Miradas de Cine SPY KIDS 2: LA ISLA DE LOS SUEÑOS PERDIDOS, de Robert Rodriguez   MdC
Cartel de la película
Por José David Cáceres

EEUU, 2002. T.O.: Spy Kids 2: Island of lost dreams. Dirección: Robert Rodriguez. Productores: Robert Rodriguez, Elizabeth Avellan. Producción: Dimension films. Guión: Robert Rodriguez. Música: Robert Rodriguez, John Debney. Fotografía: Robert Roriguez. Montaje: Robert Rodriguez. Diseño de producción: Robert Rodriguez. Intérpretes: Antonio Banderas (Gregorio Cortez), Carla Gugino (Ingrid Cortez), Alexa Vega (Carmen Cortez), Daryl Sabara (Jury Cortez), Steve Buscemi (Dr.Romero), Mike Judge (Donnagon Giggles), Danny Trejo (Uncle Izzy "Machete" Cortez), Cheech Marin (Felix Gumm), Alan Cumming (Fegan Floop), Bill Paxton (Drinkin Winks).

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El divertido juguete de Robert Rodríguez

El director mexicano Robert Rodríguez, famoso en su momento por la curiosa El mariachi que triunfó en la edición de Sundance en 1993, se ha creado contra todo pronóstico una isla más o menos personal en Hollywood. Un isla casi literal, puesto que es en su propia casa en Austin, la capital de Texas, donde Rodríguez ha realizado tanto la preproducción (guión, storyboard) y la postproducción (edición, efectos visuales, sonido, música) de esta divertida película. Con 34 años ya tiene en su currículo diez películas incluyendo el corto en 16 mm Bedhead y el episodio de la horrorosa Four Rooms (los otros episodios los firman Allisson Anders, Alexander Rockwel y Quentin Tarantino). De todos ellos no conozco el cortometraje ni las inéditas Roadracers y Once Upon a Time in Mexico (ésta, a estrenar durante el presente año).

Después de la horrible Desperado, secuela o remake (según se mire) de El mariachi y tras una más bien insuficiente mezcla de acción y terror con Abierto hasta el amanecer, Rodríguez se recuperó más o menos en The Faculty, un film que afortunadamente sortea el aburrido y manido guión del insufrible Kevin Williamson, gracias al excelente ritmo impuesto por el montaje y a una planificación para nada rancia (como sí lo son la de Wes Craven o del propio Williamson en otros productos Dimension aparentemente parecidos). Para mi gusto no es hasta la posterior Spy Kids cuando Rodríguez consigue el deseado buen equilibrio entre su estilo y las condiciones pactadas con la productora, ofreciendo un delirante y ácido cartoon movie, plagado de elementos agradecidamente bizarre y soluciones visuales muy conseguidas. No obstante, el cine de Rodríguez, que nadie se lleve a engaño, está lejos de ser brillante; mucho más pendiente de la forma que del fondo, a veces irritantemente grosero y efectista, anclado en la elementalidad de unos guiones poco elaborados. No obstante es indudable, incluso en los momentos menos afortunados de su filmografía, que el director de Spy Kids 2 posee un notable talento y su mirada está lejos de resultar autocomplaciente, por mucho que sus inquietudes artísticas no pasen de la búsqueda de mundos imaginarios, situaciones divertidas y escenas visualmente impactantes. A la vista principalmente de sus últimos films su forma de entender el cine, eminentemente como un espectáculo popular y una explosión de imaginación, se acerca extrañamente a una mezcla del George Lucas más entonado y el Tim Burton más lúdico.

Spy Kids 2: La isla de los sueños perdidos a pesar de su condición de secuela y de resultar notablemente inferior al excelente original, se erige entre los mejores momentos de la filmografía de su director y supone, sobre todo, un espectáculo digno y muy entretenido, con una notable carga de guiños que debería hacer las delicias de cualquier aficionado al buen cine fantástico, consiguiendo que el film no se quede en la mera repitición de situaciones y personajes.

La mala leche presente en la primera entrega en el dibujo de las convenciones de la famila americana tiene una acertada prolongación en la figura del presidente, que no parece más que un monigote tontorrón, y en la del empresario tejano de parques de atracciones, interpretado con notable ironía por un acertadísimo Bill Paxton, que concluye el film intentando comprar la isla para construir una nueva atracción en ella con las criaturas que lo plueban… Esa ironía, convertida en caricatura demasiado grosera en ocasiones, también está presente en toda la descripción de la organizacion de espias (cfr. la OSS, cuyas tres iniciales son la base de todas las instalaciones desde el propio edificio central hasta el hilarante despacho del director), en los personajes (cfr. la nueva pareja de spy kids y tío Felix -Cheeh Marin- que se pasa al lado de los malos para evitar que estos le maten), en las escenas de acción (cfr. el enfrentamiento final entre Gregorio Cortez -nuevamente interpretado por Antonio Banderas- y el malo). Nuevamente Rodríguez se ríe del cine acción actual y también de las películas de espías a lo James Bond (con muchísma más gracia, pero también con infinita más invenitva que las propuestas por el inepto y burdo humorista Mike Myers en sus lamentables parodias de Austin Powers).

Mención aparte merecen los guiños antes aludidos como el que rememora a Simbad y la princesa con ese enfrentamiento de los spy kids originales (Alexa Vega y Daryl Sabara como Carmen y Juni, respectivamente) con unos esqueletos (ya se apuntaba en ese diálgo muy divertido entre los críos: en el que Juni exclama "dos esqueletos muertos" y Carmen replica "¿cuándo unos esqueltos han estado vivos?"….) o el enfrentamiento entre las dos criaturas domadas por los spy kids que bien pudiera pertenecer a una pelicula de Don Chaffey. Incluso los efectos especiales tienen algo de los creados por Ray Harryhausen. Y entre lo mejor está ese mad doctor que Steve Buscemi interpreta de manera tan convincente, un especie de híbrido entre el Doctor Moreau y el Dr. Pretorius de La novia de Fankenstein, y también los divertidos esbirros del malo que llevan unos cascos magnéticos que sirven para controlarlos y que recuerdan de algun modo a Burton…

Spy Kids 2 sin embargo no es una película totalmente lograda sobre todo debido a la propia limitación impuesta por el propio Rodríguez, mayor que la vista en los momentos más delirantes de la primera entrega, y no siempre su humor es todo lo sútil que sería deseable. Así la aparación de los padres de Ingrid Cortez (¡qué guapa es Carla Gugino!) no es muy afortundada y hace incidir demasiado en un molesto tono familiar tan bien eludido en otros momentos. También hay gags menos conseguidos, como la cara que se le queda a Gregorio Cortez cuando ve aparecer a los padres de su mujer o el demasiado reiterativo retrato del servicio secreto cubriendo a la hija del presidente…

Pero ninguno de estos aspectos, ni el tono decididamente intrascendente del propio relato, debería ocultar los aciertos de la película y el talento de su director, guionista, productor, diseñador de producción, supervisor de efectos visuales y co-compositor.