| THE RING (LA SEÑAL), de Gore Verbinski |
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Terror, niños y cintas de vídeoMuy a menudo, los aficionados al cine de terror nos preguntamos cuál es el motivo de esta atracción, que mucho tiene, hay que reconocerlo, de sadismo morboso. Según Romà Gubern, la afición hacia este género radica entre otras causas en la absoluta sensación de seguridad que el espectador siente ante la realidad que está viendo(1). La violencia y la crueldad han sido siempre motivos de atracción para la mirada del ser humano, pero a diferencia de la contemplación objetiva de esta realidad, que suele provocar rechazo, indignación e incluso pavor por cuanto tiene de posible para nosotros, la alienación que nos propicia una sala de cine nos permite descargar buena parte de nuestra adrenalina sin la molesta sensación de estar asistiendo a algo que realmente ha sucedido. El cine de terror, como fiel reflejo de los temores y preocupaciones del inconsciente colectivo, ha ido evolucionando a lo largo de los años mostrando en cada época los temas y patrones que mejor la definen. De los monstruos que plasmaban los horrores de la guerra y los impredecibles y acaso incontrolables avances de la ciencia, se pasó con los años a una identificación mucho más cercana de las causas del terror colectivo, haciendo surgir a éstas del entorno cotidiano de nuestras vidas o en el peor de los casos del mismo interior del individuo. Vendrían entonces las posesiones, las locuras, los asesinos en serie o la irrupción de extraños en la vida normal diaria. Todos estos temas tienen su raíz en una serie de ejes míticos, ligados a creencias populares y a temores nacidos en la misma sociedad que los ha creado. Así, uno de los motivos temáticos más recurrentes en este género es el de los niños diabólicos. La combinación entre dos extremos en apariencia inconexos, la inocencia y la crueldad, provocan que la causa del horror sea aún más incontrolable e irracional. Y el cine sin dudarlo se aprovecha de ello como reclamo narrativo en las historias de este género. The Ring es una de estas historias. La actual versión de Gore Verbinski, remake de uno de los éxitos de taquilla más importantes en el cine japonés de los últimos años, (dirigido en 1999 por Hideo Nakata, con guión de Hiroshi Takahasi y basada a su vez en un libro de relatos de Kôji Suzuki), es otra de las historias sobre leyendas urbanas a las que el cine de terror contemporáneo nos ha ido acostumbrando. En este caso, se trata de la historia de una cinta de vídeo, cuyos orígenes y contenido se adivinan sobrenaturales, que provoca la muerte de quien la visiona después de una semana de haberlo hecho. Una reportera, Rachel Keller, en esta versión interpretada por Naomi Watts, prometedora actriz que saltó a la fama de la mano del Mulholland Drive de David Lynch, sigue la pista de esta cinta, y tras el lógico escepticismo inicial, se dará cuenta con horror de que lo que la leyenda urbana preconiza es cierto, y tratará por todos los medios de evitar su propia muerte, la de su hijo y el padre de éste, pues todos han visto el contenido de tan horrible vídeo. Se hace inevitable, cuando se habla de un remake, caer en la tentación de entrar en una comparación entre las dos versiones de la historia. Partiendo del hecho de que Verbinski trabajaba sobre un material ya filmado, -además, hay que decirlo, de gran calidad para el género-, se hacía muy difícil esperar que el resultado en la versión americana pudiese superar a la anterior japonesa. Y realmente no lo ha hecho, pues el terror está mucho más logrado en la original de Nakata. En ésta, había una serie de escalofriantes imágenes que de seguro los que la hemos visto nunca podremos olvidar. Así, la escena final del televisor es para mí una de las más estremecedoras que he visto en todo el cine de terror, y aunque Verbinski haya querido imitarla e incluso mejorarla con algunos efectos especiales añadidos, no ha caído sin duda en la cuenta de que lo que precisamente era aterrador era la sensación de realidad que la escena japonesa desprendía. Otra de las cuestiones a lamentar, es sin duda el hecho de haberle otorgado un rostro a la figura de los pelos largos. No entiendo por qué se ha desestimado la enorme sensación de terror que inspira un ser monstruoso al que no se le puede ver el rostro, el énfasis puesto en unas manos que más bien parecen garras y en el movimiento reptante del cuerpo sobre el suelo. Verbinski, o más bien el guionista Ehren Kruger, autor entre otras, de los guiones de Arlington Road o Scream 3, parece no haber entendido que cuanto más incomprensible, sobrenatural y extraña resulte la figura del antagonista diabólico, cuanto menos se conozca de sus motivaciones y su origen, mayor será el grado de terror y repulsión hacia ella, pues lo diferente es lo que el espectador considera como monstruoso. Existe en el film actual una cierta lucha interna y un pasado desgraciado que de alguna manera "justifican" a la diabólica niña, y esto la convierte en un ser más humano y por tanto menos atractivo en cuanto al miedo que hacia ella se siente. Verbinski y Kruger han querido con su versión redondear mejor algunas escenas, y por ejemplo, la realidad que hay detrás de la cinta de vídeo, y las imágenes que esta misma muestra, son mucho más explicativas y funcionan mejor como piezas de un rompecabezas a reconstruir, aunque con ello se pierda el interesante juego jeroglífico de la versión de Nakata. Hay que reconocer, no obstante, que el guión es bastante más coherente en cuanto a ritmo se refiere y está mucho mejor desarrollado en la presente versión, digamos que mucho mejor "acabado", aunque esto a mi entender no fuese necesario. En la anterior, se daban situaciones dibujadas a medias y el argumento, pese a conseguir mantener en vilo al espectador, sufría de algunas lagunas poco desarrolladas, pero que eran de hecho elementos clave en el misterio de la historia. Así, la secuencia de la isla es mucho más creíble ahora, pese a perder el enigmático carácter de leyenda que la otra respiraba y convertirse más bien en una tétrica crónica de sucesos. También hay que destacar en la nueva versión la incorporación del tema de los caballos, cuyo punto culminante lo constituye una angustiante escena en la que un caballo se desboca y se "suicida" tirándose al mar, no apta desde luego para amantes de los animales. Los personajes son mucho menos interesantes en el film de Verbinski, a excepción hecha, de la excelente Naomi Watts, que otra vez demuestra saber extraer lo mejor de los papeles que interpreta. El niño protagonista (David Dorfman) y el ex de Rachel, Noah (Martin Henderson) pierden casi toda la fuerza dramática que tenían en el film de Nakata. En aquél, los poderes paranormales que estos dos personajes tenían, pese a no ser demasiado interesantes para el guión, al menos otorgaban mayor peso y justificación a sus personajes. En este caso, hay que lamentar de manera especial el papel de Martin Henderson, convertido ahora en un pamplinas del que se intenta sin conseguirlo que sea atractivo con su profesión de vete a saber qué y sus disertaciones sobre el tracking en las cintas de vídeo (era preferible una discreta dedicación a la docencia, ejem ) No quiero con todo esto desmerecer la película de Verbinski. Hay que reconocer que, si no se tiene como referente el film de Nakata, el The Ring actual funciona como una buena muestra de lo que un film de terror ha de ser, coherente y sin fisuras, manteniendo al espectador en vilo a lo largo de todo el metraje. Pese a abundar los desesperantes cappers sonoros y la utilización de sobresaltos visuales y estiramientos temporales para crear mayor suspense, estos elementos son en todos los casos bien utilizados, y no aparecen para nada gratuitos a los hechos narrados. Pero ya he dicho que yo no puedo evitar comparar, y ya se sabe que las comparaciones son odiosas, por lo que hay que decir que en este caso hay que lamentar muchas cosas. No obstante, sin duda el mayor error hay que destacarlo en las dos versiones, y éste se refiere al decepcionante desenlace del guión, quizás lo más pobre en ambos casos, pues el argumento se resuelve mediante un final muy poco consistente e inadecuado con el resto del film. En un momento en el que la crisis creativa en Hollywood es más que una realidad, The ring aparece como otro ejemplo de imitación de éxitos comerciales ajenos, y aunque sería de todos deseable que en vez de gastar tanto presupuesto en emular creaciones de otros, se dedicasen a potenciar guiones propios, tampoco es molesto revisitar, aunque sea a la manera americana, una excelente obra de terror contemporánea. |