Miradas de Cine EL JUEGO DE RIPLEY, de Liliana Cavani   MdC
Cartel de la película
Por Susanna Farréé
EEUU, Francia, Reino Unido, Italia, 2003. T.O.: Ripley's Game. Dirección: Liliana Cavani. Productores: Ileen Maisel, Simon Bosanquet y Riccardo Tozzi. Guión: Charles McKeown y Liliana Cavani; basado en la novela 'Ripley's game' de Patricia Highsmith.Fotografía: Alfio Contini. Diseño de producción: Francesco Frigeri. Montaje: Jon Harris.Música: Ennio Morricone Duración: 110 min. Intérpretes: John Malkovich (Tom Ripley), Dougray Scott (Jonathan Trevanny), Ray Winstone (Reeves), Lena Headey (Sarah Trevanny), Chiara Caselli (Luisa Ripley), Sam Blitz (Matthew Trevanny), Evelina Meghnagi (María), Paolo Paoloni (Franco), Maurizio Luca (Ayudante de Franco), Yurij Rosstalnyi (Guleghin).

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El talento de Mr. Malkovich

Tom Ripley, el ambiguo y misterioso personaje que Patricia Highsmith hizo famoso con su saga de cuatro novelas sobre él, ha sido llevado de nuevo a la pantalla de la mano de la realizadora italiana Liliana Cavani. Autora de obras tan provocadoras como Portero de noche (1973) o La piel (1981), Cavani adapta ahora con El juego de Ripley la tercera novela de la popular escritora americana. La historia narra en esta ocasión la extraña amistad que se va forjando entre Ripley y un vecino suyo, Jonathan Trevanny (Dougray Scott), a quien Ripley inicialmente implica en el asesinato de un mafioso, pero al que finalmente decidirá ayudar movido por unos extraños sentimientos de lástima y compasión. Trevanny padece leucemia, y su agrio carácter le mueve a criticar un día en público a Ripley, quien le sorprende y decide vengarse de él. Reeves Minot, un conocido de Ripley, le pide ayuda para liquidar a un mafioso berlinés que le da problemas, y Ripley decide ejercer su venganza dándole el nombre de Trevanny con la intención de que le convenza para ejecutar el asesinato. La situación desesperada de Jonathan, y el dinero que le ofrece Reeves, son suficientes para que acepte el encargo, pero Reeves le chantajea para ejecutar otro crimen, por lo que Ripley decidirá ahora intervenir para ayudarle.

Liliana Cavani ha optado en esta adaptación por centrarse casi de manera exclusiva en la personalidad de Ripley, eje central en las novelas de Highsmith, pero elemento que aquí naufraga por su excesiva recreación en este extraño asesino, y por el descuido de otros elementos y personajes fundamentales para la historia. John Malkovich ha sido el encargado esta vez de interpretar al complejo personaje principal, y como ya es habitual en él para este tipo de papeles, sale más que victorioso en su cometido. Malkovich consigue un Ripley casi perfecto, extraña mezcla de sadismo e inocencia, de crueldad y humanitaria compasión. No obstante, y aunque la interpretación de Malkovich sea poco menos que magistral, la motivación del personaje queda muy desdibujada, y los hechos que de alguna manera justificarían su extraño comportamiento pasan casi inadvertidos para el espectador, o cuanto menos, resultan del todo banales. Además, la realizadora italiana decide cambiar situaciones de la novela claves para el entendimiento de la reacción de Ripley. Lo que era en un principio una humillación de Trevanny a Ripley al hacer aquél una réplica verbal despectiva en la presentación de ambos personajes por un amigo común, se convierte aquí en un ridículo comentario público de Trevanny sobre la petulancia y falta de gusto de Ripley. Cavani trata sin duda de tocar uno de los puntos débiles del personaje, su obsesión por conseguir una vida rodeada de lujos y comodidades, objetivo principal que movía al joven Ripley en la primera novela El talento de Mr. Ripley, (llevada en dos ocasiones al cine por René Clément y Anthony Minghella respectivamente e interpretadas por Ripley-Delon y Ripley-Damon). En la película de Cavani todo gira alrededor de esta ostentación que envuelve la vida del personaje, dejando en la superficialidad una motivación psicológica mucho más importante y profunda. Ripley en realidad se hubiera tenido que mostrar más ofendido por el rechazo humano y la suspicacia de sus vecinos hacia él que no por la ofensa a su supuesto mal gusto. Así, resulta casi cargante el excesivo detenimiento de Cavani en la lujosa villa en la que vive Ripley, un palacio renacentista del arquitecto Palladio repleto de obras de arte y fastuosos muebles y decoración. Es cuanto menos paradójico que este elemento, mucho menos importante en la novela, hubiese sido del todo obviado en la versión que Wim Wenders realizó en 1976 (El amigo americano), y que consiguió un resultado quizás más personal pero a la vez mucho más de acuerdo al verdadero espíritu de la novela. Ripley es un ser humano extraño, falto de escrúpulos y de conciencia cuando algo o alguien se interpone en la consecución de sus objetivos, normalmente relacionados con el dinero, pero a la vez sensible y vulnerable ante el desprecio y la indiferencia de la gente. Cavani descuida este segundo elemento, centrándose demasiado en el aspecto más superficial de la personalidad de Ripley y olvidando su aspecto más humano, aquél que hace del personaje original una persona tan contradictoria y fascinante. Ripley-Malkovich planea un juego de venganza hacia Trevanny que pierde totalmente el interés que tenía en la novela, puesto que la realizadora se ahorra la mitad de los actos planeados por Ripley y Reeves para convencer a Trevanny. La facilidad con la que Reeves convence al enfermo hace inexplicable el cambio de actitud en Ripley, para quien el juego ya ha terminado y quien siente una repentina compasión hacia su vecino enfermo. El juego de Ripley queda vacío y falto de fuerza y sentido, y su radical cambio de postura resulta por lo tanto inexplicable.

Respecto al desmesurado entretenimiento en el gusto de Ripley por la ostentación material, sobra desde luego la reiteración en el motivo del clavicémbalo que adquiere Ripley para su compañera Luisa (Chiara Caselli), ligado quizás por Cavani al dibujo de este personaje, pero que se repite demasiado a lo largo del film, otorgándole una importancia que desde luego no tiene. No obstante funciona bien como símbolo de la imposibilidad de Ripley por pertenecer realmente al mundo que ha conseguido alcanzar de manera material, pero al que nunca podrá acceder espiritualmente. Luisa le dice en una ocasión que sus manos no deben tocar más el instrumento, como simbolizando estas palabras la posible corrupción que Ripley ejercería en un objeto del que sólo puede surgir la belleza, la sensibilidad y la pureza, facultades de las que el alma de Ripley carece por completo. Esta corrupción es análoga a la que Tom ejerce sobre Trevanny, un hombre inocente y limpio de conciencia hasta que cae en la tela de araña forjada por aquél. Luisa, (esposa de Ripley en la novela), es convertida aquí en una prestigiosa pianista, y poco o nada tiene que ver con la indiferente y despreocupada Heloise Ripley literaria. En esta ocasión, Luisa aparece como una lacónica amante, más preocupada por retener las caricias de Ripley, que de intentar asimilar los negocios sucios en los que está envuelto su compañero sentimental. Ripley no se molesta aquí en tratar de disimular ni ocultar nada ante su mujer, por lo que las reacciones de ésta resultan del todo inverosímiles. La Heloise literaria es mucho más creíble, con su vida superficial y su despreocupación por los negocios de su marido, elemento que confiere al personaje mucho más atractivo que la ambigua caracterización de Luisa en la obra de Cavani.

Por otro lado, la mayor parte del resto de personajes tampoco sale muy bien parada en la adaptación de la realizadora italiana, excepto, todo hay que decirlo, la excelente caracterización de Sarah Trevanny (una Lena Headey espléndida) quien resulta ser finalmente el mejor personaje de todos, llegando casi a superar a la Simone literaria. Reeves, interpretado por el genial Ray Winstone, adopta en este film una compleja relación con Ripley que no existía en el libro, y que aqui más tiene que ver con el odio y el chantaje mutuo que no con la lealtad y la amistad que les unía en la novela. Trevanny es interpretado por un Dougray Scott demasiado atormentado y preocupado por sus actos, pero que incomprensiblemente decide ayudar por propia iniciativa a Ripley a liquidar a unos mafiosos que vienen a por él. Este personaje es quizás el peor dibujado de todos, puesto que su gemelo literario es mucho más coherente en sus decisiones. Trevanny en el libro es un hombre rendido ante su suerte, a quien ya pocas cosas le importan excepto su mujer y su hijo. En la novela de Highsmith, Trevanny llega al extremo de dejarse llevar totalmente por la situación, sin afectarle ya cualquier remordimiento o autocensura de caracter moral. De alguna manera se asemeja a Ripley, y así se lo hace saber éste, cuando le asegura que su conciencia sólo le atormentará un breve tiempo, y luego le llegará el olvido. Lo único que le preocupa es que su mujer y su hijo puedan llevar una vida feliz tras su muerte, y que nunca lleguen a saber en qué llegó a convertirse él por dinero. Cavani decide, por otro lado, obviar elementos narrativos que, tanto en la novela como en la primera adaptación de Wenders son de una importancia capital, como la trama de la carta del amigo que compadece a Trevanny por su enfermedad, o el cambio en los informes médicos que empeoran el diagnóstico de Jonathan, elementos que no sólo justificarían el demasiado fácil convencimiento de Trevanny en la actual versión, sino que aportan mucha más luz sobre el entramado del juego de venganza planeado por Ripley en contra de aquél. Asímismo, los asesinatos también se desarrollan de otro modo, de manera especial el primero de ellos. En este caso, la acción ocurre en el interior de un museo, hecho que suma más puntos a la poetización de los escenarios y localizaciones elegidas por Cavani y bellamente fotografiadas por Alfio Contini, pero que no convence como escenario creible e ideal para un asesinato limpio y sin riesgos innecesarios. Ni que decir tiene que la comparación con la secuencia del metro del film de Wenders se salda con un resultado más que desequilibrado en favor de éste. El grado de suspense conseguido en estas escenas por la escritora y sobretodo por la magistral adaptación de Wenders, queda aquí menguado en favor de una búsqueda de escenarios más atractiva y elegante, pero del todo innecesaria para la historia.

El juego de Ripley es una película aceptable, pero cuyos valores quedan reducidos ante la inevitable comparación con la novela, y sobretodo con la adaptación que Wenders bordó en los setenta. Está claro que lo importante de esta historia son los personajes, pero Cavani se pierde en un excesivo centralismo en la figura de Ripley, sin llegar a darse cuenta, parece, de que los hechos que éste realiza, y las personas con las que se relaciona, sobretodo Trevanny, quedan desdibujados e inconexos entre sí. Malkovich-Ripley borda el papel, pero no hay que olvidar que un buen film no depende sólo del trabajo de un único actor, por muy excelente que este sea.