéndote pasar un rato agradable. Eso sí, no hay que buscarle tres pies al gato.

En mi cabeza sigue el pensamiento del porque de su enorme éxito al otro lado del atlántico y porque nos la han intentado vender como una de las mejores comedias de los últimos años comparable casi a las comedias clásicas cuando no deja de ser una película simpática que se puede ver en casa un domingo de resaca a las cuatro de la tarde y que a las dos horas de verla no te acuerdas como se llamaba el protagonista (por algo será digo yo).