Miradas de Cine KILL BILL Vol.1, de Quentin Tarantino   MdC
Por Alejandro G.Calvo

USA, 2003. TO: Kill Bill Vol.1. Dirección: Quentin Tarantino. Producción: Lawrence Bender. Guión: Quentin Tarantino. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Sally Menke. Diseño de producción: Yohei Tanada y David Wasco. Duración: 111 minutos. Intérpretes: Uma Thurman (La novia/Black Mamba), David Carradine (Bill), Lucy Liu (O-Ren Ishii/Cottonmouth), Daryl Hannah (Elle Driver/California Mountain Snake), Vivica A. Fox (Vernita Green/Copperhead), Michael Madsen (Budd/Sidewinder), Michael Parks (Sheriff), Sonny Chiba (Hattori Hanzo), Chiaki Kuriyama (Go Go Yubari), Julie Dreyfus (Sofie Fatale), Gordon Liu (Johnny Mo), Jun Kunimura (Jefe Tanaka).
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La pasión según San Quentin

"No necesito tener una gran carrera en este momento de mi vida, quiero haber tenido una gran carrera cuando esté cerca del final. (...) Puede que veas una película mía y que no te guste, pero puedes estar seguro que la habré hecho con mi corazón y con mis mejores intenciones. Voy a poner lo mejor de mí en cada película, y si alguna vez hago algo que fracase artísticamente, lo voy ha hacer por las razones correctas." (1)

1.- A modo de introducción (DJ Tarantino)

Siempre me ha gustado pensar que el cine, lejos de pertenecer en exclusiva a la cinefilia, es un arte que debe satisfacer a todos por igual. Con esto no me refiero a que todos los espectadores han de disfrutar con la misma película de igual manera, en absoluto, si no que todos han de encontrar su parcela privada de goce cinematográfico y hacer un filón de ella. Sin embargo, sí que pienso, que los buenos amantes del cine deberían poder disfrutar de todo el cine por igual, pasando por encima de estéticas, corrientes cinematográficas, directores, productores, nacionalidades, entidad dramática, géneros, edad del film, etc..., que es lo mismo que decir, que todos deberíamos saber disfrutar tanto con una película buena, como con una... no tan buena, siempre sabiendo valorar y conocer, por supuesto, la obra contemplada. Que los admiradores de Godard no entiendan las películas de Jackie Chan, y viceversa, es una señal inequívoca de pasividad apetitiva cinéfila, una estrechez de miras aceptable, pero que deviene en algo parecido a tristeza al contemplar como tanto buen y mal cine pasa imperceptible para un espectador selectivo. Cada espectador posee una afinidad concreta hacia un tipo de films, eso es tan indudable como incurable, hasta el punto de llegar a repudiar un cierto tipo de películas, a las que seguro todos llegaremos en cuanto indaguemos un poco más en el inabarcable mundo cinematográfico, por lo que con este escollo insondable es lo que el luchador de la butaca del fondo ha de convivir. Pero siempre de manera activa, sin relajación alguna, si no se puede acabar siendo un simple gacetillero que trabaja con el mismo placer que un sexador de pollos o acabar convirtiendo tu afinidad cinéfila en una mera pose frente a un público incierto.

Toda esta cháchara de espíritu de lucha inconformista, no tendría demasiado sentido sin figuras como la Quentin Tarantino. Él es la prueba viviente de que el mundo del cine es un gran festín del que nunca puedes quedar saciado. Su pasión por el cine cercana a lo necrófilo ha hecho posible que veamos el mundo del cine a través de una mirada tan apasionada como subjetiva, por suerte, con un hombre cuyo talento como guionista y realizador anda a la par de su voracidad cinéfila -por más que muchos intenten tratarlo como un mero artista rumiante que, primero traga películas, y luego, las regurgita a su manera-. En el videoclub de Tarantino caben tanto los films de serie B, la novela negra, la novela pulp, la blaxploitation -en especial los films dirigidos por Jack Hill-, los films de artes marciales, la serie Z, las películas de terror baratas, el western europeo, los westerns de Hawks, Hellman y Fuller, el cine de Hong Kong -2-, el anime, el mundo del cómic, la música (soul, pop y rock n'roll de los setenta y ochenta en particular), el cine de DePalma/ Hitchcock, Jerry Lewis, Scorsese, Mellville, Coen, Leone... y un largo etcétera que no terminaría en un solo artículo, si no, prácticamente en un diccionario enciclopédico. Tarantino siempre acaba acudiendo a la cita explícita en sus películas pero con la habilidad de dejar que la trama fluya a través y no a partir de ella, por eso, ver un Tarantino tiene muchas escalas de satisfacción, entre ellas, pero no la más importante, se halla el descubrir los pequeños homenajes de la cinta, pero esto siempre debe quedar en un segundo plano por detrás de estética, trama y objetivos de la cinta, algo que deviene sencillo gracias al singular sentido de la narración del realizador de Knoxville. Si a otros realizadores se les atragantaba la referencia en el devenir de la película (ya sea gente como Brian DePalma, Bernardo Bertolucci, Giuseppe Tornatore, José Luis Garci o Pilar Miró), Tarantino -como John Carpenter o Alex de la Iglesia- sabe jugar con la baza de la cinefilia a su favor, y por más que su obra esté colmada de guiños, estos pasan a formar parte de la narración, no funcionan como elementos estéticos ajenos a ella, si no como parte esencial en el devenir de la trama.

Es por esto que me niego a comentar Kill Bill Vol.1 en función a sus referencias, que son, una vez vista la lista, interminables. Tarantino deconstruye y construye, se aprovecha de su experiencia como espectador para fagocitar todo el cine que existe en su cabeza y edifica, haciendo honor a su condición de buen auteur, guiones y películas siempre sujetas a su peculiar plástica estilística. El primer volumen, como un LP, de Kill Bill vuelve a ser un guión propio de Tarantino, después de la adaptación del libro de Elmore Leonard para Jackie Brown, tras siete años apartado de la dirección. Hace ya mucho tiempo un amigo de Los Angeles me dijo que los guiones de Tarantino sólo los podía filmar él -en referencia a las oscuras adaptaciones de guiones suyos como Asesinos natos y Amor a quemarropa-, esta sentencia se hace clave para entender un film como Kill Bill Vol.1, cuyo esquemático guión, cualquier otro realizador habría convertido en una chapuza manchada en el celuloide, y sin embargo, Tarantino, la convierte en la mejor obra sobre artes marciales realizada en occidente en décadas.

2.- La feria de la violencia (apología de la gamberrada cinematográfica)

Sin duda mucha gente se habrá sorprendido al acercarse a Kill Bill Vol.1 y se ha hallado perdida al no encontrar en el film tres de las constantes del cine de Tarantino: La primera haría referencia a lo simplista de la trama, básicamente una venganza no muy diferente de las que emprendía Charles Bronson en Yo soy la justicia o Steven Seagal en Por encima de la ley, pero en formato femenino, como en la magnífica La novia vestía de negro de François Truffaut. La segunda versaría en lo referente a los diálogos de la cinta, exiguos frente a la tendencia a la verborrea que poseían los gángsters de Reservoir dogs, Pulp fiction y Jackie Brown, o el realizador de éxito de Hollywood interpretado por Tarantino en su episodio para Four rooms, los personajes de Kill Bill Vol.1, hablan poco y claro, dejando que la forma se coma el fondo, siguiendo una plena tradición oriental. La tercera haría referencia al juego de las elipsis, muy marcadas en sus dos primeros films, alejada de ella en Jackie Brown, su film de corte más clásico hasta la fecha -y con el guión de mayor entidad dramática- y sobre la que parece volverse a alejar en este nuevo film... salvo por una excepción: siempre aparece en off o en flash-backs difusos la matanza a cargo de la banda de Bill (John Carradine en un papel pensado para Warren Beatty), Deadly Viper Assassination Squad, de todos los presentes en la boda de La Novia (Thurman) que dará pie a la consecuente venganza.

Este es un término que repito mucho en los artículos, pero esta vez, se me antoja imposible no decirlo, por que Kill Bill Vol.1 es la película que mejor se adhiere a la sentencia: la cuarta película de Quentin Tarantino es una pura fiesta cinematográfica. Un espectáculo para ir a disfrutar como nunca en el cine, viendo Kill Bill Vol.1, uno tiene la sensación de estar emborrachándose (en el mejor y más divertido sentido del término) en la sala de proyección, es una de esas películas en que deberían dejar quemar las butacas después de haber ha disfrutado tanto. A la postre, no es que no importe que la trama no sea existencialista, es que no puede haber otra para un film de estas características. Y, ¿quién dice que en el cine tengas que sentarte a reflexionar ante cualquier obra? Decir que Kill Bill Vol.1 es un espectáculo hueco no es un ataque, es una definición que en absoluto es perjudicial. Pretender que el film tenga un mayor entramado dramático sería como pretender ponerle una pelea de jiu-jitsu a La eternidad y un día o cambiar la banda sonora de In the mood for love por El canto del loco. A Tarantino además le sobran cuatro líneas de argumento para construir un film que mantiene la coherencia formal de la alambicada e imprescindible Pulp fiction -una de las obras cumbre de los 90-, con multitud de idas y venidas tejiendo un entramado cuyo fin no es tan importante como las transiciones, y es que pocos films tan previsibles acaban resultando tan apasionantes.

La falta de diálogo en Kill Bill Vol.1 pone de manifiesto que es lo que interesa al realizador contar. Este film no necesita de verbo para la descripción de entramado y personajes, Tarantino basa toda su fuerza en la imagen, y ¡qué imagen!, es aquí donde las elipsis del atraco en Reservoir dogs y la pelea de boxeo en Pulp fiction resultan contraproducentes. Kill Bill Vol.1 no se calla nada, y lo hace, con la fiereza y sanguinolencia que resultaría de conectar en el tiempo los films de los Shawn Brothers, Akira Kurosawa y Bruce Lee con los de Takeshi Kitano, John Woo y Takashi Miike (todo ello bajo la atenta mirada de Sergio Leone). Desde luego, buscar la lectura ética en la violencia de Kill Bill Vol.1, resulta tan útil como buscarle valores humanos a Ichi, the killer o Hard-boiled, en este punto es clave la labor artesanal de Tarantino a la hora de confeccionar las diferentes coreografías de lucha del film, en especial la salvaje batalla final, censurada para todo el mundo occidental en blanco y negro -único defecto de toda la película- y manteniendo su versión original para los países orientales. Hay que entender el espectáculo de los cuerpos cercenados y la sangre a chorros como parte del gran wuxia horror picture show propuesto por Tarantino, el film, que prácticamente evoluciona como un musical -de nuevo en el cine de Tarantino, la BSO de la película, se hace imprescindible para su disfrute- está coreografiado como tal, y la fiesta que nos propone el realizador de Reservoir dogs parece tener acceso restringido a los estómagos más sensibles (nada que objetar, mientras no prediquen ideologías fascistoides en contra del film). Por supuesto estoy alabando la obra de Tarantino desde un punto de vista lo suficientemente freak, para saber que, de la misma forma que el aficionado a las artes marciales, al anime, al gore más esteticista, a la socarronería fílmica, etc... puede tener un orgasmo de éxtasis en la sala de proyección, el aficionado que desconozca por completo cualquiera de estos productos (sub)culturales, puede disfrutar prácticamente de igual manera del mismo. Tarantino se hace suya la vía del exceso y la recicla adaptándola a su manera de hacer/comprender el cine, que el espectador esté preparado para disfrutarlo es ya cosa de cada uno.

3.- To be continued...

Estoy convencido que dentro de veinte años quizás hallan regresado las sesiones dobles en cineclubs o filmotecas, y será entonces, al igual que hacía el protagonista de Amor a quemarropa, cuando uno podrá disfrutar de un producto tan netamente pulp como será Kill Bill al completo, apartándose de la hoy comprensible expectación que provocan las películas del cineasta. De momento, aún tenemos que esperar unos meses para que llegue a nuestras pantallas Kill Bill Vol.2, donde La Novia acabará su particular venganza masacrando a Budd, Elle Driver y, por supuesto, al maléfico Bill con la cara de David Carradine, hasta entonces nos despedimos, nos vemos en el cine. To be continued...

(1) Quentin Tarantino a Gabriel Lerman. Publicado en Imágenes de actualidad Nº 233 Febrero 2004.
(2) Recordemos que prácticamente fue gracias a Tarantino que se dieron a conocer en occidente los films de gente como John Woo, Ringo Lam, Jackie Chan, Tsui Hark... y que también reivindicó parte de la obra de Takeshi Kitano, Wong Kar Wai y Tran Ang Hung, entre otros...