| TRECE CAMPANADAS, de Xavier Villaverde |
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Lo que pudo haber sidoEs difícil catalogar la película que nos ocupa dentro de un genero particular. Si bien es evidente que Trece Campanadas no es una comedia ni un musical, el film de Villaverde bascula entre el trhiller más convencional de los años noventa y un relato fantastico (fantasmagórico) que junto a unas, por desgracia, pequeñas reflexiones sobre la locura del genio, la obsesión de un artista por su obra, forman el esqueleto argumental de la película. Con un prologo que hace que la película empiece como un verdadero terremoto, las historia nos cuenta como Jacobo, hijo de un escultor, presencia el asesinato de su padre a manos de su madre. Elipsis y se activa la película, han pasado 15 años y Jacobo vuelve a Santiago de Compostela para ver a su esquizofrenica madre. A partir de la vuelta de Jacobo a su tierra natal, Villaverde, basándose libremente en un relato del gallego Suso del Toro, tan de moda estos días por su nuevo libro Nunca Mais, compone una narración sobria, sin demasiadas complicaciones y filmando a sus personajes muy de cerca -los primeros planos abundan en la película- un acercamiento del que se sirve para mostrarnos como el miedo sobrenatural se convierte en un miedo real y palpable. Porque a mi juicio, es en esa dualidad entre el miedo a un peligro que existe realmente, que es palpable y la pura imaginación enfermiza, donde reside el encanto de la película. Nunca estamos del todo seguros si es esquizofrenia lo que sufre Jacobo o realmente existe el fantasma de su padre, a pesar que Villaverde lo muestra desde el principio en la mejor tradición hitchcockiana. Ya que es mediante la puesta en escena donde no engaña, sino que va mas allá y siembra una duda en el espectador, nos lo muestra pero a los cinco minutos hace que nos replanteemos si lo que hemos visto era real. Cosa que realmente se agradece ya que es ese hecho el que hace que se mantenga el interés para la resolución de la trama. Una puesta en escena que sigue el ejemplo reciente utilizado por Peter Jackson en El señor de los anillos: Las dos torres que nos mostraba la dualidad de la personalidad de Gollum utilizando planos y contra planos del personaje que si bien en un principio podían ser desconcertantes narrativamente, dramáticamente funcionan a la perfección y demuestran que con elementos puramente cinematográficos se pueden expresar infinidad de cosas. Con un Luis Tosar en estado de gracia, son las interpretaciones las que hacen creíble la película en los muchos momentos en que el relato tira en exceso de los elementos sobrenaturales y flirtea peligrosamente con los malos films de terror que en los últimos años nos llegan de Hollywood (Cfr. La primera secuencia en la que aparece Tosar o la que se desarrolla en el taller). Pero más allá que la película acierte en el planteamiento a nivel de dirección, lo que para mi falla es la trama argumental. Lo que hay, Villaverde a lo solventa con nota alta (la secuencia de la discoteca es realmente brillante) pero el guión contiene demasiados altibajos que se convierten en escollos insalvables. Parece que la locura justifique cualquier acción de los personajes y hace que muchas secuencias sean redundantes o lo que es peor, incompletas para que por ejemplo, acabemos de comprender que es lo que mueve a un artista a llegar a un estado de obsesión enfermiza por su obra. Un tema mostrado a grandes rasgos y que desgraciadamente se sacrifica en favor de la historia más convencional en un epilogo tan valido como el que más, pero insuficiente para que el film adquiera mayor dimensión. En definitiva una película correcta, que no engaña, pero que deja con la miel en los labios al espectador por lo que podría haber sido ya que da la sensación que si Villaverde hubiera tenido mejor guión, el no lo hubiera desaprovechado con su planificación. |