| CABIN FEVER, de Eli Roth |
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Buen gustoNo parecía una idea muy original de partida: 5 jóvenes, una casa en el bosque, una noche de juerga, alcohol, drogas y sexo, una visita inesperada y el horror, ay, el horror. Ellos fuertes y estúpidos, ellas guapas y diferentes. La morena de la pasión, la rubia del deseo. Y sombras que se asoman. Carpenter, por supuesto. Comienza como La cosa y termina con el mismo tono que una aventura de Snake Plissken. El niño enloquecido que muerde a los forasteros tiene el mismo corte de pelo que los de El pueblo de los malditos, el lugar donde se desarrolla la acción está entre la iglesia de St. Godards de El príncipe de las tinieblas y el lovecraftiano Hobbs End de En la boca del miedo. De Cronenberg tenemos carne .y espíritu. Vinieron de dentro de..., Cromosoma 3, Videodrome. Canne, canne que decían los Mártires del compás. De Hopper (Tobe no Dennis) la crudeza, de Romero la atmósfera, de Craven el sentido del humor. Y de casi todos, lo bueno más que lo malo, por fortuna. Eso sí, hay muy poco nuevo, muy poco de inventiva, muy poco de innovación. Pero hay mucho de otras cosas. Hay escenas en las que me tapé la cara. Hay momentos que consiguieron sacarme la sonrisa de la complicidad. Cabin fever es la ópera prima de Eli Roth, un nuevo autor que hace que el pastiche no cante a impostura sino que de esa mezcolanza de citas y de influencias emerja una voz clara y contundente. Eli Roth consigue lo que los directores de otros slashers de los últimos tiempos no han conseguido: Erigirse en un autor con personalidad propia que no tiene nada que ver con desconocidos que lo seguirán siendo, al menos en el mundo del buen cine, como Jamie Blanks, Jim Gillespie, Thomas S. Bradford, David Nutter o David R Ellis. ¿ Alguien sería capaz de decirme, sin consultarlo, alguna película de estos señores? ¿No habéis pensado que os estoy dando el quinteto inicial de Michigan State? Pues eso. Esa personalidad está implícita sobre todo en el buen hacer de Roth en la puesta en escena y en la consistencia de su pulso narrativo. La planificación de las muertes de los jóvenes (uy, perdón se me ha escapado) rezuma una elegancia extraña al género, sin cebarse ni ensañarse en la casquería fácil ni en la violencia gratuita. Y eso que es una película donde el gore está presente en la mayoría de los fotogramas. Pero no en el momento de la muerte porque el gore para Roth no es un fin sino un medio, su medio de expresión. Unas palabras suyas despejan incógnitas: En los 70s el cine de terror se basaba en el mal, en la amenaza de algo irracional. El de los 80s se basa en como morirán los chicos. Yo he intentado recuperar el espíritu de los 70s". A destacar también la inexistencia de un enemigo tangible, individual o colectivo, malvado. Aquí el enemigo como tal no tiene cuerpo ni forma, no se oculta tras la cortina ni hay que encontrarlos entre los presuntos inocentes. Aquí es una bacteria, tan inocente y carente de malas intenciones como una simple bacteria. No se trata de un enajenado de oscuro pasado, ni de un joven rico y hastiado por su propio tedio, ni de un grupo de subversivos inadaptados, ni de una horda extraterrestre con fines imperialistas. Aquí el asesino es inconsciente y va por dentro de los buenos. Metáfora al canto que nos habla de muchos males no tan fisiológicos como espirituales de la sociedad americana y, por ende, de la sociedad mundial. Racismo, falta de solidaridad, aislamiento del débil, ocultamiento de lo que no se quiere recordar. Además no existe el factor sorpresa ni el socorrido
whodunit hitchcockiano. Sabemos perfectamente quien está
contagiado y cual ha sido el momento preciso del contagio. No tendremos
triples saltos mortales, ni sorpresas descomunales, ni cabos imposibles
de atar. Otra muestra del buen gusto y del buen hacer del debutante. Secuencias
escalofriantes como la de la depilación de Cerina Vincent En el debe alguna cosilla. Previsibilidad, planicie, personajes unidimensionales, algún chiste desafortunado y la intervención del propio director en plan simpático portando una gran bolsa de marihuana y cuya escena parece estar metida con calzador para el propio lucimiento. Pero realmente poco, concesiones de principiante, que no deslucen parea nada el debut de este nuevo auteur del cine de terror. |