Miradas de Cine EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LAS DOS TORRES, de Peter Jackson   MdC
Cartel de la película
Por Susanna Farréè

EEUU, 2002. T.O.: The Lod of the Rings. The Two Towers. Director: Peter Jackson. Productores: Peter Jackson, Barrie M.Osborne y Frances Walsh. Producción: New Line Cinema, The Saul Zaentz Company y Wingnut Films. Guión: Philippa Boyens, Peter Jackson, Stephen Sinclair y Frances Walsh, en una adaptación de la novela homónima de J.R.R. Tolkien. Fotografía: Andrew Lesnie. Dirección artística: Grant Major. Montaje: D.Michael Hornton. Música: Howard Shore. Duración: 179 minutos. Intérpretes: Elijah Wood (Frodo), Ian McKellen (Gandalf), Viggo Mortensen (Aragorn), Sean Astin (Sam), Liv Tyler (Arwen), Billy Boyd (Pippin), John Rhys-Davies (Gimli), Dominic Monaghan (Merry), Orlando Bloom (Legolas), Christopher Lee (Saruman), Miranda Otto (Éowyn), Brad Dourif (Grima Lengua de Serpiente).

 
Miradas de Cine © 2002

Caminando hacia la sombra

Éramos muchos los que esperábamos impacientemente que esta semana de diciembre llegase, y con ella la ansiada segunda entrega de la versión cinematográfica de El Señor de los Anillos. Pese al visionado del impresionante trailer promocional, que anunciaba una segunda parte tanto o más espectacular que la primera, algunos no podíamos evitar sentir cierta inquietud ante el temor a una decepción. Pero ha vuelto a suceder lo que ya ocurrió hace un año, cuando ante la excelente primera parte los exigentes seguidores de Tolkien casi no llegábamos a creer que una adaptación tan difícil pudiera haberse llevado a cabo de manera tan acertada.

El Señor de los Anillos es uno de los libros sin duda más leídos y admirados de toda la literatura occidental. Se han escrito ríos de tinta sobre Tolkien y su universo de la Tierra Media, sobre su increíble capacidad inventiva que rebasaba cualquier intento de encontrar incoherencias narrativas en su obra. Tolkien ha sido sin duda un genio para muchos, entre los que me incluyo, pues no sólo consiguió inventar una Historia, una mitología, incluso un lenguaje propios, sino que el mérito mayor residió en realizar una obra intemporal, adaptable a cualquier época y cualquier contexto. Las historias de Tolkien, -no sólo ya aquella referida a la del Anillo de Poder-, encuentran miles de interpretaciones, lo que el mismo autor denominaba "adaptabilidad". Tolkien luchó siempre contra una visión unilateral de su obra. Defendía que sus libros no se erigían en una alegoría de nada, refiriéndose a la interpretación que ha acompañado muchos años la novela como una transposición de la mayor barbarie de poder que la Humanidad ha sufrido a lo largo de la historia, el nazismo, y que el autor lamentablemente vivió de cerca. Otras interpretaciones, igual de simplistas convinieron sin duda a los partidarios del occidentalismo en el desarrollo de la Guerra fría, aprovechando el hecho de que Mordor se encontraba "en el Este". Pero los años han ido descubriendo que lo que Tolkien realizó fue una obra universal, aplicable a cualquier situación histórica y sobretodo humana, pues el libro trata ante todo de la naturaleza del hombre y del amor a la Tierra como patria de todos los seres vivientes, en un alegato pacifista de unión de los pueblos contra la opresión y la pérdida de libertad del individuo.

Trasladar una obra tan compleja como El Señor de los Anillos a la gran pantalla siempre se consideró algo imposible de realizar, y el único intento fue la versión animada de Ralph Bakshi, que, pese a convertirse en película de culto, se quedó en una única y parcial tentativa cinematográfica. La dificultad de una adaptación con imagen "real" no se encontraba tan sólo en la enorme y complicada tarea de ambientación y recreación de la Tierra Media y sus habitantes, sólo subsanable con el desarrollo de los efectos visuales, sino sobre todo, en la complejidad de la historia narrada, en la cual, pese a haber un hilo argumental considerado como principal, -la aventura de Frodo y el Anillo- se encontraban innumerables tramas que no eran realmente secundarias, puesto que complementaban y alimentaban la anterior constituyendo una única historia global. ¿Cómo extrapolar al lenguaje fílmico toda esta maraña de historias, situaciones, presentes y también pasadas, que el libro narraba no sin cierta dificultad para el lector? ¿Cómo condensar en un film todo este universo sin caer en la simple reducción de datos que hubiera destruido por completo el espíritu de la obra de Tolkien? Estaba claro que era una empresa imposible para un único film, y así lo defendió el neozelandés Peter Jackson ante Miramax cuando los directivos de esta compañía americana accedieron a la adaptación con la condición de que fuese una única película. Por suerte, Jackson se negó ante lo que hubiera sido una solución comercial insultante para los seguidores de la gran obra - y para él mismo- y tras recorrer muchos despachos, encontró en New Line el apoyo económico para realizar la que es sin duda la mayor obra épica llevada a cabo en la historia del cine hasta este momento.

La película, al igual que el libro, quedó dividida en tres actos, previstos cada uno de ellos para una entrega anual, y los cuales fueron rodados a la vez durante quince meses -excelente solución y prueba más que irrefutable de la completa confianza que New Line tenía en el proyecto- en tierras del mismo director, la bellísima Nueva Zelanda. Es esta una de las mejores elecciones del film, pues los paisajes de la tierra austral conforman las más impresionantes vistas aéreas que la reciente historia del cine ha tenido el honor de descubrirle al mundo, y con ellas, el amor de Tolkien hacia la Naturaleza queda bellamente representado.

La primera entrega de la saga, estrenada las pasadas Navidades, dejó sin aliento a millones de espectadores, al romper con todos los pronósticos que aventuraban que nunca una película llegaría a plasmar la obra de Tolkien con fidelidad. Si quizás el logro más importante de esta primera parte radicaba en la extraordinaria adaptación del contenido narrativo de la imbricada historia literaria, con la acertadísima adición de un prólogo inicial que situaba al espectador dentro de la Tierra Media y la Historia del Anillo, en la presente segunda entrega, Las dos Torres, el traslado del libro a la pantalla se realiza de manera aún más asombrosamente fiel y al mismo tiempo libre respecto al texto escrito. Este segundo acto era seguramente el más difícil de abordar desde el punto de vista narrativo, puesto que la estructura del libro quedaba literalmente escindida en dos partes, cada una de las cuales relataba hechos que se desarrollaban al mismo tiempo que la otra, pero que no llegaban a conectarse entre ellos. La "comunidad" del Anillo se había disuelto al acabar el primer libro/película, y ahora la historia se desarrollaba en función de dos grandes líneas: la lucha contra el poder de Saruman y el peregrinaje de Frodo y Sam hacia Mordor para la destrucción del Anillo Único. En la primera de ellas, además, discurrían a su vez dos tramas que confluían: la que tenía como clímax la Batalla del Abismo de Helm, y la rebelión de los Ents, ambas contra el poder de Saruman.

La responsabilidad de la adaptación recayó en manos del mismo Jackson, de Fran Walsh, guionista colaboradora del director en sus anteriores filmes y de Philippa Boyens, prometedora guionista neozelandesa que debutaba en el cine con esta obra. En esta segunda parte, los tres guionistas, fervientes seguidores de Tolkien, han demostrado que una buena adaptación no ha de ser en ningún caso una enumeración de hechos narrados en el papel y extrapolados a lenguaje visual y sonoro (que tome buena nota Cris Columbus con su calcada Harry Potter), en el mismo orden y sin ningún cambio, o con tan sólo los necesarios. Jackson, Walsh y Boyens han dado una lección de lo que un buen guionista ha de hacer ante una excelente obra literaria. Enfrentándose a la complejidad espacio-temporal de la historia, y ante la multitud de personajes y situaciones, los guionistas han sabido extraer las que más convenían a un relato cinematográfico coherente, ordenando los dos bloques narrativos de manera paralela y descartando hechos, personajes y situaciones con la finalidad de crear una narración comprensible visualmente para aquellos que conocían la obra de Tolkien y también para quienes se adentraban por vez primera en su mundo. No ha habido reparos en añadir fragmentos o extraer otros, e incluso en intercambiar algunas acciones y diálogos de unos personajes a otros. Así, pese a que muchos en La Comunidad del Anillo echaron en falta una de las secuencias más largas y bellas del libro, el encuentro de los hobbits con Tom Bombadil, otros han sabido reconocer que este fragmento era sin duda descartable, pues aun siendo de gran belleza literaria, no aportaba gran cosa a la narración principal del Anillo. Por otro lado, la muy criticada historia de amor entre Aragorn y Arwen, sólo insinuada en el libro y bastante desarrollada en la versión cinematográfica, -y más en esta segunda entrega-, aunque responda seguramente a intereses comerciales, y pueda quedar como añadido superfluo a la historia, los guionistas al menos no la dejaron a su invención, sino que la escribieron partiendo del relato narrado por Tolkien en uno de sus "Apéndices". Muchas de las aportaciones y cambios de la adaptación de Las Dos Torres son sin duda alguna aciertos que enriquecen aún más la historia, aunque el romance anterior no sea uno de ellos. Por ejemplo la participación de los Elfos en la batalla del Abismo de Helm, inexistente en el libro y que con su osada inclusión en el relato consigue funcionar y otorgar mucha más fuerza a la lucha contra el Poder de Saruman. También el poder del Anillo sobre Frodo es mucho más potenciado en la versión cinematográfica que en el libro y aunque el encuentro del hobbit con el Nâzgul alado no funcione y cree ciertas incoherencias narrativas, hay a este respecto escenas de gran belleza que en la novela no existían, como la caída de Frodo en la horrible Ciénaga de los Muertos, símbolo inequívoco de la presencia de la muerte a lo largo de toda la historia o la continua preocupación de Sam por el cambio que el Anillo opera en su amado amo, acierto sin duda que enriquece y da fuerza a la transformación del personaje principal. No obstante, hay que decir que pese a la excelente adaptación general, alguna secuencia pierde fuerza ante el libro, como la que narra la rebelión de los extraños y asombrosos seres-árboles Ents, triste alegato de Tolkien contra el maltrato a la naturaleza, y que no consigue demasiada fuerza en la película (quizás por una excesiva concesión a la comicidad) pese a la belleza de los efectos visuales.

Los personajes son el eje de toda la historia, y uno de los elementos principales de la adaptación fílmica. Pese a que la obra se pueda resumir en la legendaria lucha del Bien contra el Mal, ésta no se reduce a una simple división entre buenos y malos. El poder y la ambición no son patrimonio exclusivo de los partidarios del Señor Oscuro, sino que otros han de librar en algún momento una batalla contra sus propias conciencias y contra la tentación que el Poder ejerce en ellos, como ya pasó con Boromir, Bilbo, Gandalf y Galadriel en la primera parte, y ahora con Théoden, Faramir o el mismo Frodo. De este modo, los personajes son enormemente complejos, no sujetos a una definición unidimensional que haría perder cualquier interés y credibilidad sobre ellos. De entre todos, el mejor adaptado y que consigue llevarse de calle con su simple presencia a los demás en esta segunda entrega es sin duda Gollum/Sméagol. Este personaje es con mucho lo mejor de Las Dos Torres pero no tan sólo por el increíble trabajo de efectos especiales que los animadores y dibujantes de Weta Digital consiguieron, sino sobretodo por la impresionante caracterización psicológica del personaje. La complejidad de sus diálogos y el excelente desarrollo su doble personalidad, en la que los vestigios del hobbit que fue chocan contra la maldad y el odio que siente hacia todos los que considera causantes de su desgracia, se unen a una excelente interpretación de Andy Serkis, sin la que el personaje nunca hubiera sido lo mismo. Gollum es un ser fascinante, de enorme peso en la narración y en la historia del Anillo, que provoca al mismo tiempo repulsión y compasión, pero por encima de todo un inevitable sentimiento de comprensión hacia su naturaleza y los pensamientos que lo atormentan. Esta extraña empatía es sentida con amargura por Frodo, para quien Gollum es el reflejo de lo que él mismo puede llegar a ser si sucumbe a la oscura atracción de su carga.

Del resto de personajes, cabe destacar de nuevo los excelentes papeles de Ian MacKellen como Gandalf y de Viggo Mortensen como Aragorn. Elijah Wood mejora ciertamente su interpretación en esta segunda parte, y esperemos que en la última entrega consiga hacer crecer a su personaje Frodo al nivel que la obra sin duda le exige. La intervención añadida de Kate Blanchet (Galadriel) y Hugo Weaving (Elrond) ayudan a crear una unidad entre las dos partes, recordando la importancia que estos dos personajes tienen en la historia del Anillo.

En Las Dos Torres, al igual que en su predecesora, se muestra uno de los más impresionantes trabajos de ambientación conseguidos hasta el momento. La difícil extrapolación del universo de la Tierra Media roza la perfección con una cuidada fotografía de Andrew Lesnie, que consigue escenas de una belleza estética incomparable, como la comentada de la Ciénaga de los Muertos, o el increíble desarrollo de la Batalla del abismo de Helm, en la que se conjugan magistralmente las imágenes reales y la perfecta coreografía de actores de carne y hueso con la incorporación de los sin duda mejores efectos visuales vistos hasta ahora. Cabe destacar al respecto la escena inicial de la lucha de Gandalf contra el Balrog, otro de los aciertos de la adaptación del film, pues su situación al inicio de la película retoma la escena central de la primera parte y hace recordar en un momento todo lo acontecido en ella, sin recurrir al pastiche que hubiera supuesto una puesta en situación a través de un resumen visual o sonoro, para nada necesario, pues cada parte no es independiente de las demás, sino que la obra, como el libro, está creada para su disfrute en continuidad. Las Dos Torres es un segundo acto, una segunda pieza dentro de una obra de tres, y por ello comienza como suspendida en el aire, con una especie de "…como decíamos…" inicial y un "…continuará…" final, que no necesitan ningún tipo de nexo, pues por sí sola encaja perfectamente en la obra final. Para la tercera parte queda la secuencia final del libro segundo, aquella en la que Frodo y Sam se introducen en Mordor a través de la entrada hacia Cirith Ungol, y que al final de Las Dos Torres es genialmente anticipada con la alusión maléfica de Gollum hacia una misteriosa "Ella" y cuyo cierre es un inquietante travelling ascendente que deja ver el oscuro Mordor en el que los dos hobbits encontrarán su destino.

No hay que olvidar la banda sonora de Howard Shore, músico con una extensísima carrera cinematográfica, cuyas colaboraciones más destacables hasta el momento han sido las realizadas para David Cronenberg (El almuerzo desnudo, Inseparables, o Crash por citar tres de sus trabajos conjuntos), o para Jonathan Demme (ej. El silencio de los corderos) o el mismo Tim Burton (Ed Wood). Shore realiza una inquietante música muy de acuerdo con la atmósfera del film, con piezas de auténtico deleite, entre las que se encuentran las maravillosas "Foundations of Stone" o la bellísima "Evenstar". Hay que mencionar, hablando de música, la acertada elección y adaptación para el tráiler de distribución de la película de la obra "Réquiem for a Dream", compuesta originalmente por Clint Mansell para la banda sonora del film homónimo de Darren Aronofsky, y que ya consiguió con ello erigirse como una de las piezas más inquietantes y bellas de la música cinematográfica reciente. La adopción de esta pieza para el trailer con el que Aurum presentaba la película fue todo un acierto, pues la orquestación de los sonidos electrónicos originales la convirtió en ideal para reflejar el espíritu épico de la nueva entrega.

Las Dos Torres, como segundo capítulo de una obra en tres actos, tenía que cumplir con la difícil tarea de mantener como mínimo el listón a la misma altura que La Comunidad del Anillo lo había dejado. Y no sólo lo consigue, sino que con el extraordinario trabajo de adaptación, tanto narrativa como visual que el equipo a las órdenes de Peter Jackson ha realizado, se erige de momento como la mejor de las dos partes, aunque la primera siga siendo muy buena. De nuevo la acción queda congelada, pero ahora ya lista para llegar al clímax final. La tercera entrega, si los pronósticos no fallan, promete ser digna de un año de espera. Esto es cine con mayúsculas: industria, entretenimiento, pero sobre todo, arte y calidad por encima de todo. Siendo así, poco importa el merchandising.