| TODO LO DEMÁS, de Woody Allen |
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Profesor AllenTras las últimas y para muchos fallidas- entre los que no me incluyo- La Maldición del Escorpion de jade (2001) y Un final Made in Hollywood (2002), Woody Allen nos sorprende en su cita anual con una nueva comedia, esta vez mucho más acorde con sus memorables éxitos en el género, como fueron Annie Hall (1977), Manhattan (1979) o Hannah y sus hermanas (1986). Aunque se trate de nuevo de un filme que pretenda abrir sus brazos al gran público, que como es sabido, le viene girando la espalda a Allen desde hace años (al menos en Norteamérica), en esta nueva entrega el director trata de regresar al patrón que tantos elogios y éxito le propició en sus comedias más logradas. Recurriendo a la ya habitual fórmula de sorprender con un plantel de actores reconocidos pero a priori quizás inadecuados, Woody Allen cuenta en esta ocasión con dos actores jóvenes para los papeles principales: el idolatrado por las quinceañeras Jason Biggs, héroe de las insulsas American Pie y American Pie 2 (Jim Levinstein, 1999 y 2001) y la enigmática Christina Ricci, quien pese a su edad puede presumir ya de una extensa carrera en el mundo del cine. Biggs interpreta a un joven guionista de comedias, Jerry Falk, que está pasando por un momento de crisis profesional y personal. Su representante (magnífico, como siempre, Danny de Vito) no desempeña su función como debería, aunque Jerry se siente incapaz de prescindir de sus servicios. Este problema, la incapacidad por dejar atrás a las personas que se cruzan en su camino, se extiende a su vida afectiva, en la que Jerry afronta una relación de pareja con su novia Amanda (Christina Ricci) que hace aguas desde hace tiempo. La nula vida sexual entre ellos, las histerias, alteraciones alimenticias y las infidelidades de ella, generan en Falk una crisis personal que se ve incapacitado de solucionar, sumándose al hecho la irrupción de la madre de Amanda (Stockard Channing) en el apartamento que ambos comparten. Junto a ellos, el mismo Allen ejerce de mentor del personaje de Biggs, un tal David Dobel, guionista como Jerry y profesor de instituto,al que aquél le confía sus problemas y a quien sigue a pies juntillas en sus consejos, por paranoicos y descerebrados que éstos sean. El papel que realiza Allen enfatiza el evidente y necesario relevo del protagonismo en sus comedias a otros actores que puedan funcionar bien dentro de su eterno personaje principal, un paranoico repleto de manías que dedica más su tiempo a reflexionar sobre la vida, la muerte o el psicoanálisis que a aceptar las cosas tal y como son. Así, el Kenneth Brannagh de Celebrity funcionó muy bien como alter ego del realizador, aunque a muchos les costó reconocer su valía como tal, y calificaron injustamente la obra de pretenciosa y desmesurada. Quizás por ello en esta ocasión Allen ha apostado por un actor más joven y aclamado por los adolescentes, intentando probablemente con ello llegar a un sector de público que en su mayoría desconcoce su obra y que le podría reportar un éxito de taquilla que le es necesario en estos últimos años. Todo lo demás, sin embargo, es mucho más sencilla en su planteamiento que la magna Celebrity. En esta ocasión, la enorme coral de personajes que poblaban aquella se reduce básicamente al quinteto mencionado. Con este hecho se retoma el esquema de las ya citadas Annie Hall y Manhattan, repitiéndose muchas de las situaciones y temas que en aquellas y otras comedias se proponían, como la paranoia contra el antisemitismo, la crítica del psicoanálisis como solución inútil a los problemas de la vida, la reflexión sobre la muerte y el papel de la religión, la crisis creativa del escritor, la imposibilidad de encontrar la estabilidad en las relaciones de pareja... La realización formal también repite esquemas y motivos, entre los que destacan los diálogos fuera de campo, la metalepsis como recurso de implicación del espectador en la historia -el personaje se dirige directamente al espectador- el encuadre de los actores a través de lentos movimientos de travelling, la utilización de algún jump cut como elemento desestabilizador de acuerdo con la histeria de alguna situación... En este caso, además, Allen retoma el formato Panavisión, que no había utilizado desde Manhattan. El realizador juega con el encuadre enfatizando la amplitud del espacio que le ofrece este formato, como en la magnífica cortinilla situada en el centro que el director inserta durante una conversación telefónica, recurso que divide la pantalla en tres, en vez de las dos mitades habituales. La música también remite a otros films, volviendo a utilizar temas que habían aparecido en otras obras, como la espléndida "The way you look tonight", que ya había sido utilizada en Alice (1990) y en Desmontando a Harry (1997). Esta repetición de elementos enfatiza el carácter sintético de Todo lo demás, y Allen no duda un momento en hacer explícita esta "lección" sobre las directrices temáticas harto repetidas en sus comedias, apareciendo él mismo como una especie de instructor del personaje de Biggs, desdoblándose así en los papeles de maestro y alumno. Parece de este modo que en las conversaciones de Jerry con David se esté mostrando de hecho un diálogo entre el director y su propio personaje, dirigiendo aquél lo que éste debe y no debe hacer, encaminando su actitud hacia la paranoia y enseñándole a reaccionar según lo que los mismos Isak Davis o Alvy Singer de seguro realizarían con su comportamiento. A este respecto, cabe señalar no obstante un cambio en la actitud del Allen/personaje: la paranoia de David es exagerada en este film hasta el extremo de llegar a lo enfermizo, manifestado ésto en las reacciones del personajel al destrozar el coche de unos chulos que le han quitado el aparcamiento o incluso en llegar al asesinato de un policía que ha comparado Auschwitz con un parque temático. Existe pues en la figura de David/Allen una clara voluntad de exagerar el personaje, de ir más allá en las maniáticas y obsesivas reacciones ante los problemas que se le plantean, de manera especial las alusiones al antisemitismo -aunque, paradójicamente, tanto el personaje como el mismo Allen sean reconocidamente ateos-. Quizás se trate de un cambio reflexivo provocado por la traumática experiencia vivida tras los atentados del 11-S y la situación socio-política posterior en Norteamérica. Sea como sea, lo cierto es que la irrupción de la violencia en el filme de Allen (qué magnífica es la escena en la que David propone a Jerry la compra de un arma y todo un arsenal de supervivencia "por si acaso") es algo diferente y rompe en su personaje con la actitud desmesuradamente crítica contra todo, pero a la vez pasiva y conformista. Jerry rechista incrédulo ante los extraños consejos de su mentor, pero a la vez se siente fascinado por él, y aunque ponga en duda sus palabras, finalmente le hace caso en todo lo que le propone, llegando incluso a aceptar huir con él a Hollywood (uno de los horrores de siempre de Allen) para comenzar una nueva vida profesional y personal. Parece que Allen quiera poner en duda todas sus obsesiones, reirse abiertamente de las paranoias que siempre han acompañado a su personaje, y esta disección se realiza de manera totalmente contraria al reflexivo autoanálisis que el director realizó con Desmontando a Harry, parodiando ahora todo lo que en su momento fuese el centro de sus disertaciones más elementales. Allen se repite en esta obra, pero lo hace de una manera totalmente nueva, con una sencillez y transparencia que permiten volver a ver al tan añorado director de hace años, pero con una madurez y una visión retrospectiva que le otorga la vista atrás en el tiempo. Todo lo que en su momento configurase la filosofía existencialista de sus films, es ahora revisado con cariño, concluyendo en la afirmación de que en la vida todas las cuestiones trascendentes son tan importantes como la vida misma, como todo lo demás. |