Miradas de Cine DEATHWATCH, de Michael J. Basset   MdC
Cartel de la película
Por Sergio Vargas
Reino Unido, Francia, Italia, 2003. T.O.: Deathwatch. Director: Michael J. Basset. Guión: Michael J. Basset. Producción: Sam Taylor, Mike Downey y Frank Hübner.Música: Marco Beltrami. Fotografía: Hubert Taczanowski. Montaje: Anne Sopel. Diseño de producción: Aleksandar Denic.Duración: 94 minutos. Interpretación: Jamie Bell (Charlie Shakespeare), Rúaidhrí Conroy (Chevasse), Laurence Fox (Capitán Jennings), Torben Liebrecht (Friedrich), Dean Lennox Kelly (McNess), Kris Marshall (Starinski), Hans Matheson (Hawkstone), Hugh O'Conor (Bradford), Matthew Rhys ('Doc' Fairweather), Andy Serkis (Quinn), Hugo Speer (Sargento Tate).

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Aquí huele a muerto...

El moderno cine de terror, si así puede llamársele a día de hoy, está aquejado de una grave carencia de ideas y cualquier intento por aportar algo nuevo al género, o al menos darle un pequeño lavado de cara ha de ser bien recibido a priori. Aunque Deathwatch parecía una propuesta interesante a la vista de algunas imágenes, sobre todo por la ambientación, desgraciadamente es esa la única novedad que aporta esta película, la ubicación de la historia, situando ésta en una desierta trinchera alemana a la que van a parar los últimos miembros de una compañía de soldados ingleses durante la Primera Guerra Mundial. A partir de aquí, el debut como director de Michael J. Bassett sobre su propio guión no difiere mucho de lo que ofrecen films como Destino final, o Muertos del pasado de la que curiosamente este señor también es guionista, y de la que ya se ocupó en su día mi compañero Alejandro Díaz con su crítica, y por lo leído en aquella (pues espero no verla mientras pueda), me temo que ambos films tienen un planteamiento poco menos que calcado e incluso me atrevería a decir que el final (¿sorpresa?) también es el mismo. Por si esto fuera poco, el cartel de ambas películas también es prácticamente idéntico…

Bassett se jacta de que "nadie ha hecho con anterioridad un film de bajo presupuesto como éste, con explosiones, efectos especiales y mucho rodaje en escenarios exteriores", algo que en principio podría ser cierto (aunque habría que matizar cómo de bajo es el presupuesto), pero una película del género al que se adscribe Deathwatch necesita bastante más que explosiones y efectos especiales para conseguir un buen resultado. De hecho, estas dos cosas ni siquiera son requisitos esenciales. El principal problema de la película (aparte del hecho de que ya le hemos visto otras veces con otro nombre) reside en la ausencia de ritmo. Se demora demasiado en la presentación de los personajes mientras éstos deciden quedarse en la trinchera, lugar éste en el que se desarrollará todo el film, y deja transcurrir prácticamente el primer tercio del metraje sin que apenas ocurra nada relevante. Si al menos éstos fueran interesantes… A partir de entonces irán sucediéndose una tras otra, tras otra, tras otra, las muertes de los soldados, que no saben a que se están enfrentando realmente, y los que no mueren en circunstancias misteriosas, lo hacen a manos de sus compañeros en lo que parece apuntar a una "presencia" (no necesariamente corpórea y a la que no dudan en denominar "El Mal") que les está manipulando. Por supuesto, dentro de este continuado concierto de cadáveres, hay cierta variación, fundamentada mayormente en el empleo de la sangre, que, no lo niego, logra amenizar algo la función, si bien la labor de Bassett tanto tras la cámara como en la puesta en escena no pasa de ser discreta. Nada que reprochar, pero tampoco nada digno de mención. Se limita a copiar los ejemplos modernos del género como los mencionados más arriba y similares (lo cual por cierto no dice mucho a su favor), aunque al menos lo reconoce: "…mi intención era la de seguir la clásica estructura de este tipo de historias, creé un heterogéneo grupo de soldados, todos ellos con distintas personalidades, y los fui asesinando uno a uno". Se puede decir más alto pero no más claro.

Al menos la película cuenta con un buen reparto encabezado por el joven talento Jamie Bell (más conocido por ser "el niño de Billy Elliot" o lo que es lo mismo, el propio Billy Elliot), que ayuda a dejar un buen recuerdo de un par de secuencias (como por ejemplo aquella en que las ratas se están comiendo las piernas del soldado Chevasse, mientras éste, hasta arriba de morfina confía en que pronto volverá a correr cual gacela), y también con la presencia del otrora desconocido Andy Serkis, que abandonó recientemente el anonimato de la mano de Peter Jackson y su multimillonaria trilogía inmerso en la piel de la criatura Gollum. Aun así, las interpretaciones no dejan de verse ensombrecidas por unos personajes demasiado estereotípicos y un desarrollo de la historia previsible, desembocando en un final que ciertas películas recientes mantienen lo suficientemente cercano en nuestras retinas como para dejarlo pasar por alto, y siempre resuelto mucho más satisfactoriamente, como para que pueda sorprendernos a estas alturas. Y si su desenlace no sorprende lo mas mínimo aparte de esto es porque durante toda la película se insinúa lo que ocurre, lo que ocurrirá, de una forma bastante evidente y vulgar, con lo que deja de ser una insinuación. Por eso el final, que pretendidamente sería el punto culminante de la tensión del film, si es que ésta ha existido en algún momento, no hace sino confirmar lo que cualquier espectador medianamente atento (algo que no resulta fácil todo el tiempo) habría adivinado hacía rato, dejando una sensación de decepción, agravada por un plano final que atesora mediocridad y repelencia a partes iguales.