| 28 DÍAS DESPUÉS, de Danny Boyle |
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Zombies MTVHay en el último Boyle una lucha frenética entre dos estéticas, que aún sin tener nada que ver con las luchas en lo argumental, entre infectados y no infectados, llega a ser igual de encarnizada, y no tanto por la imposibilidad de conjugar ambos movimientos, si no por prevalecer uno por encima del otro. Así 28 días después visto por cualquier amante del género, resulta un film tan trepidante como asfixiante, Boyle hereda lo mejor de un género patentado por George A.Romero, y con el uso de las cámaras digitales, traza una atmósfera claustrofóbica en tonos azul-grisáceos, que bordean la hiperrealidad fílmica, muertos vivientes al margen. Sin embargo a Boyle le puede su vena más popera y no puede evitar concatenar escenas de gran belleza (publicidad nada subliminal a parte) rodadas sin fondo musical, cómo el despertar del protagonista en el hospital, para seguirlas con escenas en formato vídeo-clip con sonoras canciones más o menos conocidas, que empiezan y terminan con la escena, quebrando así la narración del film por vía sensitiva, pese a que el argumento avance con una cierta lógica. Por eso, pese a que Boyle se esfuerce, y consiga levantar una trama que se sustenta en unos personajes algo atípicos, dado el actual formulismo al que se ve sometido el género en esta nueva década, interpretados por actores poco o nada conocidos, y conduzca por terrenos más sórdidos que acomodáticos el film, este sólo logra desligarse en ocasiones, todas bastante conseguidas, la algo incómoda pasión del realizador a partes iguales por el cine y la música. Todo funcionaría mejor en 28 días después si consiguiéramos equilibrar la cinta, arreglando el fondo sonoro y eliminándoles unos más bien prescindibles prólogo y epílogo, que al fin y al cabo, más que presentar y firmar la cinta, la acaban acotando de su espíritu apocalíptico, en lo que parece ser una concesión del realizador para el público monolítico, al que le tienen que explicar al pie de la letra toda la película, por que si no, parece que no la entiendan. Y cuando la gente no entiende un film, no suele ir al cine. Y si no se va al cine (o se piratea) las distribuidoras no ganan dinero, y si estas no ganan dinero, no comparan más films a las productoras, que, por supuesto, acabarán por no hacer más películas. Así que Boyle, tras sopesarlo seriamente, incluyó una presentación de la trama -que resulta igual de hiriente para los científicos militares, cómo para los activistas de Greenpeace- y un happy end que resulta igual de innecesario que la foto de grupo que cierra la anterior, y mediocre, película de Boyle, La playa. Sin embargo, una vez subrayadas las faltas de ortografía de un film, por otro lado, bastante conseguido y buena pieza de género, muy por encima de otros films de Zombies cómo la reciente Resident Evil o la no tan reciente Redneck Zombies, hay que felicitar a Boyle por saber construir un relato de terror tan bien presentado con ese Londres hueco y masacrado, con señales de auxilio tras el apocalipsis enganchadas por todas las paredes. Boyle se aleja de la comedia para intentar crear un fondo dramático (el suicido de los padres de Jim, la infección accidental de Frank) que acaba por volverse casi esquizofrénico cuando los protagonistas se refugian en unos soldados a medio camino entre los dirigió De Palma en Corazones de hierro y la familia caníbal de La matanza de Texas. Pero Boyle está lejos de ser un nuevo Pasolini o un digno coetáneo de Michael Haneke. 28 días después se acerca al horror pero se queda en la frontera más fantástica, un equilibrio, al fin y al cabo, bastante digno, que si bien dejará a algunos algo hambrientos de más dolor, a otros les parecerá ya más que suficiente. |