| X-MEN 2, de Brian Singer |
|
|
||||||||||||||||||
La parada de los mutantesQue ha desaparecido la inteligencia en el cine de acción estadounidense, y por añadidura, a todo su cine comercial, parece un hecho probado, salvo por las contadas excepciones en que uno tiene la oportunidad de seguir asombrándose con películas orquestadas por gente cómo David Mamet, Michael Mann, John Carpenter o Steven Spielberg -que cómo se ve, poco o nada, tienen que ver entre ellos- , la realidad es que el cine blockbuster sólo parece ir creciendo en sus avances digitales y en su posterior triunfo económico en el box office USA (o sea, del mundo). Las míticas action movies han caído en las manos de los productores avispados y han eliminado de ellas todo atisvo de originalidad, centrándose básicamente en la repetición de los cánones existentes en la industria desde que Johnny Rambo salió ileso del film de Ted Kotcheff. Sea cual sea el filón a explotar: cine de catástrofes, adaptaciones de populares cómics, remakes, o puesta a punto de viejas series de TV, la lobotomía autoafligida del mercado cinematográfico de Hollywood, se podría decir que ha contribuido un poco más a que la globalización cultural se extienda por todo el mundo en formatos popcorn y coke light, y aprovechan para enseñarnos los nuevos valores imperantes, por ejemplo, los representados por el Vin Diesel de xXx o Colin Farrell en La prueba. La búsqueda de nuevos talentos en sustitución de las viejas glorias jubiladas -aunque sigan en activo-, tanto directores (William Friedkin, George Pan Cosmatos, Renny Harlin, Richard Donner, John Milius, Peter Hyams, John Flynn, Andrew Davis, Geoff Murphy, Walter Hill o John Irvin), cómo actores (Arnold Schwarzeneguer, Sylvester Stallone, Steven Seagal, Dolph Lundgren, Jean-Claude Van Damme, Kris Kristofferson, Tom Berenger, Carl Weathers, Chuck Norris o Charles Bronson), para poder hacer frente al macroimperio económico de Jerry Bruckheimer y sus acólitos (Michael Bay, Roland Emmerich, Simon West, Dominic Sena o Gore Verbinski). La lucha no es fácil y cómo, de momento, los grandes cómo James Cameron o Paul Verhoeven, sigan por libre, y con John McTiernan y Joel Schumacher haciendo un film bueno de cada cinco, el único frente posible, sería la desequilibrada balanza que conformarían Peter Jackson, los hermanos Wachowsky, Guy Ritchie y... Brian Singer. Tengo que decir, que a falta de conocer su primer film, Public access, la carrera cinematográfica de Singer -de momento escueta, sólo cinco títulos- tampoco me llama mucho la atención, con la salvedad del acertado equilibrio que posee Sospechosos habituales, ni Verano de corrupción, ni X-men, me parecieron obras lo suficientemente completas, si no más bien films irregulares con algunos aciertos aislados, por lo general, siempre apoyados en unas apropiadas interpretaciones. Sin embargo, de todas las adaptaciones llevadas a la gran pantalla desde ese arte underground que es el cómic, he de reconocer que X-men me pareció mucho más interesante que las restantes Spiderman, Men in Black, Daredevil, The Phantom, From Hell, etc... (desde luego el Batman de Tim Burton es un caso aparte), aunque el clímax del film no estuviera a la altura del planteamiento original del mismo. Singer, bajo riesgo de quedarse estancado para siempre cómo el ilustrador de los X-men a la gran pantalla, intenta en esta secuela exponenciar todos los patrones asentados en la primera parte de la saga. Los personajes, las escenas de acción e incluso el calado dramático de la historia, es mucho mayor en este nuevo film, donde un ritmo incesante nos aboca de secuencia en secuencia, en ocasiones acertadamente (cf. El impresionante arranque del film, con el intento de asesinato del presidente de los USA a cargo de Rondador Nocturno o la huida de Magneto de su prisión) en otras, rizando el rizo en exceso, caso particular del clímax del film, que nunca parece terminar. ¡¿No querías clímax?! Pues dos tazas... Al margen de no ser ni un purista de las adaptaciones literarias ni un conocedor del mundo de los X-men, he de reconocer que ignoro con cuanta fidelidad Singer ha llevado a la pantalla sus aventuras. Así que analizando el film cómo un ente individual, este se descubre cómo un entretenido y poco insultante film de gran consumo, con elevadas dosis de adrenalina y bastante mejor calidad que cualquier de las citadas anteriores action movies, X-men 2 es el espectáculo sin grandilocuencia en estado puro, al margen de que el entramado dramático sea lo más risible de la cinta. Seguramente la estupidez humana sea más visible en los conflictos que aparecen cada día en nuestro televisores, que en la lucha xenofóbica de algunos humanos con los mutantes, de ahí que sea mejor olvidarse de las tragedias derivadas de ser un mutante y centrarse, con el disfraz de cuero negro, preparado para combatir el mal de la humanidad. Sea cual sea. Así que cómo el cine, en ocasiones también ha de servir para la diversión, qué menos que poder disfrutar de la socarronería de Ian McKellen y las continuas inyecciones de adrenalina que Singer nos sirve en bandeja. Quizás en X-men 3 por fin los personajes secundarios tendrán mayor calado dramático, por ahora sólo son los efectos que ellos mismos poseen, y... quizás no. Quizás solo sea divertimento, lo cual es de agradecer, mientras sea divertido, claro. |