Miradas de Cine MATRIX RELOADED, de Andy y Larry Wachowski   MdC
Cartel de la película
Por Jorge-Mauro De Pedro

USA, 2003. TO: Matrix Reloaded. Dirección: Andy y Larry Wachowski. Productores: Joel Silver. Guión: Andy y Larry Wachowski. Fotografía: Bill Pope. Diseño de producción: Owen Paterson. Montaje: Zach Staenberg. Música: Varios artistas. Duración: 135 minutos. Intérpretes: Neo (Keanu Reeves), Trinitiy (Carrie-Anne Moss), Morpheo (Laurence Fishburne), Hugo Weaving (Agente Smith), Gloria Foster (El oráculo), Lambert Willson (Merovingium), Monica Bellucci (Persephone), Helmut Bakaitis (El arquitecto), Randal Duk Kim (El hacedor de llaves), Matt McColm (Agente Thompson), Harold Perrineau Jr. (Link), Adrian Rayment (Gemelo Nº1), Neil Rayment (Gemelo Nº2).

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Miradas de Cine © 2002-2003

Más Platón y menos Prozac

Leía pasmado días atrás la masiva deserción de la sala por parte de la crítica movilizada en Cannes durante la proyección de The Matrix Reloaded. Pensaba para mis adentros: "¡qué gente esta! No puede estar tan mal, exagerados... ". ¡Ay, mísero de mí y ay infelices! Apurar, cielos pretendo...

¡Eps!, que conste que yo no abandoné el cine. Nunca lo hago y no por ética profesional u otras mandangas, sino por indisimulado masoquismo. Hasta el final, como un campeón... y eso que tuve que aguantar 20 minutos de anuncios donde se me instaba a comprarme el videojuego de la película, el DVD con sus episodios de animación, beber un líquido isotónico para energizar mi castigado cuerpo de habitante de Matrix

Matrix 2 destapa al completo las limitaciones de los hermanos Wachowski -limitaciones autoimpuestas, pues son ellos y sólo ellos los que han elegido su papel de esclavos de la tecnología, sirvientes del bullet time-, revelando de manera bastante sonrojante una nueva variante -sofisticada pero igualmente zafia- del timo de la estampita versión nuevo siglo.

Si alguien salió de la primera parte creyendo haber descubierto un nuevo y excitante cóctel entre pseudo-ciencia y parasicología cabalista, los efectos secundarios de la "recarga" de Matrix pueden llegar a ser preocupantes: obnubilación y pérdida del equilibrio provocada por explosiones a mansalva, tiroteos imposibles y cámaras desbocadas. Una borrachera que como casi todas las borracheras... acaba provocando somnolencia.

La historia comienza en falso, dando por supuesto que lo que hay entre Trinity y Neo es algo parecido al amor. Claro, todos sabemos que el amor en los tiempos de la neumonía asiática consiste en un polvo rápido mientras decenas de budistas hindúes (si los Wachowski no conocen la diferencia en su politeísta batí burrillo, no seré yo el que les enmiende la plana) te ofrendan oro, incienso y mirra. ¡Qué potito!

Impagable la escena cumbre en las catacumbas de Sión, donde la bienvenida al héroe y su profeta en la tierra termina con un sucedáneo de Love Parade... una orgía sexo-religiosa, una rave desbocada donde las posturitas, los sudores fríos y los saltos -claro, tanta pastilla azul, roja y amarilla... las imprudencias se pagan, amigos- tratan de elevar la temperatura de la pantalla; un videoclip hortera de Mónica Naranjo rodado con bastante menos gracia: tocamientos masivos, pezones enhiestos, culos rampantes y caras de zombis puestos hasta las cejas.

Otro interesante dato sobre esta República Aria de Sión: ¡no existen los feos! La selección natural hecha por Morfeo y los suyos se fundamenta en la supervivencia de los más "aptos": tiarronas macizas, maromos hiper-musculados, viejos con más liftings que la duquesa de Alba... impresionante. "Pasen y vean: Sión, Central del Sonido. ¡Para ti, joven nacional!"

Es en este marco incomparable en el que tiene lugar una de las muchas conversaciones sobre el sexo de los ángeles que jalonan el film. La única sensación que perdura tras escuchar la plática es la vergüenza ajena: me refiero a ese 'peaso' de diálogo para besugos entre Neo y el sapientísimo consejero, donde uno y otro dan muestras de una hondura filosófica sin par. (Vienen a mi memoria esos pasajes sobre la dependencia finisecular de las máquinas por parte del hombre y donde 'el Elegido' pone cara de alucinar en colores ante las explicaciones post-tripi del anciano 'comendatore'.

Muy posiblemente alguien les haya encontrado un significado profundo que ni te cuento, así que no me extenderé en improperios, no vaya a ser que me escriba Fernando Sabater asegurándome que eso es puro Jenofonte, psiquismo natural, fenomenología del espíritu y tal y tal...

El resto del viaje de Neo es un tour de force, un videojuego con media docena de niveles bien ambientados con su musiquita PlayStation. Pelea en escenario a lo Bronx, mamporros en atrezzo con reminiscencias orientales, tunda en pasillos versallescos, persecución en la autopista… el siguiente nivel siempre es ligeramente más difícil que el anterior, aunque uno no sea consciente de ello porque los protagonistas disponen de balas y vidas infinitas. La misma fórmula que todos hemos utilizado alguna vez para acabarnos algún juego, encallados en la trigésimo quinta pantalla, heridos en nuestro amor propio. Es aburrido, pero al menos acabamos sabiendo… eso, cómo acaba.

Toda la película se la pasan hablando de los "objetivos", como si hubiesen hecho un curso acelerado -eso sí, por correspondencia- de estrategia empresarial. Que lo sepas: en esta vida hay que tener un objetivo. Hasta el más tonto de los personajes -y creedme cuando os digo que la película está superpoblada de imbéciles con incontinencia verbal- presume de estar ahí para llevar a cabo su misión y acto seguido… perecer. Un hacedor de llaves que muere a las puertas del Paraíso, un políglota pirrado por el francés como lengua sin par a la hora de lanzar improperios, una Mónica Bellucci recauchutada y embutida en su habitual modelito 'joer-qué-buena-estoy-y-cuántas-curvas-tengo'… los personajes hacen su movimiento en una imposible partida de ajedrez a seis manos y desaparecen. Todos son prescindibles, porque nadie va hacia ningún sitio… a Matrix le falta, justamente, eso de lo que presume: un objetivo.

Y luego eso rollito tan guay que se llevan con la mitología griega. Níobe (1) y Perséfone (2). Pues vale. Lo mismo las podrían haber llamado Clotilda y Mafalda o Adelaida y Segismunda. No, miento: lo griego a los americanos debe de sonarles tope serio; "un respeto, ¿eh? Que ahí tiene que haber 'musha' cultura de esa".

Tras abrirse y cerrarse más puertas que en una comedia de Lubitsch o Leisen, Neo aparece junto al arquitecto, el hombre que todo lo sabe, el supremo hacedor. Este encuentro da lugar a una nueva perorata -un monólogo al que asiste el idiotizado de Neo con su boca abierta y sus eyes wide shut- digna del mejor Ozores: no se pueden decir más chorradas en menos tiempo. Eso sí, contado de tal manera que uno tiene la continua sensación de que una gran revelación se va a efectuar ya mismo... vueltas y vueltas entorno a un mismo tema, salpicadas de "ergo" e "isquémico", palabros rimbombantes que causan gran efecto entre la audiencia que sólo haya completado un par de cursos de la ESO.

¿Y la parte técnica del invento? ¿Inigualable, estratosférica? Como mucho, apabullante. 'Demos' interminables en las que los personajes se atizan de hostias hasta el duodécimo asalto, para desesperación de vejigas incontinentes. Neo -¡pero muérete ya, joder!- dando vueltas sobre sí mismo, Neo volando, Neo sangrando, Neo jodiendo...

La persecución en la autopista. Pues eso: un montón de accidentes consecutivos, con una extraña tendencia de los vehículos a levitar, a abandonar el suelo y despegar, dar vueltas sobre sí mismos a cámara lenta -¿soy el único al que le recordó los "aterrizajes" de coches de "El Equipo A"?- y explotar en bonitas tomas cenitales.

Lo inverosímil. Lo inverosímil es el elemento que acaba por hacer naufragar Matrix. Las reglas las dictaron los propios directores: todo es mentira. La realidad no existe. Toda ley es violable, transponible, efímera. Incluso las leyes de la lógica. El resultado es que ni me va ni me viene nada en la odisea de super-Neo, porque sus poderes divinos lo hacen totalmente indestructible. No hay incertidumbre. No hay progresión dramática. No hay VIDA.

Porque el gran drama de esta historia es lo rematadamente estirados que son todos los personajes, lo encantados y satisfechos de sí mismos que se sienten al escucharse decir profundidades del tipo: "todos vamos a morir. En cualquier momento, en cualquier lugar" o "hay cosas que nunca cambian. Y hay cosas que sí". La filosofía de barra de bar, los razonamientos de empanado con resaca crónica. La completa vacuidad del producto, el vértigo de la nada.

Me importa bien poco si toda la humanidad se extingue en Matrix Revolutions. Es más: lo deseo fervientemente. Porque la masa ingente y abigarrada que puebla Sión tiene menos sentido del humor que las propias máquinas: su comportamiento es abyecto, pasivo, ilógico en su despreocupación.

Neo es uno de los héroes más limitados que ha dado el cine de acción. Un tipo que siempre anda a remolque, que en ningún momento sabe qué va a ocurrir a continuación porque no se para a pensarlo ni un instante ("¿'Pa' qué? ¡Si 'pa' eso ya está el 'iluminao' de Morfeo!"). Sobrecargado de superpoderes, sólo utiliza la cabeza para arremeter y descalabrar a sus adversarios. Neo es la demostración palpable de que las máquinas han triunfado. Un trozo de carne pre-programado para luchar, un alienado con cara de presentador de telediario y a cuyo lado los Terminators serían los tipos más alegres del barrio.

Así pues, a los Wachowski les daría el mismo consejo que daba Lou Marinoff en su best-seller: ¡más Platón y menos Prozac! Que lean un poco más -hasta los más ineptos hemos logrado aprender algo gracias a este económico sistema- y que no resuman aquello que recuerdan de los cuentos que les susurraba su madre al oído (a este respecto, léase el excelente comentario a la primera parte -demasiado sesudo para cualquiera que haya disfrutado con esta película- escrito por mi compañero Diego Calleja bajo el título de "Un 'remake' platónico").

Ni Terminator, ni Star Wars ni Matrix. La única trilogía cuyo final merecerá la pena verse en pantalla grande será la del anillo. Así pues, obrad en consecuencia y tened memoria: si os ha decepcionado Reloaded no mordáis también el anzuelo de Revolutions. ¡Insumisión!
PUNISH BAD CINEMA!.

(1): Níobe: reina legendaria de Frigia, hija de Tántalo y esposa de Afión, de quien tuvo siete hijos y siete hijas. Orgullosa de su fecundidad, se jactó de ser superior a Leto. Esta última, ofendida, pidió a sus hijos, Apolo y Artemisa, que la vengaran, lo que hicieron matando a flechazos a todos los hijos de Níobe. Zeus, accediendo a sus súplicas, la metamorfoseó en roca en el monte Sípilo (Frigia). [Ardo en deseos de conocer qué demonios tiene que ver la leyenda original con el personaje de Matrix. Vamos, que les debió de molar como sonaba el nombre y poco más].

(2): Perséfone: Diosa griega de los infiernos, hija de Zeus y Deméter. Personifica el periódico renacimiento de la primavera.