| FULL FRONTAL, de Steven Soderbergh |
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Apología del vacíoSteven Soderbergh entró con muchísima fuerza en el panorama cinematográfico a raíz de que Sexo, mentiras y cintas de vídeos (Sex, lies and videotape.1989), su opera prima, ganara la Palma de Oro en el festival de Cannes y Wim Wenders le señalara como el futuro del cine. Su trayectoria posterior, brevemente apuntada, consta de dos bloques, el que le confirmo como cineasta absolutamente independiente y la que inició en 1998 con la nada despreciable Un romance muy peligroso (Out of sight). A partir de este film con George Clooney y Jennifer López a la cabeza del reparto, Soderbergh inició una carrera similar a la de muchos otros anteriormente que se basó en el clásico "una para ellos y una para mí", combinando premeditadamente films comerciales con films absolutamente personales. Bajo este patrón no sorprende que Soderbergh sea el mismo cineasta que hizo ganar el oscar a la mejor actriz a Julia Roberts en Erin Brochovick (íd, 2000) y consiguiera el mismo galardón como mejor director con la magistral Traffic (id, 2000). Full frontal, como habrán podido adivinar, se trata de un film personal, uno de los que Soderbergh quiere rodar porque se lo ha ganado haciendo de artesano para la industria. En este caso, se situa justo después del genial divertimento Ocean's Eleven (íd, 2001). Pero Full frontal, al contrario que otros de sus films netamente independientes, contiene ciertas particularidades. Por encima de todas ellas destaca que participen en el film actores de la talla mediática de Julia Roberts (sin duda como agradecimiento al oscar...y por amistad, porque no) o David Duchovny, además de fugaces apariciones de amiguísimos como Brad Pitt, el director David Fincher, incluso el enemigo público número uno de lo fans de Scorsese, Harvey Wenstein, se suma a la fiesta de cameos. Rodada en 18 días mezclando formato digital (con una laboriosa tarea de post-producción detrás) y con película de 35mm. Full Frontal gira en torno a 8 personajes y sus circunstancias personales durante un día concreto. Soderbergh intenta, y a ratos consigue, componer con esas 8 piezas un puzzle entorno a la incomunicación, la soledad, la verdad y la mentira enmarcadas en un contexto actual y alrededor de unos personajes cuyas vidas parecen haber llegado a un punto sin retorno. A muchos les sonará a la magistral Lost in translation (íd, 2003.Sofía Coppola), y aunque a mi juicio el objetivo es el mismo, al film de Soderbergh en comparación, le falla algo. Sin contar la progresión que experimentan los personajes de Coppola, que hacen que los momentos más descaradamente artificiales se conviertan en momentos necesarios, el problema de Soderbergh reside quizá en el haber dejado todo al servicio de la imagen, intentar que el film parezca verdadero y sincero, tan sólo apuntando ideas, en definitiva dejando que todo transcurra como si nadie estuviera allí y estirar hasta el final un film que poco tiene que aportar cuando transcurre una hora del metraje. Vaya por delante que el cine de Soderbergh me apasiona y que este film en concreto no me desagradó, quizá mis expectativas fueran muy altas, como las que se esperan de alguien en quien confías, y al salir de la sala me sentí desconcertado. En parte porque mi inicial defensa a ultranza del film se desmontó una vez se asentó en mi cabeza, pero sobretodo porque Full frontal supone la confirmación que el director de Traffic domina como pocos la imagen en su sentido más genérico pero que si no hay nada que mostrar, toda la belleza, intención y aciertos que puedan tener, se quedan en una mera apología esteticista del vacío. Asumiendo este doble hecho, el de las imágenes y lo mostrado (fondo y forma una vez más), habría que diferenciarlas a la hora de enfrentarse a este film ya que no muestran ningún tipo de reciprocidad. Lo mostrado es a simple vista una vaga idea, un algo que quiere pasar por relato no estructurado, vivo, casi anecdótico, y así lo recoge la cámara de Soderbergh, combinando a la perfección formatos que se asocian con el juego realidad-ficción que contiene el film y que Soderbergh rompe incomprensiblemente con su plano final. Una vez asumido el juego de formatos, donde la cámara en mano digital se muestra perfectamente compulsiva, buscando la proximidad como si así consiguiera la verdad, y asumidas también las condiciones de cada uno de los personajes, asistimos impasibles a un intento por captar una realidad que no termina de ser fluida. Acaso la secuencia de la fiesta de cumpleaños y el masaje que recibe el personaje de Duchovny son lo único que se nos revela como sincero, todo lo demás, aunque en ocasiones llegue a rozar el objetivo (la secuencia en la caravana de Julia Roberts o la discusión entre las hermanas) se nos antoja como artificial, premeditadamente real y convirtiendo en inalcanzable la naturaleza que el cineasta ha querido otorgar a sus imágenes. Como consecuencia directa, la sensación de vacío emocional es también falsa. Se produce así una disonancia entre forma y fondo, (cámara digital-realidad, 35mm-ficción) ya que el juego ha roto sus reglas y no tiene sentido. Más aún observando los títulos de crédito iniciales y finales, que junto al último plano de la película pretenden darle al conjunto un aire de reflexión sobre la naturaleza del cine, y en un campo más general, el sentido de las imágenes que vemos continuamente a través de una pantalla cuando en el fondo no es más que puro exhibicionismo formal sin un sentido concreto. Quizá Soderbergh no haya dado de pleno con este film, que por otra parte, y como viene siendo habitual está magnificamente fotografiado por él mismo, pero cómo ocurre con las películas menos buenas de grandes cineastas, hay una intención que siempre es de agradecer. |