| LA PRUEBA , de Roger Donaldson |
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Aprendiendo a ser espíaProponía con agudeza Alejandro Diaz en estas mismas páginas en su comentario sobre Ghost Ship una suerte -eso si que sería suerte- de reseña estándar para un determinado tipo de films -El caso Bourne, El cuarto ángel- que ahorre a críticos y espectadores el tener que escribir y leer respectivamente sobre ellos. Y este nuevo thriller de la industria de Hollywood protagonizado por Al Pacino y Collin Farrel, dirigido por Roger Donaldson, un habitual (y gris) manufacturador de productos al uso, a partir de un guión de Roger Towne, Kurt Wimmer y Mitch Glazer, titulado en España La prueba, aunque su titulo original es El recluta (The Recruit), se ajusta perfectamente a esa deseada reseña. El punto de partida de La prueba recuerda a la reciente xXx: un civil que ha demostrado grandes dotes en un campo concreto -la seguridad informática en el caso de La prueba, los deportes de alto riesgo en xXx- es reclutado por un cazatalentos de los servicios de inteligencia americano; en ambos films hay un proceso de instrucción, más detallado en La prueba, más efectista y espectacular en xXx; en ambos el protagonista, el bueno tendrá que ponerse en contacto con la chica para lograr descubrir / desenmascarar / destruir un objetivo determinado. La diferencia esencial (y aparente) entre ambas películas es que en xXx se percibía cierta ironía y desenfado cercana, en parte, a los Bond films y en el film de Donaldson es todo más serio, más comprometido y pretendidamente más melodramático. Empero es igual el envoltorio pues el infierno es el mismo. La prueba es una película soporífera, llena de una muy discutible ideología y moral, parca en sus imágenes, de argumento trillado y obtuso, y cuyos tres personajes centrales (el bueno, la chica y Al Pacino) no son más que "arquetipos desdibujados, ni siquiera llegan a la categoría de estereotipos. Son como fantasmas carentes de vida, de alma, de carne" (1). Nada interesa de lo que nos cuenta el film, primero porque los personajes resultan indiferentes, sin inspirar ningún sentimiento, positivo o negativo, segundo porque el film se detiene de manera escandalosa en la instrucción de los reclutas para formar parte de esa horda de espías que Estados Unidos tiene para defenderse de sus enemigos. De algún modo -sugestionado y/o sensibilizado tal vez por la actual situación en el Golfo Pérsico-, la impresión que personalmente he tenido al ver este largo episodio del film es totalmente negativa, con momentos tan espinosos y desafortunados como la presentación que el instructor jefe, Burke (Pacino), hace del programa de adiestramiento, estableciendo un alucinante paralelismo entre la CIA, la justicia y el bien; las continuas referencias paramilitares; la complaciente y repugnante referencia al heroísmo de los espías; y el propio tono deshumanizado / convencional de la puesta en escena (da mucha pena pensar que alguien deba ser humillado solo como entrenamiento para su futuro trabajo -¿quién en su sano juicio puede aceptar eso?-, pero mucho peor resulta comprobar que en pantalla todo está filmado de igual forma ). La prueba, se supone no obstante, es un thriller pensado en el fondo como un sencillo entretenimiento que a partir de elementos más o menos reconocibles pretende componer un relato intenso, sorprendente y atractivo. Desgraciadamente no es así y a partir de que finaliza la instrucción, la historia, partiendo de esos elementos reconocibles, sigue sin interesar -si bien el film se hace más soportable-, no sólo por la vacuidad de los personajes, también porque todo parece impostado, nada resulta creíble -lo que no se comprende es como se lo parece al pobre Collin Farrel- aunque es predecible; por su parte la parquedad expresiva del film ahoga continuamente momentos que potencialmente podían haber dado bastante más de sí (cfr. la incursión del personaje de Farrel en el departamento de ciencia y tecnología, la persecución en el metro, la penosa resolución del film ). De nada vale algún apunte parcialmente interesante como la relatividad de la verdad y la absoluta desconfianza existente en ese mundo, puesto que rápidamente se convierte en un juego más que divertido, pesado. Tampoco se tiene la delicadeza de incorporar un macguffin y se prefiere dar la impresión de seriedad e importancia con una aplicación informática, deseada por los enemigos de Estados Unidos, que al final demuestra la necesidad de la existencia de instituciones como la CIA, que sirven para mantener la paz (¡qué cinismo! Por supuesto no se plantean cuestiones como de dónde parten esas herramientas y con qué fin se construyen ). Al final se comprueba como La prueba no está tan lejos de engendros de la calaña de Spy Game o Peligro inminente, films que de alguna manera ponen de manifiesto que en ocasiones el fin justifica los medios y cuyo interés desde un punto de vista estrictamente cinematográfico es completamente nulo. (Desafortunadamente no he conseguido, como en principio era mi intención, confeccionar una especie de borrador de la reseña estándar aludida al inicio de estas líneas. Aún no sé si lamento más mi fracaso que el visionado de esta olvidable película ). (1) Alejandro Díaz en su reseña de El caso Bourne aparecida en MdC (ver temas relacionados). |