Miradas de Cine POLLOCK, de Ed Harris   MdC
Cartel de la película
Por Alejandro G.Calvo

USA, 2000. TO: Pollock. Dirección: Ed Harris. Productores: James Francis Trezza, Fred Berner, Ed Harris y Jon Kilik. Guión:Barbara Turner y Susan J. Emshwiller; basado en el libro "Jackson Pollock: An american saga" de Steven Naifeh y Gregory White Smith. Fotografía: Lisa Rinzler. Diseño de producción:Mark Friedberg. Montaje: Kathryn Himoff. Música: Jeff Beal. Duración: 132 minutos. Intérpretes: Ed Harris (Jackson Pollock), Marcia Gay Harden (Lee Crasner), Amy Madigan (Peggy Guggenheim), Jennifer Connelly (Ruth Kligman), Jeffrey Tambor (Clement Greenberg), Bud Cort (Howard Putzel), John Heard (Tony Smith), Val Kilmer (Willem DeKooning), Robert Knott (Sande Pollock), Matthew Sussman (Reuben Kadish).

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Los demonios de la creación

Leo en la Nueva Enciclopedia Temática Planeta -no vayáis a creer que tengo conocimientos innatos sobre arte e historia- que Jackson Pollock fue "el representante más destacado del denominado informalismo sígnico-gestual -una de las diversas subtendencias integradas en el informalismo pictórico junto a lo matérico, lo tachista y lo espacialista-, que llegó a desarrollar una técnica, el "dripping" que consiste en derramar pintura directamente sobre la tela, produciéndose en dicha operación "goteos"". Pues bien, la figura de este pintor, como de casi todo artista plasmada en pantalla, controvertido, alcohólico y con ciertas tendencias autodestructivas, le ha servido al exitoso actor Ed Harris para dar su salto a la realización, en un film anclado en la ya más que manoseada estética del cine independiente norteamericano. Pollock es la prueba del gran amor que siente Harris por el sensacional pintor, y en consecuencia, es un claro ejemplo de cómo la más ferviente de las voluntades no tiene mucho que hacer contra la ausencia de talento. Por que, volviendo al estilo pictórico, los aciertos en Pollock no son más que goteos perdidos entre una maraña fílmica, ya vista antes en otros personajes que han acabado resultando más interesantes, sean (Van Gogh, Mozart, Jim Morrison, Charlie Parker) o no (Jake LaMotta, Larry Flint, Randolph Hearst, Richard Nixon) artistas.

Harris construye un vehículo de lucimiento actoral, tanto para él, como para su compañera de reparto, la oscarizada por el film Marcia Gay Harden, intentando hacer honor en todo momento a la figura de Pollock. Harris da así rienda suelta a su vena más histriónica, la que últimamente se empeña en ofrecernos en films como Una mente maravillosa, Las horas o The human stain,y compone a un Pollock torturado, torpe en las palabras, y parco en la comunicación con el resto de gente que le rodea, proyectando sobre el espectador una mirada desigual, nada equilibrada, entre un magnífico artista y un más bien despreciable ser humano. El resultado es un film de curioso interés, cercano al habitual formato de los ya clásicos bio-pics hollywoodienses, donde se presenta más interesante todas aquellas escenas en las que Harris interpreta a Pollock pintando (acompañado por una atractiva banda sonora a cargo de Jeff Beal), donde se consigue mostrar, gracias al esfuerzo físico de Harris, el placer del creador elaborando su obra, que no todo el drama interior que pervive en la pareja debido al carácter fatalista del pintor, donde el film entra en el terreno del melodrama televisivo, salvado en parte por la extraña fuerza que desprende con su interpretación Gay Harden.

La funcional puesta en escena de Harris, que sólo arriesga en un par de ocasiones su mirada, jugando con la profundidad de campo o cambiando el formato del film -cuando están rodando en 16mm un documental sobre su figura-, acompañada de un desigual guión, de escasa relevancia en todos los personajes secundarios (al margen de Pollock y su mujer, no hay ni un solo personaje bien definido -a los que no ayuda nada el cameo del horripilante Val Kilmer cómo el pintor Willem De Kooning-), hacen de Pollock un film fallido, una obra sincera, que huye de los histrionismos de otros bio-pics contemporáneos, cómo Basquiat o Frida, pero marginal en su retrato colectivo de una época y una tendencia artística particular. Ni si quiera le funciona a Harris el tímido acercamiento a la crítica pictórica, que le podría servir como un buen guiño a la cinematográfica, al poseer en guión la interesante amistad entre el pintor y un crítico de renombre -desde Eva al desnudo nadie ha vuelto a plasmar con sabiduría la labor del crítico en el mundo del arte-. Otro film más que se cierne a la norma de que el artista sólo es genio en su arte y no en su vida, que servirá cómo anécdota a estudiantes de Bellas Artes cuando se acerquen a la figura del autor de Composition, o a estudiantes de Comunicación audiovisual, cuando se acerquen tanto a la figura de Ed Harrris cómo al subgénero del bio-pic, o, en último caso, al freak estudioso de los galardones, por el premio obtenido por Gay Harden. Pero poco o nada más.