Miradas de Cine GENERACIÓN ROBADA, de Phillip Noyce   MdC
Cartel de la película
Por Susanna Farréé
EEUU, Francia 2002. T.O.: Rabbit-Proof Fence. Direccion: Phillip Noyce. Guión: Christine Onlsen, basada en la novela homónima de Doris Pilkington. Productores: Phillip Noyce, Christine Onlsen y John Winter. Fotografía: Christopher Doyle. Diseño de producción: Roger Ford. Montaje: Veronika Jennett y John Scott . Música: Peter Gabriel. Intérpretes: Everlyn Sampi (Molly), Tianna Sansbury (Daisy), Laura Monaghan (Gracie), David Gulipilil (Moodoo), Ningali Lawford (Maud), Myarn Lawford (Abuela de Molly), Deborah Mailman (Mavis), Jason Clarke (Constable Riggs), Kenneth Brannagh (A.O. Neville).

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Triste odisea

Tras una sucesión de éxitos en el llamado cine comercial hollywoodiense, entre los que se encuentran Juego de patriotas (1992), El santo (1996) o El coleccionista de huesos (1999), por citar algunos de los más detacados, el director australiano Phillip Noyce vuelve a sus orígenes con una producción que, si bien cuenta con el apoyo de la industria americana, se aleja ahora de las fórmulas del thriller policíaco para adentrarse en un cine mucho más comprometido social y políticamente, del que por otro lado tampoco está exento su film inmediatamente anterior El americano impasible, producida y realizada el mismo año que la presente y que no ha gustado demasiado a aquellos que la consideran abiertamente anti-americana, que desde luego, políticamente hablando, lo es.

Generación robada es un alto en la carrera del director. El guión le llegó a Noyce a través de Christine Olsen, quien también tomaría parte en la producción de la película, y que había quedado fascinada por la historia de la novela de Doris Pilkington. Ambientada en la Australia occidental de inicios de los años treinta del siglo pasado, la historia narra la huida real de tres niñas, Molly (Everlyn Sampi), Daisy (Tianna Sansbury) y Gracie (Laura Monaghan), las dos primeras hermanas en la ficción y la tercera prima de ellas, que consiguen escapar de Moore River, una institución del gobierno que recluye a niños mestizos (hijos de un padre o madre blanco y el otro aborígen) para educarlos según las costumbres de los blancos, y en un futuro reinsertarlos socialmente como trabajadores domésticos al servicio de aquéllos. El método emprendido por las autoridades, cuyo máximo responsable es A.O.Neville (Kenneth Branagh) (llamado por los aborígenes Mr. Devil por la brutalidad de sus actos) traza un horrible plan de erradicación de la raza y la cultura autóctonas consistente en separar a los niños mestizos y mezclarlos con los blancos, de manera que la "tercera raza" que hubiera corrompido según ellos la superioridad de los blancos, se suprimiese con la inserción generacional en la cultura colonizadora. Estos métodos perduraron hasta los años setenta, cuando una conciencia social despertó en Australia y se consiguieron abolir tan racistas prácticas, en favor de la aceptación de la diferencia y la convivencia entre las dos culturas.

La escritora Doris Pilkington, hija de la verdadera Molly Craig, quiso reflejar la historia de su madre en su novela, y con la película de Noyce estos hechos han conseguido definitivamente hacerse patentes y mostrarnos, una vez más, las devastadoras consecuencias que el colonialismo racista británico, al igual que cualquier otro, provocó en la sociedad aborígen australiana. Las tres niñas emprenden su huida hacia el hogar del que han sido arrebatadas, recorriendo para ello miles de kilómetros a pie y siguiendo como referente una valla construida para separar a los conejos que los mismos blancos introdujeron en la isla. La valla metálica separaba la plaga de los conejos del contacto con el hombre, pero a la vez funciona como símbolo perfecto en la película de la separación que socialmente aún perdura entre blancos y aborígenes y de la exclusión racista que la sociedad blanca ejerce contra los aborígenes y su cultura. Triste al respecto es uno de los hechos que el film constata: a los niños que tenían el color de piel más claro les permitían recibir una educación normal y los integraban plenamente en la sociedad, mientras que a los que conservaban su piel oscura los obligaban a educarse de manera impuesta, y los insertaban socialmente más adelante, pero como servidores, como una escoria social inferior. El "no" exclusivo que pronuncia Neville al inspeccionar el color de piel de los niños actúa como detonante para Molly, quien definitivamente comprende que el único lugar para ella y sus hermanas es junto a sus madres, lejos de los que las rechazan como si de una res se tratase. Las niñas son, en la película de Noyce, las heroínas del drama, las únicas protagonistas reales de una tragedia de la que son tristes representantes. Pero ante tal situación, ante un viaje eterno que las marcará de por vida, estos personajes siguen teniendo la edad que les corresponde, y sólo Molly, en coherencia con sus catorce años, comprenderá mínimamente la situación que las envuelve, y empezará a madurar de manera prematura y forzosa. Con ella cometieron el error del secuestro tardío, realizado a una edad en la que Molly ya no olvida sus recuerdos, en la que ya es imposible hacerle creer que su origen es sólo un pasado borroso. A diferencia de ella, los actos y reacciones de su hermana y su prima son inocentes, pues ellas no llegan a comprender el porqué de su huida, y su única motivación ante tan agotador viaje es seguir bajo la protección de Molly y llegar a encontrarse finalmente con sus madres. Ésta es una de las grandes cualidades de la historia, el retrato de una tragedia vivida a través de la mirada de una niñas, sin la pretensión, que sin duda hubiera sido equívoca, de atribuir a estas pequeñas de una madurez no correspondiente a sus años, muy común, por otro lado, como efectivo recurso dramático en otras historias protagonizadas por niños, pero que no hubiese funcionado en un film más interesado por dar una visión más realista.

La realización del film deja en la memoria planos inolvidables, como los de los ojos de las niñas, miradas limpias sobre una sucia realidad que las maltrata y las obliga a vivir una experiencia atroz, o aquellos otros que, como contrapartida, reflejan la expresión de Moodoo (David Gulpilil) el rastreador aborígen que trabaja para los blancos y trata de dar alcance a las niñas, pero que comprende y admira a las pequeñas, alegrándose siceramente cuando pierde su rastro. Este personaje protagoniza una de las tramas secundarias del film, que complementan y refuerzan con maestría el tema principal de la película. Moodoo acepta su trabajo, pese a repugnarle, como única posibilidad de seguir viendo a su hija, secuestrada también por el gobierno y recluida en Moore River, donde él trabaja como "cazador" de las niñas que se escapan. Otra de estas historias secundarias, muestra la situación de Mavis (Deborah Mailman) la criada aborígen de un rancho de colonos, que ayuda y cobija a las pequeñas, pero que es decubierta por el dueño de la casa en una de sus incursiones nocturnas a su cama, y que suplica a las niñas que no la abandonen esa noche para evitar que la violen de nuevo. Mavis representa el probable futuro que el gobierno tiene destinado a las niñas, la triste vida de esclavitud y humillación que se les reserva por su condición.

Noyce filma con sinceridad, mostrando una Australia muy alejada de la tradicional vista de postal que estamos acostumbrados a ver en los films ambientados en tierras antípodas. La Australia que refleja el film es una tierra àrida, desierta, inconmensurable en sus distancias y del todo adversa para un viaje interminable plagado de piedras y bajo un sol cegador que fatiga y ahoga. La fotografía de la película, a cargo de Christopher Doyle, - quien también ha colaborado con Noyce en El americano impasible, realizando un trabajo impecable- consigue recrear y transmitir a la perfección esta idea y así, los planos generales, lejos de mostrar unos cielos límpidos y maravillosamente azules, los excluyen del encuadre para mostrarnos la tierra árida y desierta, dejando la linea del horizonte lo más alta posible, mostrándonos la inmensidad de unas distancias doblemente enormes para las niñas. Junto a esto, los colores se desaturan, como quemados por el sol, y la luz lo llena todo de un calor insoportable, de una sequedad impregnada de polvo y olor a muerte. La realización es bastante acertada, aún cuando quizás Noyce se recree en momentos con el montaje subjetivo, a mi juicio innecesario y accesorio, o a la redundante presencia en algunas escenas de la música de Peter Gabriel, que aunque adecuada y efectiva en ocasiones, sobra del todo en algunas otras.

Pese a estos detalles, hay que reconocer que el film acierta en lo fundamental, en recrear de manera realista, sin falsas incursiones melodramáticas que hubieran destrozado el film, en la desgracia de unas niñas, y por extensión, de una cultura que, al igual que muchas otras, trató de ser aniquilada y anulada por el poder colonizador de occidente. No existe al respecto un cinismo mayor que el de las palabras de Neville: "Los nativos deben ser protegidos de sí mismos. Si comprendieran lo que queremos hacer por ellos…" Justificación absurda por supuesto, que esconde la más brutal y atroz de las crueldades, la aniquilación de la propia identidad.