Miradas de Cine MASTER AND COMMANDER, de Peter Weir   MdC
Cartel de la película
Por Alejandro G.Calvo

USA, 2003. TO: Master & Comander. Dirección: Peter Weir. Producción: Samuel Goldwin Jr., Peter Wier, Duncan Henderson. Guión: Peter Weir, John Colle, según las novelas de Patrick O'Brian. Fotografía: Russell Boyd. Música: Iva Davies, Christopher Gordon, Richard Tognetti. Montaje: Lee Smith. Diseño de producción: William Sandell. Intérpretes: Russell Crowe (Capitán Jack Aubrey), Paul Bettany (Dr. Stephen Maturin), Billy Boyd (Barrett Bonden), James D'Arcy (Thomas Pullings), Lee Ingleby (Hollom), George Innes (Joe Plaice), Mark Lewis Jones (Sr. Hogg), Chris Larkin (Capitán Howard), Richard McCabe (Sr. Higgins), Max Pirkis (Lord Blakeney).

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Corsarios del cine

Se acercan los Óscars, así que desde hoy hasta que en Febrero se repartan los premios vamos a vivir una avalancha de películas que esperan ser candidatas en cualquier categoría para así poder ver incrementadas sus ganancias en taquilla. Master and Commander es la apuesta de Miramax, el regreso por la puerta grande del viejo cine de Hollywood reconstruido y estructurado a base de píxels para que esta aventura bigger than life conmueva, maraville y se enriquezca con el dinero de los contribuyentes. No me gustaría que se me malentienda, Master and Commander es el refrito de una vieja fórmula hoy ya sin vigencia, la de las películas de corsarios y piratas, que sirve para relanzar un subgénero por la puerta grande, de igual forma que hiciera Gladiator con el peplum o El patriota con los films de aventuras bélicas. Por eso M&C sí que es un film interesante mucho mejor que recientes obras como La isla de las cabezas cortadas o Piratas del Caribe, pero no se vengan a engaños, por que aunque Peter Weir trabaje con oficio la cinta, nunca podrá llegar a emular a Raoul Walsh o a Michael Curtiz, ni siquiera a Richard Fleischer o Cecil B. De Mille, aunque... quizás no le haya faltado tanto empeño como corazón.

De ahí que la visión de M&C se transforme en una lucha de poderes dentro de cada uno, entre la satisfacción de ver una obra artesanal bien trabajada e interpretada y la confusión que crea la frialdad de una cinta con una absoluta carencia de presencia dramática. Un espectáculo visual que estimula todo un placer orgánico ante el deleite de la lucha física del ser humano con su violento entorno, pero que sin embargo, huele a manufacturación matemática, adaptación de best seller inclusive, que no permite que el espectador sea inconsciente respecto a la firma de la productora y a las intenciones de esta. En todo momento M&C parece estar repitiéndote que estás viendo un espectáculo de alta calidad y sin embargo, la función motora del mismo, parece ir varias revoluciones por delante de su entramado dramático. En otras palabras, aunque toda la cinta sea un gran acierto estético, los chillidos de Russell Crowe, la fuerza de las olas contra el navío y las secuencias de guerra entre los buques, tienen un poso de artificio que impide que el espectador se introduzca en la cinta, al menos, durante la primera e intrascendente hora y media de película.

Con M&C resulta complicado incluso entender qué realizador está detrás del invento. El que Peter Weir, un realizador irregular con cierta tendencia a lo melodramático, pero al fin y al cabo, un director muy personal, al margen del poco placer que pueda llevar una mirada completa a su obra, sea el firmante, me resulta tan sorprendente como si el que estuviera detrás de esta cinta se llamara Ridley Scott o Gore Verbinski. M&C es una película sin firma, un esforzado trabajo de producción, que pese a que busca llegar a un gran público, quizás solo acabe agradando a los viejos cinéfilos ávidos de regresar a Moonfleet. Posiblemente para poder disfrutar de M&C como es debido, uno debería intentar desligarse de la aparatosidad de las intenciones de la película, olvidarse de ese mensaje grandilocuente intrínseco en el fotograma, y pensar en ella como una obra de artesanía que sólo busca rememorar tiempos mejores para el cine. Aunque esto sea mentira.

Por que incluso pese a la total falta de alma del producto, la fuerza de las imágenes de la cinta al final de la misma parecen dar la razón a los firmantes, pues es en ese último choque entre el Sorpresa y el Acheron donde realmente la cinta cobra la fuerza necesaria para que el drama interno de los personajes salte al espectador y lo salpique entre oleadas de fogonazos de cañones. El Acheron, un buque sin rostro que permanece sumergido en la continua niebla traicionera del océano, por fin perece bajo la garra del capitán Jack Aubrey, en una secuencia tan bella como violenta, verdadera punta de lanza de una película que posiblemente necesite tiempo para reposar, y quizás dentro de unos años, una vez pasada la trascendencia de los premios y galardones, uno se pueda sentar a contemplar un viejo cuento de Hollywood, y quizás entonces podamos saborear sin presión y con mucha felicidad una película que parece más interesante por lo que muestra en imágenes que por lo que insinúa.