| EL CAZADOR DE SUEÑOS, de Lawrence Kasdan |
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Demasiado ruidoSería fácil, y aparente, comenzar esta crítica jugando con el título del filme reseñado, dándole la razón, mofándome de manera oportunista diciendo que sí que había cazado mi modorra, que había cansado mi conciencia, que, en efecto, me había echado una cabezadita en la sala oscura. Pero sí alguna cosa no se le puede llamar a la última propuesta del otrora otro Lawrence Kasdan es aburrida. Porque no es ni aburrida ni original sino todo lo contrario. Es la aportación de otro director de prestigio al universo de uno de los autores literario más vendidos del siglo XX y de lo que llevamos del XXI. El universo King es cerrado y reconocible hasta para lo que no somos habituales de sus páginas. Ya sabemos, sobre todo por el cine (de Carpenter a De Palma, de Cronenberg a Rob Reiner, de Kubrick al propio King), que en su imaginario conviven en discordante armonía niños tocados por lo mágico, extraños visitantes, principios de algo, finales más o menos felices, parajes emblemáticos de la América profunda, un sino, un elogio de la diferencia y una advertencia de esta misma: una fácil pero eficiente metáfora conservadora de la realidad norteamericana a través de los ojos de la ciencia ficción y el terror de andar por casa. Lawrence Kasdan y William Goldman parecen que lo han entendido muy bien o que no se han enterado de nada. Porque El cazador de sueños es un batiburrillo irregular y atractivo, un cajón desastre que funciona a ratos y que en otros momentos parece una parodia desvaída de sí mismo y contra sí mismo, una acumulación de tópicos y descubrimientos sobre el miedo y sus precisos mecanismos. Una sátira con verbenero sentido del humor y con romos comentarios pretenciosamente acerados que puede llegar a enfadar al que vaya a buscar al Kasdan conversacional y profundo de Reencuentro, Gran Cañón o Mumford. Ese Kasdan se quedo en casa para hacer algo más normal, más comercial, más a lo que se lleva. Pero por allí apenas apareció. Porque una cosa es ser mediocre como Wayne Wang y esconderse tras colaboradores y subordinados para cultivar un prestigio tan efímero como falso y otra muy distinta es que uno de los que fuera la gran esperanza blanca del cine norteamericano intente rodar el blockbuster del año. Él puede rodar desproporcionados, horrendos y megalómanos errores como Wyatt Earp pero nunca una película mediocre. Él puede garabatear las líneas maestras de uno de los guiones más demenciales de la historia reciente (cfr: El guardaespaldas) pero nunca escribir un libreto de usar y tirar. Pero al igual que todos los directores citados arriba supieron imprimir su impronta, con mayor o menos acierto, a un material aparentemente tan poco dúctil, Kasdan consigue por momentos (contadísimos) hacernos recordar al frío analista de las relaciones humanas, del paso del tiempo y del paso del tiempo en las relaciones humanas. La primera media hora hace albergar esperanzas por el dibujo preciso basado en pequeños detalles de esos cuatro amigos unidos por lo paranormal y por el azar, pero pronto todo se difumina en un "tour de force" interplanetario de tamañas dimensiones pero mediocres resultados. El ansia de introducir demasiado elementos, demasiadas historias paralelas, demasiados tonos y demasiadas subtramas da al traste con un relato con posibilidades. A veces la parodia sobrevuela el absurdo como si fuera un platillo volante. La actuación de Morgan Freeman es un ejemplo de inadecuación a un personaje y a una película, su relación con el siempre eficiente Sizemore está mal esbozada y no se entiende, las imágenes desde dentro del cerebro de Damian Harris son sugerentes pero rompen el ritmo y la estética de todo lo demás, la trama tiene más agujeros que un colador, la aparición final del amigo de la infancia hubiera hecho las delicias de los directores de Agárralo como puedas. Demasiadas alforjas de cemento para un viaje tan largo e inhóspito. Y produce extrañeza porque a pesar del dechado de defectos y contratiempos, El cazador de sueños engancha y, en ocasiones puntuales, fascina. Bueno, fascina no, pero sí que interesa y te mantiene atento en la butaca. Cuando llegan los títulos de crédito uno no sabe que pensar y eso dado el nivel del cine de terror adolescente e idiota que domina en el "slasher" americano ya es algo. |