| BASIC, de John McTiernan |
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Narrar lo inexistenteLa carrera de John McTiernan dentro del cine americano puede fácilmente dividirse en un antes y un después de su película El último gran héroe. Los malos resultados críticos y, sobre todo, económicos de este menospreciado film (su inesperado fracaso se produjo, además, en la época de mayor tirón comercial del hoy gobernador Schwarzenegger) hicieron que el apellido McTiernan comenzase a sonar como sinónimo de "peligro" para los estudios, siempre tan preocupados por el dólar. Sin embargo, en los años siguientes McTiernan siguió entregando buenas películas, algunas realmente notables, como El guerrero nº 13 -pese a los rumores de que abandonó el rodaje siendo sustituido por Michael Crichton, autor de la novela-, pero sin llegar a recuperar su estatus de director taquillero. Lo que sí no parece haber perdido aún, pese a cierta irregularidad, es la capacidad de enfrentarse a materiales de derribo y dotarlos de solidez, de espesor dramático o humorístico, siempre siguiendo, a su modo, la tradición de los viejos artesanos del cine de Hollywood (McTiernan es uno de los pocos hombres con algo de inventiva y rigor que trabajan dentro de los estudios), demostrando que no es necesario innovar en el lenguaje cinematográfico para ser un buen contador de historias y un realizador a tener en cuenta. Después del descalabro que supuso Rollerball, remake de la película de Norman Jewison que él mismo produjo y con el que trató de acercarse al público adolescente sin conseguirlo (facturando un film aburrido y pésimamente montado en el que sólo destacaba la presencia de Rebecca Romijn-Stamos -la morbosa Femme Fatale de De Palma- y una secuencia de persecución bien resuelta), McTiernan lleva a la pantalla un libreto del recién llegado a esto del cine James Vanderbilt, autor del guión de un film de terror teen estrenado hace poco en España como En la oscuridad. El guión firmado por Vanderbilt para Basic es, digámoslo ya, un espécimen lleno de burdas trampas, situaciones tópicas y el empeño desaforado de sorprender al espectador cada diez minutos, más o menos, con una revelación crucial. Eso por no hablar de los conatos de racismo que contiene, o de su peligroso giro final, pues como muy bien me ha comentado el compañero José David Cáceres, "la Sección 8 se revela como una especie de GAL antidroga que recuerda a Operación Swordfish o Spy Game". Y encima con la pretensión de dar un discurso sobre los "distintos grados de la verdad" que, en realidad, no son más que un cúmulo de dislates semejantes a los "velos" que el filósofo Descartes (un pensador de segunda línea por mucho que los franceses se empeñen en ensalzarle) aseguraba, con su cinismo habitual, ir quitando paulatinamente a "la verdad". Consciente de tener que trabajar con semejante detritus McTiernan decide aplicarse y extraer todo lo que puede dar de sí este guión, olvidando todo intento de dotar a la historia de verosimilitud, renunciando a la circunspección (no tratando de presentar como real lo que no puede serlo) y potenciando el lado más ficticio del asunto (representando la falsedad de modo falso, como en los flashbacks que no son tales, iluminados además éstos de un modo absolutamente artificioso), consiguiendo la proeza de edificar sobre suelo tan movedizo un distraído thriller que se convierte, no había otra solución, en un juego en el que se pueden encontrar elementos agradables, incluso autoparódicos (los soldados están tan intencionadamente estereotipados como los de Depredador, y el que encarna Samuel L. Jackson parece extraído de un cómic). En realidad los únicos méritos de Basic residen prácticamente en las labores de dirección. El trabajo con los actores es hábil y posibilita las mejores secuencias del film, que son las que comparten John Travolta y Connie Nielsen durante la investigación, entablándose entre ambos una divertida "guerra de sexos" que McTiernan maneja estupendamente. Además aprovecha para hacer una pequeña apología de los placeres de la embriaguez (los personajes consumen alcohol y tabaco) que no es despreciable tal y como están las cosas en el políticamente correcto mundo de hoy. Basic es una obra que no pasará a los anales del arte cinematográfico. Ni siquiera tiene gran relevancia en la carrera de su director. Pero, sin ser un film satisfactorio, atesora aspectos interesantes que van mucho más allá de un guión que roza lo demencial. Y es que no conviene considerar la calidad de un film únicamente en función de su guión, y al contrario. Eso sí, apuesto a que habrá quienes, y en este caso más, vuelvan a crucificar a McTiernan (que en el fondo no deja de ser un tipo modesto) calificándole de "comercial" (¿acaso el más grande -Hitchcock- no lo era?), acusándole de hacer cine "destinado a las masas" (¡qué delito, qué exceso!). Directores como McTiernan nunca obtendrán reconocimiento alguno por parte de aquellos que consideran que las obras valiosas sólo pueden ser confeccionadas como manjar para un club de paladares selectos (del cual, por supuesto, ellos mismos se consideran parte). Allá ellos con sus elitismos: el cine es un medio popular y la reivindicación -necesaria, por otro lado- de cineastas poco conocidos no debe perjudicar a profesionales que han conseguido la fama (y/o el dinero) sin renunciar a hacer bien su trabajo, e incluso haciéndolo de modo muy personal. |