Miradas de Cine TIMELINE, de Richard Donner   MdC
Cartel de la película
Por Joaquín Vallet

USA, 2003. TO: Timeline. Dirección: Richard Donner. Producción: Richard Donner, Lauren Shuler Donner, Jim Van Wyck. Guión: Jeff Maguire y George Nolfi; basado en la novela de Michael Crichton. Fotografía:Caleb Deschanel. Música: Brian Tyler. Montaje: Richard Marks. Diseño de producción: Daniel T. Dorrance. Intérpretes: Paul Walker (Chris Johnston), Frances O'Connor (Kate Erickson), Gerard Butler (Andre Marek), Billy Connolly (Profesor Edward Johnston), Neal McDonough (Gordon), Ethan Embry (David Stern), Anna Friel (Lady Claire), Marton Csokas (Robert de Kere), Michael Sheen (Lord Oliver), Lambert Wilson (Lord Arnaut).

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El viaje a ninguna parte

Una de las formulas más utilizadas por el cine norteamericano (y no sólo el actual) es la adaptación de célebres "best-sellers" con el fin de lograr un éxito semejante en su paso a la gran pantalla. De hecho, son más que constantes los flirteos cinematográficos de estos novelistas quienes, en ocasiones (véase Stephen King como evidente paradigma), llegan a vender los derechos de sus obras incluso antes de escribirlas. Si bien esto puede ser una garantía a nivel comercial, no lo es tanto a escala cualitativa ya que, por línea general, las adaptaciones valen tanto como los libros en los que se basan.

El caso de Timeline es un buen ejemplo de ello. Veamos, se contrata a un buen director, Richard Donner, extremadamente funcional, que domine el cine de géneros (suyas son películas tan diferentes como La Profecía -1976, su mejor film-, Superman -1978- o la saga Arma letal -1989-98) y no anteponga ningún resquicio de personalidad a un proyecto ya configurado de antemano; el guión se encarga a escritores anodinos que no traicionen el material original y que sepan resumir en cien páginas las más de seiscientas escritas por Michael Crichton; se anteponen las exigencias de producción antes que cualquier otro concepto artístico; y, evidentemente, se potencia el "populismo" intentando que la película resulte, ante todo entretenida (objetivo fallado: la película aburre soberanamente), y cumpla las exigencias del gran público.

Ahora bien, ¿qué sucede para que Timeline sea la penosa película que es? Pues, entre otras muchas cosas que se comentarán posteriormente, que la novela de Michael Crichton es, sencillamente, un horror -1-. Uno de esos libros que beben de infinidad de fuentes y que, además de no aportar nada nuevo al campo literario al que pertenecen, resultan extremadamente previsibles, topiqueros y tediosos. El hecho es que todos estos defectos se encuentran en Timeline. Sus más de dos horas de metraje son la escenificación de la impotencia creativa, de una alarmante falta de imaginación a la hora de plantear el proyecto y, lo más lamentable, de una extrema fijación hacia el resultado económico del mismo, tanto a escala presupuestaria (es evidente que la película ha sido rebajada de costes, acercándola casi a una lamentable "serie B") como mercantil (cubrir gastos y obtener beneficios ofreciendo lo mínimo).

Richard Donner ha optado por un trabajo despersonalizado, una "realización" más que una "dirección" al servicio de las premisas impuestas, aportando únicamente el crédito de su nombre. Las secuencias de acción, por ejemplo, devienen grises muestras de opacidad formal, carentes del ritmo adecuado, ejecutadas con pasmosa desgana. Algo que no deja de resultar sorprendente a la par que definitorio: sorprendente porque no hay que olvidar que Donner es el responsable de películas como Asesinos (1995) o Conspiración (1997) que, a pesar de sus defectos, resultaban ejemplares tanto en su ritmo interno como en las escenas de acción. Definitorio ya que esta desidia evidencia el poco interés con que Timeline ha sido dirigida.

Por otra parte, tampoco hay que olvidar que su condición de "entretenimiento dominguero" la condena a que su previsibilidad y puerilidad sea constante. En efecto no existe ni la más mínima sorpresa en todo su conjunto, los tópicos campan a sus anchas y la sensación de obra repetitiva se mantiene a lo largo de su metraje. Por su parte, la puerilidad es moneda corriente en el actual cine norteamericano que tiende a tratar al espectador de "retrasado mental", a dárselo todo masticado y, por supuesto, Timeline no es una excepción; los personajes, absolutamente planos, no poseen ni la más básica psicología, son meros monigotes al servicio de una trama maniquea y fútil: es decir, ideal para que el público no piense y coma palomitas sin parar.

En definitiva, Timeline es otro típico producto de consumo rápido. Un negocio en clave cinematográfica, desprovisto de cualquier atisbo de calidad.

(1) Michel Crichton es un mediocre novelista (otra de sus "perlas" es Jurassic Park. Con esto está dicho todo), poseedor, no obstante de una interesante carrera como cineasta, sobretodo en los años 70, que incluye películas tan notables como El primer gran asalto al tren (1977) o Coma (1978)