Miradas de Cine LAS HORAS DEL DÍA, de Jaime Rosales   MdC
Cartel de la película
Por Manuel Yáñez

España, 2003. T.O.: Las horas del día. Dirección: Jaime Rosales. Producción: Jaime Rosales, Ricard Figueras. Guión: Jaime Rosales, Enric Rufas. Fotografía: Óscar Durán. Montaje: Nino Martínez. Duración: 110 minutos. Dirección artística: Pep Armengol. Intérpretes: Alex Brendemühl (Abel), Ágata Roca (Tere), María Antonia Martínez (Madre), Pape Monsoriu (Trini), Vicente Romero (Marcos), Irene Belza (Carmen), Anna Sahun (María), Isabel Rocati (Taxista), Armando Aguirre (Señor mayor).

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Vivir el descontento

Existen películas que presentan entre sus máximas virtudes la capacidad de exponer una teoría, explorar un concepto o hablar sobre un sentimiento cuya fuerza y contenido son prácticamente independientes del contexto histórico y geográfico en el que sucede el relato. Por contrapartida, existen otras películas que parecen encontrarse ancladas a un tiempo y un lugar. Películas que nos muestran el estado de ánimo de una sociedad concreta y que serán mejor comprendidas por un espectador que comparta su hábitat, sus coordenadas, sus normas y reglas. Las horas del día vista hoy, aquí, rodeado por lo que es el mundo en el año 2003, me parece una película del segundo grupo al que me he referido.

Abel (Alex Brandemühl) vive con su madre en El Prat de Llobregat (un pequeño suburbio de Barcelona), es propietario de una pequeña tienda de ropa unisex, tiene una novia, Tere (Ágata Roca), y un buen amigo, Marcos (Vicente Romero). Abel es una persona introvertida, de aspecto calmado y afable. Parece no estar disgustado con su vida, ha aprendido que la única manera de sobrevivir es conformarse con lo que tiene. Poco a poco, a través de la observación de su rutinaria vida y de la relación con las personas que lo rodean, le iremos conociendo más en profundidad. Sin embargo, nunca podremos formarnos una imagen clara de Abel. Se irá desvelando como un personaje oscuro y ambiguo, en ocasiones contradictorio. Podremos empezar a intuir un cierto conflicto en su interior, y todo estallará cuando descubramos que es un asesino frío y despiadado. Supone un reto complejo y arriesgado intentar comprender las acciones de Abel. Su comportamiento nos hace reflexionar acerca de lo que se considera la normalidad hoy en día. Podemos sorprendernos encontrando una lógica a sus actos violentos. Tras la convulsa aparición de la cara psicótica de la personalidad del protagonista, podemos empezar a diseccionar su confusa existencia. Abel es un hombre desilusionado, frustrado. Durante toda la película no le encontraremos en ningún momento realizando una actividad que le permita sentirse realizado. No disfruta de su trabajo, no parece ser feliz con su novia, no tiene interés alguno en embarcarse en ningún proyecto laboral o vital. Toda la desilusión que muestra por todo convierte cada uno de sus actos en muestras de desidia. Sin embargo, nunca expresará abierta y rotundamente su frustración; irá almacenando en su interior un rencor cuyos motivos es incapaz de identificar, un odio sin una dirección concreta, una infelicidad que su mente enferma convertirá en actos de destrucción perversos y crueles. La violencia parece aparecer sin premeditación, como un estallido incontenible, la única respuesta posible al sinsentido de la existencia.

Todo lo comentado hasta ahora podría hacernos pensar en un personaje lineal, con un mundo interior laberíntico y una apariencia exterior llana, sin embargo la película no nos ofrece el privilegio de presentarnos una figura simple. Nada de eso. Abel se mimetiza con habilidad en su entorno social, es capaz de ser simpático con sus amigos e incluso cariñoso con su madre. La coraza que recubre su descontento vital es verosímil y le permite sentirse integrado en una sociedad que le provoca sentimientos encontrados. Como he apuntado anteriormente, Abel defiende el conformismo como norma de conducta (así lo declara ante Marcos), sin embargo lo descubrimos como un ser ambicioso por conquistar un estatus social confortable, llevando el pragmatismo hasta el extremo al considerar incomprensible una relación estable (matrimonio) si no está garantizado un bienestar económico. La incapacidad para aceptar la felicidad ajena, su imposibilidad para empatizar con los demás pueden ser interpretados como la consecuencia de diversos factores, me gustaría apuntar como posible interpretación la que afirma que su descontento se convierte en el representante de una cierta desesperanza generalizada en nuestra sociedad, una frustración cuyos orígenes son difusos y que se incrementa inevitablemente ante la observación de un mundo guiado por intereses ruines e irrelevantes que acaban convirtiéndose en obstáculos para la realización de todos aquellos que no creen en ellos, una sociedad en la que el compromiso es cada día más una cuestión económica.

Las horas del día se inicia con una serie de planos fijos del barrio en el que sucede la acción. Mediante estas escenas estáticas, que encontrarán su resonancia visual más adelante en la misma película, penetraremos en un pedazo de realidad en el que entraremos para fisgar en la vida de Abel. La idea de estar entrometiéndonos en la existencia de los personajes de la película tiene varios motivos y consecuencias. Durante le película nos encontramos en diversas ocasiones observando una situación desde el exterior del piso o la habitación en el que sucede la acción, incluso se llega a remarcar esta idea mediante recursos como iluminar de repente el lugar desde el que observamos dicha situación. Este recurso forzado nos permite ser conscientes de la imposibilidad de acceder al interior de Abel. La única posibilidad es observar su exterior, sus acciones, su rutina, sus relaciones, y así intentar comprender. Por otra parte otro acierto en la realización es el de mostrar repetidamente a Abel solo dentro del plano. Se repiten sin cesar los planos en los que vemos al protagonista en aparente soledad, pero descubrimos que hay un interlocutor escondido tras una pared. Abel se encuentra encerrado en si mismo, alejado de la gente.

Además de recursos como los mencionados anteriormente, puede decirse que la realización y el trabajo de puesta en escena y planificación de la película son atrevidos, arriesgados y brillantes. Cabría destacar el fantástico equilibrio entre la gran espontaneidad y verosimilitud de los actores, y una planificación de apariencia rígida y hermética, hecho que desvela un gran trabajo de ensayos e inmersión en los personajes por parte de los actores. Integrada en una serie de reglas perceptibles con facilidad (una fuerte preferencia por los planos estáticos, por el plano contraplano, por mantener las distancias con los personajes mientras sea posible...) la realización consigue definir un tono general en el que la coherencia es la primera de las prioridades. Se sacrificará la espectacularización de los asesinatos de Abel y se evitará caer en reacciones demasiado intensas (los momentos de tensión dramática se solucionan con sorprendente contención), no existe banda sonora, todo en beneficio de un tono calmado, cansino, rutinario... como la vida del protagonista.

A primera vista, y debido a las tesis sobre las que se sostiene el filme, Las horas del día podría parecer una película que practicase un estilo contemplativo. Es innegable que el ritmo de la película es pausado, pero también puede apreciarse con claridad cómo todos los fragmentos que se relatan son básicos para la construcción del relato. Bajo una apariencia de tiempo muertos se esconde una estructura en la que cada pieza es básica para sostenerla en pie. Muchas escenas encuentran resonancias a lo largo de la narración y cada una de estas aporta datos básicos para la definición tanto de los personajes como de la acción.

Nos encontramos ante una película bastante insólita en el panorama cinematográfico nacional. Una apuesta arriesgada. Una película difícil, peligrosa debido al riesgo de sentirse identificado e inmerso irremediablemente en la acción. Una joya premiada en el festival de Cannes con el premio de la crítica en la sección "Quincena de Realizadores". Tenemos la suerte de que esta vez el premio se lo llevó una película española y que así la podemos ver en los cines de nuestras ciudades. No dejemos pasar esta oportunidad.