Miradas de Cine THE EYE, de Pang Brothers   MdC
Cartel de la película
Por Alejandro Díaz

Hong Kong, Singapur, Tailandia y Reino Unido, 2002. T.O.: Jian gui. Director: Pang Brothers. Guión: Oxide Pang Chun, Danny Pang y Jo Jo Yuet-Chun Hui. Producción: Peter Ho-Sun Chan y Lawrence Cheng. Música: Orange Music. Fotografía:Decha Srimantra. Montaje: Decha Srimantra. Dirección artística: Simon So. Duración: 99 min. Interpretación: Lee Sin-Je (Mann), Lawrence Chou (Doctor Wah), Chutcha Rujinanon (Ling), Yut Lai So (Ying Ying), Candy Lo (Yee), Pierre Png (Doctor Eak), Edmund Chen (Doctor Lo), Benjamin Yuen (Señor Ching), Wilson Yip.
Guión: Oxide Pang Chun, Danny Pang y Jo Jo Yuet-Chun Hui.

 
Miradas de Cine © 2002-2003

Malditos ojos

The eye es una nueva película de terror oriental que consigue colarse en las carteleras españolas, pese a tratarse de un film notablemente modesto en su producción, y de ser prácticamente desconocidos sus responsables en Occidente. Los hermanos Pang no son los primeros que lo consiguen: Hideo Nakata acaba de estrenar Dark Water en nuestro país (estreno del que ya dio buena cuenta Sergio Vargas -ver crítica-) y, antes aún, estrenó The Ring, film del que también hemos visto ya el remake americano, dirigido por Gore Verbinski. Por su parte, el japonés Takashi Miike vio estrenado el pasado año Audition, un estupendo trabajo que no estuvo exento de polémica a causa de la dureza de algunas de sus secuencias. Parece que el terror de esas cinematografías lejanas empieza a cuajar levemente por nuestros lares. Esperemos que el ejemplo cunda con todo el cine de Oriente (ese gran desconocido, y no por culpa de los que queremos conocerlo), y que esto no pase de ser una simple moda.

Dicho lo anterior, vamos ya con la película. Es The Eye un film sembrado de irregularidades, y con aspectos discutibles, pero no es del todo despreciable, pues contiene ideas interesantes desperdigadas a lo largo del metraje. La película parece bastante influenciada por el cine de terror occidental, y esto se nota especialmente en la estructura del relato, que sigue el camino habitual de ir in crescendo en espectacularidad, o de la irrupción de un epílogo cuando parece que todo ha terminado (es decir, después del clímax propiamente dicho). También se nota esta influencia en los efectos sonoros, machacones y excesivos en número, y asimismo en la inclusión de planos retorcidos y movimientos de cámara gratuitos. Por otro lado, la elección de intérpretes jóvenes (demasiado, en el caso de los doctores que salen en el film) también parece ser una concesión a la comercialidad, aunque la labor de dichos intérpretes no es nada reprochable.

Lo más jugoso de The Eye está, sin duda, en algunas secuencias e ideas concretas. Por ejemplo la de partida, que nos introduce, tras una presentación en la que los autores nos advierten que nos agarremos a las butacas (sic) -en el más puro estilo William Castle- dentro de la cotidianeidad de Mann (interpretada por Lee Sin-Je), una joven ciega desde pequeña que se somete a un transplante de córneas para poder volver a ver. Lo que ella no imagina es que los ojos que le acaban de implantar correspondían a una persona que podía ver... a los muertos. Ciertamente el argumento no es muy original, pero los hermanos Pang consiguen crear cierta inquietud con su forma de planificar varias de las secuencias "de transición", mucho más que cuando juegan con los efectos visuales (algunos bastante inocentes). La idea de una protagonista con los ojos de otro es de por sí bastante insólita (aunque Spielberg la usó hace poco en su Minority Report), y da pie a un giro muy inquietante, que no revelaré para no perjudicar a quien no haya visto el film. Además, hay que agradecer a los responsables de The Eye haber evitado querer sorprender con el tema de los fantasmas, entre otras cosas porque ello se revela como tarea casi imposible después de El sexto sentido, película que dio todas las vueltas de tuerca que le quedaban por dar al asunto.

Si he de elegir los mejores instantes del film, me quedo sin duda con un par de secuencias angustiosas: La aparición que sorprende a Mann cuando se encuentra aprendiendo caligrafía en presencia de gente que no entiende su comportamiento, momento que, además de sobresaltar, crea gran sensación de impotencia y desazón en el espectador. Y, sobre todo, me quedo con la set-pièce del ascensor, en la que Mann se ve obligada a compartir el elevador con un espectro, y que culminará con la visión del fantasma de un niño. La secuencia, potente, sería redonda de no haber incluido los directores un plano desde el punto de vista del chiquillo-fantasma (y con la cámara girando sin parar, por si fuera poco). Y es que el film, ya lo hemos dicho, no acaba de cuajar por defectos como ése o como la resolución del clímax en casa de la donante de córneas, bastante desafortunada, así como los flashes en blanco y negro que enfatizan los paralelismos entre lo vivido por ésta y lo que experimenta la protagonista. Además, tal y como ha advertido Tònia Pallejà en su reseña para "La Butaca", la música firmada por Orange Music deja mucho que desear, y no aporta nada positivo al film.

Es una pena que tendencias pirotécnicas lleven a un segundo plano una de las ideas más interesantes que hay en The Eye: la de una masa de seres humanos que, inconsciente de su levedad y absorta en sus pequeños mundos, no reflexiona sobre la propia muerte, sobre lo efímero de sus acciones y de su existencia... Una insospechada vertiente filosófica que el film no explota para centrarse en un fin de fiesta solvente (me refiero a la secuencia del accidente de tráfico), pero no muy audaz, en el que la protagonista vuelve a su estado de ceguera fortuitamente. Podría haber sido más aterradora, a mi modo de ver, una resolución en la que, desesperada, Mann decidiese arrancarse sus recién adquiridos ojos por propia voluntad, pero esto hubiese sido, tal vez, un bandazo demasiado violento para un producto con vocación nata de hacerse un hueco en los grandes circuitos del cine comercial.