Miradas de Cine LAS HORAS, de Stephen Daldry   MdC
Cartel de la película
Por Alejandro Díaz

EEUU, 2002. T.O.: The Hours. Director: Stephen Daldry.
Guión: David Hare; basado en la novela homónmia de Michael Cunningham. Producción: Scott Rudin y Robert Fox. Música: Philip Glass. Fotografía: Seamus McGarvey. Montaje: Peter Boyle. Diseño de producción: Maria Djurkovic. Dirección artística: Mark Raggett, Judy Rhee y Nick Palmer. Duración: 135 min. Interpretación: Meryl Streep (Clarissa Vaughan), Nicole Kidman (Virginia Woolf), Julianne Moore (Laura Brown), Stephen Dillane (Leonard Woolf), Miranda Richardson (Vanessa Bell), Ed Harris (Richard Brown), John C. Reilly (Dan Brown), Charley Ramm (Julian Bell), Toni Collette (Kitty), Claire Danes (Julia Vaughan), Jeff Daniels (Louis Waters), Eileen Atkins (Barbara).

 
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Historia de varios besos

Acabo de leer, en una revista gratuita que se reparte en muchas salas de cine (una de esas publicaciones que va de "objetiva" por la vida, pero que no ahorra calificativos -siempre positivos, claro- a ciertas películas de la cartelera), que Stephen Daldry es la gran esperanza del cine británico, junto a Sam Mendes. No soy de esa opinión, aunque es cierto que Daldry parece seguir, en parte, los pasos de American Beauty, el debut de su compatriota, a juzgar por algunos elementos de su última película. Por ejemplo, el tema de la revelación de una homosexualidad reprimida (por medio de un beso sorprendente en la primera: hasta tres, en la de Daldry), así como algunas estilizaciones de puesta en escena (la secuencia del intento de suicidio en el motel, con el agua irrumpiendo en la habitación, recuerda a la lúbrica lluvia de pétalos imaginada por Kevin Spacey en American Beauty), o la existencia de una última secuencia redentoria (Kevin Spacey embelesado, sin venir a cuento, por la foto de su familia; Julianne Moore declarándose culpable por el "delito" de abandonar a la suya). La diferencia estriba en que American Beauty tenía, entre otras cosas, un guión más abierto, y una puesta en escena (y fotografía) más atractiva que Las horas.

En realidad, Stephen Daldry desempeña aquí un trabajo similar al ejercido con su anterior Billy Elliot. Permítanme ahora, si no es molestia, que recurra a la auto-cita. Esto fue lo que escribí hace un par de años, en un lugar de la Web de cuyo nombre no quiero acordarme, sobre la película del niño bailarín: "El director, nominado al Oscar, por cierto, firma un trabajo bastante feo, por su (ab)uso de los planos cortos (espacialmente hablando), que impiden que las imágenes transpiren, o del montaje paralelo, del que hecha mano con demasiada frecuencia. A esto se suman irregularidades de guión (...)" Pues esto, creo yo (minoría absoluta, según parece), es perfectamente extrapolable a Las horas, aburrida película realizada, a mi modo de ver, con excesivo número de planos, sin sentido del espacio ni del ritmo narrativo, y con unos juegos de montaje tramposos y encubridores de lagunas en la escritura. El guión no consigue conectar convincentemente las tres historias que componen el film, más allá de evidentes trucos (coincidencias en los nombres de los personajes, hacer que uno de ellos lea algo escrito por el otro, o que uno de ellos experimente vivencias similares a las escritas por el otro, etc.).

Dicho esto, vamos a dar un paso más allá: ¿Cuáles son las intenciones de Daldry? ¿O acaso carece completamente de ellas? Suponiendo que la cuestión interese a alguien, y que alguien tenga la paciencia de leer esto, trataremos de arrojar luz sobre el tema. Fijémonos en la mencionada secuencia del intento de suicidio del personaje de Moore (actriz cuya labor es, para mí, lo único que dignifica un poco la película), o en la muerte del personaje de Nicole Kidman, que abre y cierra el film. Esos momentos pretenden grandeza y lirismo, lo buscan denodadamente, explícitamente... Ahora fijémonos en la interpretación de Ed Harris... ¿es verdaderamente un gran trabajo de este estupendo actor? Es interesante observar cómo filma Daldry a dicho personaje, hurgando en su situación de enfermo terminal, y dedicándole sensacionalistas primeros planos con ojos vidriosos...

A propósito de la resolución del suicidio del personaje de Harris, al que Daldry concede un espectacular discurso y una efectista (con montaje de varios planos) caída al vacío, se me viene a la cabeza aquel instante de Código desconocido en el que Michael Haneke, su director, jugaba con los espectadores al enfrentarles con una secuencia construida a base de montaje, en la que un niño estaba apunto de caer desde una fachada. Haneke hacía consciente al espectador de que acababa de ser vilmente engañado mediante la misma técnica que Daldry intenta hacer pasar por válida. En otro momento de Las horas, asistimos a una secuencia campestre y bucólica, con niños jugueteando, y un pajarillo muerto. Esta secuencia bien podría extraerse de los trabajos más preciosistas de José Luis Garci, con la diferencia de que el director de El abuelo la hubiese rodado con mayor "clasicismo", aunque con similar superficialidad. Garci es, por cierto, un director que parece concebir sus trabajos recientes con el objetivo de agradar a los sectores más ancianos de la Academia americana, y que ha reconocido que uno de sus sueños es poder competir algún día en las categorías generales de los premios Oscar.

¿Qué busca Daldry, entonces? No estoy del todo seguro, pero si se trataba de una reflexión sobre el arte a través de la figura de Virginia Woolf, no la veo por ningún lado. Si acaso veo breves apuntes sobre la actividad artística, pero no más profundos que los que pueda contener, sin ir más lejos, 8 Millas, la película protagonizada por Eminem. El retrato de Woolf consiste, básicamente, en copiar sus características físicas y en provocar que dicho personaje escenifique externamente sus inquietudes de modo aparatoso (como retrato de un artista, Las horas sería la antítesis de un film como El sol del membrillo, de Erice). No hay retrato psicológico profundo, sólo llamativas poses y actitudes de "rebeldía artística". Todo visible, todo exteriorizado, todo tal y como se espera. Y lo siguiente es un hecho irrefutable: Yo no he leído nada escrito por Virginia Woolf. Podría achacar la culpa de ello a mi condición de ser un humano fruto de la era audiovisual, pero no lo haré, ya que pienso que este lamentable desconocimiento es tan sólo responsabilidad mía. Pues bien, a raíz del visionado de Las horas, no ha aumentado mi interés por conocer la obra de Woolf, ni tampoco creo haber llegado a conclusión alguna sobre las características de su arte y el de sus compañeros de generación. Me he quedado como antes de verla, con un par de datos biográficos (que puedo consultar en cualquier enciclopedia), y nada más.

¿Era eso lo que quería Daldry, soltar datos biográficos, sin más? ¿O hay otras intenciones en su modo de afrontar la realización? La película dispone de muchos elementos significativos: Adopción de ropajes de obra adulta, seria y reflexiva; tratamiento naftalínico de asuntos socialmente comprometidos; actuaciones muy vistosas; personajes enfermos de SIDA, o enfermos de autocomplacencia; y lágrimas, muchas lágrimas... e, incluso, lágrimas de Meryl Streep, que siempre son de mayor "alcurnia". Y he aquí el segundo hecho irrefutable de mi argumentación: Estos elementos no han frenado precisamente la carrera del film por lograr un buen lote de nominaciones a los Oscars (como American Beauty en su día), y algunos reconocimientos en la Berlinale, sin duda el más conservador de los grandes festivales europeos.

También puede ser, de hecho es muy probable, que los responsables de Las horas tengan unas ocultas pretensiones artísticas que no puedo descubrir. En todo caso, el lector sabrá disculpar la limitada capacidad de observación de este humilde cronista, al que no le ha gustado una película muy bien considerada por casi todo el mundo. En "Miradas de cine" nunca hemos pretendido aleccionar a nadie; ése es mi consuelo.