| TE DOY MIS OJOS, de Icíar Bollaín |
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Inyección de sinceridadEs Icíar Bollaín una cineasta que se ha mostrado preocupada por los temas sociales en las películas que ha dirigido hasta la fecha, y este interés se ha traducido siempre en una mirada honesta, limpia y reflexiva sobre dichos asuntos, tratando siempre de indagar en la complejidad de las cosas que tiene entre manos. Ya en el primer film que realizó, Hola, ¿estás sola?, demostraba que lo suyo era el retrato prosaico de personajes antagónicos a los héroes del cine mayoritario. Personajes cercanos y cotidianos, descritos con una credibilidad a prueba de bomba, como esas pobres chicas (involuntarios mártires de su tiempo, como la Leo de la película homónima de José Luis Borau, papel no por casualidad encarnado por Bollaín) que deciden marcharse un día para "hacerse ricas", y se les cae el mundo encima en su desordenado viaje. O como los protagonistas de su segundo largo, la maravillosa Flores de otro mundo, que reaccionaban (bien o mal) a la visita de aquellas mujeres foráneas con absoluta verosimilitud. Y es que este es el mayor (que no el único) valor de Bollaín como artista: Su nulo interés por embellecer artificialmente las historias, y sí por huír de convenciones y tópicos buscando el mayor respeto por sus personajes, a los que nunca llega a demonizar por muy repelente que resulte su comportamiento. Con gozosa falta de sorpresa constatamos que Bollaín se niega a seguir el camino fácil que supondría cubrir el expediente en un tema como los maltratos domésticos entregando un film-panfleto maniqueo y caricaturesco. Muy al contrario, su tercer largo como realizadora confirma convincentemente su escalada hacia los puestos de cabecera dentro del cine español contemporáneo. Y para ello no duda en aplicar todo lo aprendido hasta ahora en el oficio, no sólo en lo concerniente a la dirección de actores (fabulosa), sino también a la construcción de diálogos y situaciones (recordemos que Bollaín es co-guionista) y a la propia puesta en escena del film, excelentemente planeada. Aunque la temática subyace siempre en la acción, en ningún momento la directora propende a amoldar su historia a una determinada "tesis", distanciándose de raíz de un cierto tipo de cine "de denuncia" que, lamentablemente, parece mucho más preocupado por recalcar una y otra vez sus buenísimas intenciones que por explorar el lenguaje cinematográfico para exponerlas, llegando a resultar, a su modo, tan formulario como el más rutinario cine de consumo. No es el caso de Te doy mis ojos, la historia de un matrimonio tormentoso en el que el hombre desea imponer a todas horas su voluntad y la mujer, que se auto-engaña y le entrega todo lo que tiene (se entrega a sí misma) en nombre de un absurdo ideal de vida amorosa, acaba pagando las frustraciones de su cónyuge. Una historia con final levemente esperanzador, aunque incierto, que nos recuerda que la ira, la furia vacua, la más pura imbecilidad, puede acabar con todo, "romperlo todo", como dice la protagonista en su incomprendida confesión a la policía. Un film que no confía ingenuamente en soluciones fáciles para un problema que es presentado como muy complicado de resolver, por cuanto afecta las relaciones sociales y familiares. Estas situaciones que se generan son tan nítidamente reconocibles que la emoción se dispara inconteniblemente. Hay instantes estremecedores, otros tiernos, otros inquietantes... Hay humor, también, e incluso fugaces instantes de felicidad en la pareja, pero también mucho dolor... Como en la vida, como puede estar sucediendo en cualquier vida de las que nos rodean. Y hay un grupo de actores impresionante (el único despiste es el de Rosa María Sardá, que repite con desgana su sempiterno papel de madre aleccionadora y un poco ordinaria), con mención especial para los dos principales, una Laia Marull a ratos espeluznante (de bien que actúa), y un Luis Tosar que borda su brutal personaje de principio a fin; y con complementos tan de agradecer como Candela Peña, actriz en gran momento de forma y poseedora además de una de las miradas más enigmáticas del cine español (por la cual un servidor confiesa estar completamente hechizado, o encandilado, si no molesta el juego de palabras). El mundo recreado por Bollaín bulle ante nuestros ojos, evoluciona y respira. Resulta creíble, emociona. Es vida filmada. Un auténtico milagro fílmico, de los que no abundan hoy día. Mientras uno contempla el film (y aquí hago crónica totalmente subjetiva, como siempre) nunca imagina que esos personajes no existan de verdad, que sean meras ficciones puestas en pie por actores profesionales. Uno no ve personajes sino que ve personas, semejantes, con sus buenos momentos y también con sus miserias. El amor por lo humano es algo inherente a Bollaín y hace que su cine trascienda y conmueva hasta la lágrima. Al final de la proyección, este humilde cronista escuchó uno de los silencios más profundos que recuerda jamás a la salida de un cine. Te doy mis ojos, en efecto, no es un film cómodo de seguir.. Pero eso es lo bueno, eso es lo valiente. Para salvamentos y demás recursos tranquilizadores de última hora ya están otros, así que agradezcámosle a esta gran cineasta que ya es Icíar Bollaíin tamaña inyección de sinceridad en nuestras, por lo general, anquilosadas pantallas de cine. |