Miradas de Cine TORREMOLINOS 73, de Pablo Berger   MdC
Cartel de la película
Por Manuel Ortega
España-Dinamarca, 2003. T.O.: Torremolinos 73. Director: Pablo Berger. Productores: Pablo Ramírez. Guión: Pablo Berger. Fotografía: Kiko de la Rica. Duración: 107 minutos. Intérpretes: Javier Cámara (Alfredo López), Candela Peña (Carmen García), Juan Diego (Don Carlos Montoya), Fernando Tejero (Juan Luis), Malena Alterio, Madds Mikelsen, Ramón Barea, Nuria González, Thomas Bo Larsen.
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El porno casero y Bergman

Pues es extraño y me llena de gozo y satisfacción reconocer que llevo dos películas españolas seguidas que me han gustado y que me han parecido, cada una a su estilo, una puerta abierta para nuestra cinematografía, una vacuna precisa, y esperemos que benigna, para dos de las muchas enfermedades que ésta padece. Soldados de Salamina es un aldabonazo para el cine histórico y dramático, un ejercicio de memoria y de invención puesta a favor de una historia que se va construyendo a lo largo de su puesta en escena sin atisbar en ningún momento ni la corrección (¿alguien ha dicho coacción?) política ni la incorrección poética. Una película que es española por su razón de ser y que esboza un modelo si no a seguir sí al menos a tener en consideración. La otra película es la que nos trae a estas líneas, Torremolinos 73, ópera prima, debut con picadores de Pablo Berger.

En ella reside la vacuna de la comedieta picantona que esconden bajo la aparentemente provocadora acción de peer en botija la triste conformación de unos postulados tradicionalmente y socialmente reaccionarios. Todo ese pseudocine de títulos chirriantes del estilo Más que amor, me aburrí o Perdona bonita, pero Almodovar me produce a mí (1), y que tristemente dilapidaron dinero de arcas gubernamentales, está a siglos luz de este drama tristemente divertido, de esta comedia divertidamente triste que en el devaluado Festival de Málaga ha arrasado con los premios principales.

Se nos cuenta la historia real de Adolfo y Carmen, vendedor de enciclopedias él, peluquera de barrio ella, que ante las negras expectativas laborales de ambos, aceptan rodar unos vídeos "educativos" para los países escandinavos, enmascarados bajo el sospechoso título de "Historia mundial de la reproducción". Lo que empieza como una curiosa necesidad acaba convirtiendo a Adolfo (espléndido Javier Cámara) en un émulo de Ingmar Bergman y a Carmen (magnífica Candela Peña) en una estrella porno en Dinamarca. La historia apenas tiene sobresaltos y nos lleva con naturalidad a una situación muy diferente a la primigenia. Esta capacidad narrativa y la dirección de actores hace albergar fundadas esperanzas en este nuevo valor del cine español que a lo largo del metraje va dejando aquí y acullá destellos de verdadero autor. Porque además de saber mover la cámara y los actantes, logra que su guión, a pesar de algún chiste de no muy buen gusto y de trazo grueso, destaque por unos diálogos frescos y por la sabia elección de la elipsis como recurso distintivo. ¿Dirección de actores y elipsis en el cine español? Pues parece que sí.

Torremolinos 73 está dividida en dos partes muy diferenciadas entre sí: la primera, la más dinámica y acertada, nos narra toda la historia de esos vídeos, el descubrimiento del cine como arte por parte de Adolfo y el deseo reprimido de Carmen (por la esterilidad del primero) de tener descendencia. La segunda es el paso al largometraje que da nombre a la película, una mezcla de Ingmar Bergman y Max Pecas rodada en un hotel vacío de Torremolinos y con sólo una pareja de actores (Carmen y un apuesto danés, visto por otra parte en la magnífica Celebración de Vitenberg) Esta segunda parte es más reducida, pero más intensa ya que por primera vez nuestros dos protagonistas padecen sentimientos encontrados ineludibles. El cine y la maternidad, el arte y el orgullo, el sueño de hacer algo importante y la infidelidad que esta conlleva. Un cúmulo de consecuencias quizá demasiado concentradas pero que surten efecto consiguiendo los resultados a los que aspiraba. Las interpretaciones también se intensifican y para eso también está Juan Diego que más controlado que de costumbre (otro merito más que añadir a la cuenta de Berger) llena la pantalla con su sola presencia.

Esa bipartición hace que la película sea más irregular de lo deseable, pero también muestra cierta personalidad a la hora de plantear el tempo narrativo que marca el desarrollo de la historia. Cabe destacar también la fotografía de Kiko de la Rica que nos trasporta a la imagen de los primeros televisores en color y que algún papanata de la crítica desvaída y mediocre de las revistas oficiales se atrevió a apuntar como error de manera risible. Es como si alguien crítica una película de Terence Fisher porque siempre es de noche o La huella porque sólo transcurre en una casa. O Los lunes al sol porque la hija del tabernero es demasiado guapa (2) (y ya sabemos que las hijas de la clase media-baja nunca son guapas).

Por lo demás una agradable sorpresa, uno de los debuts más prometedores desde Tesis, Vacas o Familia y una modesta aproximación a una época oscura de nuestra historia y de nuestro cine que como sigamos por este camino estamos condenados a repetir.

(1) Ya estoy viendo a Felix Sabroso y Dunia Ayaso recogiendo el oscar.
(2) Monterde dixit