| MI VIDA SIN MI, de Isabel Coixet |
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Cosas que siempre quise hacer y nunca hiceEl otro día mantuve con un amigo una amena y escatológica conversación que versaba sobre las enfermedades víricas. En realidad, yo al no ser ningún experto en la materia, más bien escuchaba, y él, biólogo, me habló, entre otras, de una bacteria cuyo nombre ni siquiera voy a molestarme en intentar recordar, que era la causante de la peor infección hospitalaria que puede darse: la gangrena gaseosa. Yo, en mi afán por conocer, le pregunté en que consistían los síntomas, y me dijo que lo primero eran unos gases terribles, entonces le dije que yo últimamente tenía muchos gases. No, pero huelen muy mal, me dijo. Vaya novedad, pensé. Y además se te ponen los huevos (sic) como un balón de fútbol. Afortunadamente el tamaño de mis genitales es aún normal así que mi preocupación no fue a mayores, pero sirva la anécdota para apuntar que en ciertas ocasiones, aunque no me considero una persona hipocondríaca, me da por pensar en si ciertos dolores que me invaden no serán producto de un tumor y en ese momento me quedasen unos días de vida, y en un exagerado acceso de egocentrismo, sigo pensando, ¿podrían superarlo mis seres queridos?, ¿Qué rumbos tomarían el curso de sus vidas, que en el fondo son la mía?, no es que no me importe morir, pero teniendo en cuenta que en cien años todos tendremos la misma sonrisa, quizá no sea tan extraño ponerse a pensar en los demás en un momento como ese. Casualmente esto es exactamente lo que le ocurre a la protagonista de la nueva película de Isabel Coixet: se da cuenta de eso que todos sabemos y que tan frecuentemente solemos olvidar, que en este mundo solo estamos de paso, y que hay muchas cosas que siempre ha querido hacer y que por diversas razones, la mayoría de ellas seguramente insuficientes, aún no ha podido, o no le han dejado, o simplemente no se ha propuesto realmente, realizarlas, pero se da cuenta ahora, cuando el tiempo se acaba de una forma tan injusta como irreversible. Dentro del anodino panorama del cine español, resulta muy gratificante encontrar a directores que se propongan contar una historia logrando de algún modo que pueda transmitir sentimientos al otro lado de la pantalla. Parece una tontería pero es que para mi gusto la mayor parte del cine que se hace en nuestro país no pretende nada de eso, de hecho la mayoría de las veces ni siquiera sé lo que se pretende. Gente como Medem, Almodóvar, o el propio Garci, por poner algunos ejemplos representativos, con mejores o peores resultados, lo intentan siempre y por lo general el hecho de que logren o no su propósito depende del espectador con el que se den de frente. Seguramente todos conozcamos casos de gente que odia y de gente que ama el cine de cada uno de los tres directores anteriores e incluso puede que algún moderado, pero pocos que se muestren indiferentes ante sus películas. Dentro de su corta filmografía (cuatro películas en dieciséis años) podemos encuadrar a Isabel Coixet en este particular grupo de directores; ya dio buenas pruebas de ello en su segundo film, Cosas que nunca te dije, del que encontramos bastantes ecos, quizá demasiados, en esta su nueva película, como por ejemplo esas lavanderías que sirven como punto inicial de las relaciones de los protagonistas, o el hecho de grabar en cintas, ya sean de audio o de vídeo, mensajes para otros que por una u otra razón no pueden decirse a la cara, una peluquera un poquito sosa, una compañera de trabajo algo peculiar, e incluso Ann y Don, el nombre de los protagonistas. A pesar de que sus historias desprenden una profunda melancolía, y muy particularmente esta Mi vida sin mí, la historia no está trazada de forma pesimista, sino todo lo contrario, encontramos a la vez un mensaje esperanzador que hace que salgamos del cine con una paradójica sensación, sin saber si reír o llorar o ponernos a intimar con la guapa y desconocida muchacha de la butaca de al lado ; bueno, ya es hora de asumir que ese tipo de cosas sólo le ocurren a Tom Cruise, George Clooney y otros pocos elegidos y seguir con la película, que siempre me pasa lo mismo. El guión, que también es obra de la directora, basado en un relato de Nancy Kincaid, da muestras de un gran talento para la comedia aunque sólo sean chispazos eventuales y en ningún momento termine por decantarse hacia ese lado (algo que por otra parte no cuadraría del todo bien con el tono de la película), como cuando la protagonista elabora la tópica lista de cosas que hacer antes de morir con algunas divertidas inclusiones, y además algunos particularmente visuales, cuando le pregunta a una enfermera si sabe lo que es esperar sola en la puerta del colegio mientras las demás niñas se van con sus madres, o en la "musical" escena del supermercado. Pero de momento, parece seguir empeñada en contarnos historias tristes, a pesar de ese enfoque optimista del que hablo. Hay que destacar por encima de todo el sensacional trabajo de los actores, todos en general, tanto el de la preciosa protagonista Sarah Polley, que en un papel nada fácil nos muestra con realismo un enorme abanico de conmovedores sentimientos haciendo de su papel un personaje real, como el de todos los secundarios, Leonor Watling que da vida a la vecina de Ann y posible futura esposa de Don, Maria de Medeiros que interpreta a la peluquera, Mark Ruffalo encarnando al enamorado Lee, la veterana Deborah Harry en el papel de la madre de Ann, y sobre todo la genial, aun dentro de la brevedad de su papel, Amanda Plummer. Son el guión y las magníficas interpretaciones los pilares fundamentales sobre los que la película se sostiene; sobre la dirección en sí, decir que hay muy buenas ideas visuales y algunas escenas excelentemente planificadas, como por ejemplo la de la entrevista con el doctor y el plano fijo con Ann y Lee dentro del coche escuchando música bajo la lluvia, y sin embargo, otras son a mi juicio estropeadas con la utilización de la cámara en mano sin sentido aparente, o al menos yo no se lo encuentro. Las canciones, tan meláncolicas como la película lo requiere, se complementan a la perfección con la gran banda sonora de Alfonso Villalonga, que ya compuso para Coixet en sus anteriores films, e incluso hay una en italiano, cuyo título desconozco que de vez en cuando vuelve a mi cabeza y no consigo sacarla. Desde luego es más agradable que cuando me ocurre con las de las radiofórmulas. Ahora queda por ver la respuesta del público ante la película. Yo por mi parte espero que alcance el reconocimiento que merece, y que no pase desapercibida como el anterior trabajo de la catalana, A los que aman, o su escasamente distribuida opera prima Demasiado viejo para morir joven. Viene respaldada por El Deseo, la productora de Almodóvar, y se le está dando bastante publicidad. Yo desde luego aprovecho para recomendarla desde aquí, a todo aquel que guste de sentir en el cine, y reflexionar al salir. |