| EN LA CIUDAD, de Cesc Gay |
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Obviemos el marco, olvidemos la ciudadAhora mismo en Cataluña es época de campaña electoral, el domingo 16 de Noviembre se celebran las Elecciones Autonómicas y se escogerá al nuevo President de la Generalitat, por lo tanto, todos los medios de comunicación siguen y persiguen a los candidatos que a su vez siguen y persiguen de modo patético al ciudadano-voto vendiendo más aire del que su vergüenza podría asumir si algo les quedara. Viendo como se desarrolla la campaña puede verse como el magma social de Barcelona (permítanme concretar, que ya se que Cataluña no es Barcelona) es, como corresponde a una (relativa) gran ciudad, de los más heterogéneo. Ya saben, división de clases, que a su vez tienen correspondencia más o menos exacta en la zona de la ciudad donde viven Así, no acabo de entender el título del último y brillante film de Cesc Gay. La ciudad como término abarca muchas y diversas realidades sociales, cosa que desde luego no tiene posterior correspondencia en la película, y no es porque la ciudad donde se desarrolla la película sea Barcelona, que es donde he vivido toda mi existencia, sino porque mediante el título uno tiene la concepción de que se nos va a hablar de un modo más general sobre eso mismo, sobre la ciudad. Quizás este pequeño reproche suene a tontería. Pero es una lástima que al contrario que Allen o Scorsese, dos cineastas ligados a NY y que si han sabido captar la interacción que se puede producir entre un espacio fílmico muy concreto y el desarrollo de la película, Gay no le haya sacado mucho mas jugo a lo que en un principio se apuntaba. Pero vamos, que olvidado este "detalle" hay que rendirse ante los pies del cineasta de Barcelona, pues ha insertado su cámara en un grupo social muy concreto y ha sabido radiografiarlos de modo más que brillante. Variando ligeramente lo que siempre se ha llamado "película coral" ya que todos los personajes se conocen (es más, son un grupo de amigos muy unidos) Gay planta cámara, trípode y luces dejando que la realidad fluya. Esa es la impresión que se tiene durante la proyección, que no hay nada predeterminado, que todo puede pasar porque no pasa nada, son ellos y sus vidas con todo lo que la palabra conlleva, contradicciones, mentiras, apariencias, engaños, secretos, afinidades, alegrías, sorpresas... La estructura del film a nivel narrativo sigue la fórmula habitual en este tipo de casos, de personaje en personaje Gay va mostrándonos retazos de vida de cada uno de los protagonistas y al poco de comenzar, la película ha asentado sus bases y el espectador conoce lo que debe conocer de antemano, ni más ni menos. El enorme acierto, como decía, es que se tiene la sensación que realmente no hay cámara, que no hay una mano detrás que dicte lo que les ocurre y la cosa gana enteros cuando a medida que avanza la película nos damos cuenta de que estamos frente a un espejo porque todos representan algo o a alguien. Eso si, sin caer en los esquematismos de definición de este tipo de películas (un personaje asociado a un tema o a un problema concreto), el arquitecto se equipara a la trabajadora de un museo o lo caótico del profesor de música tiene su correspondencia en la encargada de una librería. Las partes individuales tienen afinidades y correspondencias que conforman un todo reflejado del modo más sencillo, son amigos y viven en la misma ciudad, no hay más. También hay en cada una de las partes (historias, segmentos, personajes ), ciertas particularidades que son las que hacen que siempre nos interesemos por alguna, de las que sin duda las más interesantes, por intensas, y por estar excelentemente narradas y construidas las del cuarteto (y lo dos únicos matrimonios) Mónica López-Chisco Amado y Eduard Fernández-Vicenta N'dongo, son las de más peso tanto narrativo como dramático y son un fiel reflejo de lo que pueden ser el 90% de las relaciones de pareja, no ya en hechos concretos, sino porque representan el amplio abanico de posibilidades, y lo que es mas interesante, sensaciones. Al respecto también de la estructura, pero a nivel más formal, esa sensación de radiografía vital son esos cortes (estratégicos, intencionados, brillantes) que siempre dejan al personaje a media acción (Irene frente al ascensor, la decisión de María Pujalte respecto a Jordi Sánchez, Eduard Fernández ante si se va a casa o no ) que si bien a primera vista puedan parecer como una simple sorpresa sin importancia, no hacen más que reforzar la idea de lo imprevisible de los sentimientos, de nuestras opiniones, de los acontecimientos cotidianos de nuestra vida. No quiero terminar sin destacar el enorme reparto del film, para ahorrarme una enorme lista de nombres y halagos, baste decir que todos sin excepción están excelentes, todos en su registro, en lo que les exige la historia, más difícil aún si se tiene en cuenta la "normalidad" de los personajes y la escasez de grandes picos dramáticos de la historia. ¿Qué importa la ciudad? ¿Qué importa que sean burgueses treintañeros? Nada, lo que importa de verdad es el retrato humano que Cesc Gay ha realizado con esta gran película. |