| HERO, de Yang Zimou |
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Un buen film menorLa última película del genial director chino Zhang Yimou no aparecerá entre las antologías de su obra. Quizá sea una de las dos o tres peores que ha hecho. Y mucho más después de haber enlazado tres peliculones como Ni uno menos, El camino a casa y Happy times. El director de Sorgo rojo, Vivir o La linterna roja ha hecho un trabajo vacío de contenido, pero de formas enormemente atractivas, que es lo único que merece la pena de la cinta. Como también era el caso de Tigre y dragón de Ang Lee, película con la que tiene muchos puntos en común, a la estela de cuyo éxito comercial a nacido, pareja en calidad intrínseca, y con las mismas virtudes y defectos, aunque sea aun más bella la que nos ocupa. Los que conozcan la filmografía de Yimou pensarán al comienzo que se han equivocado de película. El estilo visual grandilocuente y espectacular con el que comienza la cinta es extremadamente opuesto a la sencillez y el lirismo que envuelve (Keep cool aparte) a la totalidad de su filmografía. No choca la belleza estética, el colorido, la luz y los paisajes, que al fin y al cabo han sido siempre parte de la filmografía (de nuevo Keep cool aparte) de este genio que, no lo olvidemos, se inició como director de fotografía. Es más bien esa forma de mover la cámara, esas grúas tan subrayadas (en "el camino a casa" también había, pero mucho menos enfatizadas), los travelings laterales o los efectos especiales tan rimbombantes. Definitivamente, esta no me parece una película de Yimou, salvo cuando se detiene en las conversaciones, reposa la cámara( léase mirada) y escucha. Y esto no ocurre muy a menudo. Yimou se va casi a las antípodas de sí mismo. Además, la temática del film no cuadra tampoco con lo que nos ha enseñado habitualmente. Sus mujeres luchadoras están presentes, aunque no de la forma habitual. Sus historias de amor, o sus problemas sociales están aquí aparcados. Y no es por ser conservador, por no creer que se pueda salir de su cine habitual y explorar nuevos caminos. Ya lo hizo con "keep cool" con buenos resultados en general, o incluso en "happy times". Estoy seguro que él puede narrarnos cualquier historia casi con cualquier estilo. El problema está en que Yimou sabe contar historias muy bien, sabe emocionar y atrapar al espectador, pero aquí ni siquiera lo intenta. Aquí solo quiere fascinarle por la belleza estética, y por la espectacularidad de la acción. Y lo más curioso de todo es que lo consigue. Porque al final sales diciendo -¡joder, que bonita!-. La verdad, con el dineral que ha costado, es lo menos que se podía pedir, aunque gran parte de ello hay que reconocérselo al director de fotografía, Christopher Doyle, situando el listón entre lo mejor de las películas de Yimou. La historia que nos cuenta es sencilla. En la China inmediatamente anterior a la primera dinastía, cuando el país estaba dividido en seis reinos enfrentados en luchas intestinas, un hombre consigue matar a tres peligrosos asesinos que querían acabar con el rey del reino dominante. En recompensa el rey le recibe, le permite acercarse al trono y le pide que le cuente su historia. El resto de la película se desarrolla en flash-backs en los que el héroe cuenta la historia y el rey no le cree y corrige su versión. Así que vemos repetidas las mismas peleas varias veces pero desde distintos puntos de vista, motivaciones y resultados. Algunos han considerado esta película un tanto reaccionaria políticamente. La aparente apología de la autoridad y de la imposición del orden mediante la violencia, que parece surgir en algunos momentos de la película, ha enojado a algunos. Dudo mucho que esa fuera la intención del autor. Primero, Zhang Yimou ha dejado meridianamente claro su posicionamiento al respecto a lo largo de su carrera. Segundo, si vas a contar una leyenda acerca del nacimiento de una nación (y no me refiero a la genial y fascistoide, esa sí, película de Griffith), habrá que ceñirse a los hechos, los cuales en líneas generales sí son verídicos (1). Con todo ello también se puede alegar que si se trata de una película no precisamente muy realista, puedes permitirte la licencia de manipular los hechos y amoldarlos a tus propias inclinaciones, pero el hecho es que la cinta está basada en la historia real, y eso pone un coto a la interpretación de la misma. Moraleja, que si vas a verla olvida todas estas pequeñeces y date un atracón de esteticismo del bueno, que aquí es lo único que cuenta. No puedo terminar sin hablar algo al menos del magnífico reparto de la película. Aunque la mayor parte del público masculino se incline por razones evidentes por la fascinante belleza de Zhang Ziyi, y también resalte el porte elegante de ese gran caminante que es Tony Leung, quien de verdad domina la película es esa gran dama de la escena oriental llamada Maggie Cheung, la inolvidable protagonista de las películas de Wong Kar Way o secundaria de lujo en la magnífica La caja china de Wayne Wang, por ejemplo. Una actriz que a veces mira como un escoplo a una chapa, y a veces como el barniz a la madera. Aquí hace de uno de los asesinos que quieren matar al rey, y cuando no da saltos como una bola loca atrae la mirada por su serenidad y el fuego que oculta su quietud. Según creo Zhang Yimou está ya está rodando su siguiente obra, House of flying daggers (¿la casa de los puñales volantes?). No conozco nada del proyecto, pero acudiré puntual a la cita como siempre que estrena uno de mis directores favoritos de todos los tiempos. Su filmografía por si sola lo justifica. Dudo mucho que haga nada peor que esto, y ya quisieran la gran mayoría de las películas llegarle a Hero a la suela de los zapatos. Confiemos en que puede remontar aun más el vuelo. (1) La suerte de ver la película con un licenciado en varias ramas de historia. |