Miradas de Cine COMANDANTE, de Oliver Stone   MdC
Cartel de la película
Por Alejandro Díaz
EEUU-España, 2003. T.O.: Comandante. Director: Oliver Stone. Guión: Oliver Stone. Producción: Oliver Stone, Fernando Sulichin. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Carlos Marcovich, Rodrigo Prieto. Montaje: Elisa Bonora, Alex Márquex. Interpretación: Oliver Stone, Fidel Castro.

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Crítica "a favor" de A. G.Calvo

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Miradas de Cine © 2002-2003

30 horas con Castro

Más de 1.800 minutos (que se dice pronto) ha pasado el director norteamericano Oliver Stone conversando con el dictador cubano, y ese ingente material ha sido reducido finalmente a algo menos de 120 para conformar la cinta que ahora llega a nuestros cines tras su paso por varios festivales internacionales. No es desconocido el interés del director de Platoon por los asuntos políticos, que tienen gran relevancia tanto en su trilogía sobre Vietnam como, sobre todo, en sus films dedicados directamente al tema (JFK o Nixon). En esta ocasión Stone renuncia completamente a la ficción para dedicarse pura y simplemente a resumir, en lo posible, los comentarios que juzga más interesantes dentro del inagotable caudal verbal de Castro, famoso por su capacidad de dar discursos monumentales sin despeinarse, entre otras cosas bastante menos simpáticas en las que también es experto.

El resultado de todo esto se revela harto interesante como documento: las imágenes y los parlamentos de Castro tienen poco desperdicio para quienes tengan interés en analizar las turbulencias políticas del último medio siglo (comprenderlas podría, tal vez, ayudarnos a entender lo que está pasando hoy en nuestro mundo), ya que el cubano fue pieza fundamental en muchas de ellas, hasta el punto de que (y esto se recuerda en un momento del film) la destrucción del planeta llegó a estar bastante cerca, siendo él un peón clave en dicha posibilidad, finalmente evitada tras el fin de la Guerra Fría. Pero, además de recordar (a su modo, claro) todo lo vivido durante la revolución cubana y el resto de años de connivencia con los comunistas rusos, Castro también da un recital de auténtica palabrería hueca, de repugnante demagogia que le lleva a declararse, no un dictador, sino "un esclavo del pueblo", a pasar de puntillas sobre el trato que su gobierno da a los homosexuales, a negar que haya habido torturas en su país durante su mandato (desde luego, ejecuciones a disidentes del régimen sí ha habido, y no hace mucho, por cierto...) e incluso se atreve a plantarle cara a Stone cuando le recuerda que en Cuba no hay democracia, diciéndole que señalar eso es "partir de una premisa falsa". En cuanto a sus aficiones cinéfilas la cosa resulta también bastante deprimente, habida cuenta de que Castro se declara seguidor incondicional de las películas de Cantinflas...

Todo muy interesante, desde luego, aunque Stone no acierte a encontrar un estilo suficientemente definido para enmarcar las conversaciones, ya que recurre en demasía al montaje de planos fugaces, no dando tiempo al espectador a acoplar esas imágenes con lo que se está diciendo. También cambia de plano demasiado mecánicamente y abusa de los insertos (aunque hay uno impagable: la cámara hace un zoom al calzado del Comandante y descubre que sus zapatillas han sido fabricadas por la multinacional de ropa deportiva Nike...), llegando a aburrir con estos recursos, en el fondo muy impersonales, y bastante parecidos a los que saturan sus peores películas (piltrafas como Asesinos natos, Giro al infierno o Un domingo cualquiera). Desde luego, el film de Stone nada tiene que ver con experiencias como Cuba sí, documental dirigido por el enigmático Chris Marker en 1961, deviniendo mucho más rutinario (y demasiado complaciente, pese a algunos toques malévolos, con la figura del dictador), e incluso algo tópico y ligeramente sensacionalista. Las imágenes en vídeo digital de La Habana, aunque bonitas (esas playas, esos coches antiguos...), están ya bastante vistas, y también muchos de los documentos de archivo incluidos por Stone. Hay, sin embargo, alguna buena idea de montaje, como ese instante en el que se contrastan las imágenes de un desfile triunfal de la recién conseguida revolución castrista, con otras que muestran a un Castro convertido, merced al paso del tiempo, en un monumento arqueológico que hasta podría formar parte de la guía turística del país. Las transformaciones políticas mundiales y la degradación física y mental de un hombre que, francamente, vive en un lamentable estado de solipsismo, han colocado en una posición de irreparable decadencia al actual régimen cubano. Las imágenes que muestran a Fidel deambulando, absorto, de un lado a otro del país mientras se hace fotos con los turistas y firma autógrafos sin control son muy elocuentes a este respecto, y nos comunican más sobre su auténtico estado actual que todo lo que pueda decir con sus palabras.

En resumen, Comandante es un documento importante que, sin embargo, no destaca precisamente por su construcción formal, y también es una nueva muestra del auge del género documental, que parece vivir una pequeña resurrección en las salas comerciales gracias, sobre todo, al éxito del, éste sí, imprescindible Bowling for Columbine de Michael Moore. Y aún a riesgo de parecer ingenuos, o incluso estúpidos, nos atrevemos a terminar con una reivindicación: ¿Para cuándo el estreno en nuestro país de ABC África, el formidable documental sobre Uganda firmado por Abbas Kiarostami (y, de paso, de Ten, su último film de ficción)?