| ZU WARRIORS, de Tsui Hark |
|
|
||||||||||||||||||
Sobre impurezas y dimensionesIniciar la lectura del libro ¿Qué es el cine? de Andre Bazin es una experiencia sobrecogedora. Pronto, aquella figura mítica, voz resonante de la historia de la crítica cinematográfica, nos introduce en una forma de pensamiento absorbente y sugerente. Con razonamientos cuya coherencia se ve reforzada y estilizada por un cúmulo de saber sobre todas las artes (historia y técnica), Bazin nos introduce en los entresijos fundamentales de un arte al que dignifica en cada una de sus tajantes afirmaciones, mientras va abriendo caminos que llevan hasta múltiples puertas que esconden nuevas incógnitas, nuevas cuestiones que mientras interrogan generan más conocimiento. Para iniciarnos en su teoría, la recopilación de textos, estudios y artículos que componen el libro, se inicia con la elemental Ontología y lenguaje (1). En ella Bazin nos introduce en las señas de identidad básicas del cine. Aquellos principios sobre los que se soporta la materia que define las formas y el lenguaje de un nuevo arte capaz de escarbar en la realidad como ninguno otro. Descubrimos la potencia de la esencial objetividad del cine y la fotografía gracias a su relación con la pintura. Una objetividad cuya potencia de credibilidad se erige como una nueva forma de imagen. Descubrimos también, a través de los ojos de los primeros fundadores, como el cine evoluciona técnicamente y en su temática gracias a la utopía de la representación íntegra y total de la realidad. Todo parece direccionarnos hacia los terrenos del realismo. Sin embargo, uno se pregunta de inmediato acerca del interés por la fantasía que se muestra con la mayor libertad en el género fantástico, también existente desde los inicios del cine. Bazin responde a esta apreciación en Vida y muerte de la sobreimpresión, donde desvela el lazo implacable (para él, para su tiempo) entre el cine fantástico y el realismo: "lo fantástico en el cine está ligado al realismo irresistible de la imagen cinematográfica. Es la imagen quien nos impone la presencia de lo inverosímil, quien lo introduce en un universo de cosas visible". Para acabar de exponer los puntos básicos de la teoría de Bazin sobre los que construiré mi reflexión acerca de la corriente en la que sitúo una película como Zu Warriors, me gustaría comentar brevemente los fundamentos y los motivos que originaron un texto como A favor de un cine impuro (defensa de la adaptación). Este artículo nace del intento de comprensión por parte del autor de la proliferación de adaptaciones de textos literarios y obras teatrales para llevarlas al cine. Como en muchos de sus textos, Bazin se muestra como un pensador a contracorriente, cuando la mayoría de la crítica ataca al cine que busca orígenes en otras artes, Bazin interpreta dicha circunstancia como un indicador de la evolución del cine, como un indicio de la natural "influencia recíproca de las artes". Los razonamientos que va exponiendo a lo largo del texto apuntan en multitud de direcciones y en ellos encontramos argumentos e inquietudes que nos sirven para interrogarnos sobre el cine hoy. El autor encuentra la evidencia de cómo el cine se ha empapado siempre de aquellas artes o formas de ocio cuyo público quería conquistar, de cómo además de la influencia de las artes "antiguas" sobre el cine existe una influencia que apunta en dirección inversa, y finalmente cómo la auténtica evolución del cine se haya en aquellos cineastas cuya vocación persigue la posibilidad de encontrar, en base al conocimiento de las formas y lenguaje del cine, así cómo de una voluntad férrea y una imaginación voraz, la manera de conseguir una equivalencia integral entre el origen y la adaptación, una traducción cuya literalidad lejos de simplificar el proceso de adaptación, imponga al creador una dura tarea de transformación. Y la pregunta es... ¿Qué pensaría
Bazin de una situación como la actual? Lo que es seguro es que
su interés y preocupación por las mutaciones de la naturaleza
y sociología de la imagen serían absolutas. En el anterior
texto, invoca a un pragmatismo crítico que debe esforzarse en comprender
la evolución del cine. Mientras, podemos expresar nuestra opinión
y defender aquél cine que amamos, pero no podemos mostrarnos ciegos
ante la evidencia de una transformación radical del cine. Nos encontramos sumidos en una sociedad en la que el cine no es más que una ínfima parte del espectro de posibilidades para consumir productos audiovisuales. Lo visual ha triunfado popularmente como forma de expresión, como producto lúdico y como producto de consumo. El cine convive con formatos como la televisión y los videojuegos y con nuevas vías de expresión como el vídeo-clip. No es mi intención entrar a discutir los motivos del éxito y proliferación de estos nuevos canales audiovisuales. Mi pensamiento se centra en el cine y las repercusiones que han tenido sobre él los hechos anteriormente expuestos. A favor de un cine impuro (defensa de la adaptación). Impuro. Impurezas. Bazin se refiere a la impureza que reside en el origen de una adaptación al cine de una obra literaria o teatral. Para los argumentos que pretendo presentar no me limitaré a considerar la impureza ligada a la adaptación, sino que me referiré a ella para hablar de las intensas influencias que puede sufrir el cine de otras formas audiovisuales. Así ampliaré el significado de impureza baziniana, dando más margen a una acepción que me permita jugar con la palabra. En el estruendoso caos audiovisual en el que nos hallamos inmersos, el cine se ha convertido en una vertiente de dicha maraña objeto predilecto de la influencia de las otras. Y viceversa, todo se confunde, todo se entremezcla de una manera descontrolada. El único control lo dictaminan las leyes del consumo que en este mercado de la imagen se mueven a sus anchas convirtiendo la impureza en una de sus armas predilectas. El cine, de repente, ha pasado de ser un arte joven a ser el más viejo de los lenguajes audiovisuales y su comportamiento ante esta nueva posición ha sido sorprendentemente parecido a la de antiguas artes. Bazin reflexionaba acerca de las direcciones hacia las que apuntaban las influencias entre las artes. Observaba con claridad cómo un arte tan joven como el cine plantaba con pesadez su huella sobre la literatura de la época. Esto es lo que está sucediendo ahora mismo entre el cine y los videojuegos. En un principio, la evolución pareció más lógica. El videojuego, desde su forma más primitiva, empezó a darse cuenta de que su futuro se encontraba en formas de narración mucho más sofisticadas. Y entonces empezó a perseguir algo que el cine poseía como materia prima, una cierta idea de realidad (todos asociamos la idea de realidad virtual a una especie de videojuego interactivo). Los videojuegos empezaron a convertirse en aventuras y se fueron descubriendo también los límites que provocaba el lazo inquebrantable que ata al videojuego con su naturaleza lúdica. La potencia de la necesidad de un incentivo para el consumo terminó de lapidar cualquier otra posibilidad: el juego se haya siempre ligado a una misión, a un objetivo final, a una conclusión llana, sin tiempo para la distracción que significa la reflexión. Y entonces nos encontramos con ese fenómeno extraño que pretendo explicar, ese nuevo lenguaje regido por su naturaleza lúdica y comercial empezó a inmiscuirse en los terrenos del viejo formato. El cine comienza a generar impurezas procedentes del videojuego y finalmente aparece la sombra de la adaptación (Final Fantasy, Tomb Rider, Super Mario Bros...). Y en medio de todo esto surge el avance de la tecnología de efectos digitales, la herramienta final para la desmaterialización de la imagen. La huella de la realidad se va desvaneciendo, el sueño y la magia del azar desaparecen y el cine olvida el mito del cine total. Es curioso observar como todo esto modifica tremendamente el concepto baziniano de impureza, cuando aquél significaba trabajo e ingenio creativo, conocimiento de los lenguajes para la creación de mecanismos de trascripción, ahora todo se vuelve más fácil y obvio. El cine (ya digitalizado) y el videojuego comparten su naturaleza material, la trascripción es ahora más literal que nunca. Qué diferencia existe entre la presentación de un videojuego y su adaptación para el cine? Los argumentos son los mismos, los movimientos de cámara iguales. Es solo una cuestión de credibilidad, de cercanía a la realidad, pero ésta ya no es el objetivo y, por tanto, ya no es una variable a tener en cuenta. Analicemos ahora mínimamente esas nuevas impurezas del cine y hablemos un poco, de una vez por todas, de Zu Warriors. Hablamos de un cine lineal. Hablamos de un cine cuyos efectos especiales han abastado triunfalmente el espacio de las tres dimensiones. Es un cine convertido en un espectáculo de una dimensión. En Zu Warriors la narración consiste en presentar unos personajes, dejar clara una referencia con la que identificarnos (una chica humana en medio de un mundo de dioses con poderes sobrenaturales), presentarnos un objetivo (acabar con el malo maloso) y perseguirlo hasta vencer y sobrevivir. En esencia no hay nada más que eso. Todo lo demás son fuegos de artificio ligados a la idea del espectáculo. Espectáculo con mayúsculas, aquél que asocia el grado de asombro con la cantidad efectos especiales que aparecen en pantalla, con la cantidad de luchas que podemos ver. La impureza consiste también en una desastrosa simplificación épica, se produce una simplificación total de la idea clásica de densidad dramática. Todo se convierte en una dicotomía entre vencer o morir. Y finalmente observamos con asombro la nula posibilidad de introspección que nos ofrece este nuevo cine impuro. Emerge una nueva concepción del signo para la representación de una sentimiento o una sensación. El dolor de una persona se representa con una imagen en pantalla de un cuerpo desmembrado, con una lágrima vertida por su amada muerta. La imposibilidad para recordar es un rostro difuminado. Todo se simplifica, no hay tiempo para explorar la superficie de los cuerpos para descubrir el interior de una persona a través de los signos que emergen de la realidad. El cine cambia y nuestra función también es intentar entenderlo, aún cuando esto supone una tarea triste y deprimente. (1) Para ignorantes como yo: Ontología: Parte de la metafísica que trata del ser en general. |