Miradas de Cine CONFESIONES DE UNA MENTE..., de George Clooney   MdC
Por Susanna Farré
Cartel de la pelicula
EE.UU.-Canadá-Alemania. 2002. T.O: Confessions of a dangerous mind. Director: MIchael Haneke. Productores: Andrew Lazar y Steven Soderbergh y Rand Ravich (prod. ejecutivos). Guión: Charlie Kaufman; basado en el libro de Chuck Barris. Música: Alex Wurman. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Diseño de producción: James D. Bissell . Montaje: Stephen Mirrione. Duración: 113 min. Intérpretes: Sam Rockwell (Chuck Barris), Drew Barrymore (Penny), George Clooney (Jim Byrd), Julia Roberts (Patricia Watson), Rutger Hauer (Keeler), Kristen Wilson (Loretta), Maggie Gyllenhaal (Debbie), Jennifer Hall (Georgia), David Hirsh (Freddy Cannon).

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Miradas de Cine © 2002-2004

Un debut muy prometedor

George Clooney ha decidido lanzarse a la dirección cinematográfica, y lo ha hecho respaldado por el trabajo de uno de los guionistas mejor considerados en el cine norteamericano actual: el aclamado Charlie Kaufman. Se trata en esta ocasión de un biopic, adaptación de la autobiografía escrita por un controvertido productor televisivo, Chuck Barris (Sam Rockwell), que supuestamente dedicaba su tiempo libre a actuar como agente secreto al servicio de la CIA en la época de la guerra fría. Pero Clooney no sólo se ha visto arropado en su debut por un buen guionista, sino que contaba con el soporte inestimable en la producción de uno de sus mejores colegas, nada más ni nada menos que Steven Soderbergh y su productora Section Eight Productions.

La adaptación de Kaufman toma como base una serie de flashbacks explicativos sobre las vivencias de Barris, quien se muestra en un inicio como un hombre totalmente hundido y repudiado por la sociedad y por la misma cadena televisiva que le encumbró en su momento. Barris rememora su vida desde la habitación de un hotel en la que se ha encerrado para abandonarse a la depresión y al alcohol. A través de estos saltos en el tiempo, el film muestra el ascenso y caída de Barris, desde sus inicios en los años cincuenta en los que comienza a trabajar en la ABC hasta finales de los setenta, cuando es despedido porque sus programas son rechazados y cuestionados por la misma audiencia que permitió su éxito. Entre medio, se exponen los hechos más significativos de la doble vida que el showman televisivo llevaba como presentador y productor y como agente secreto de la CIA, además de sus devaneos amorosos entre dos mujeres: Penny (Drew Barrymore) y Patricia (Julia Roberts). Estas dos mujeres simbolizan la dualidad en la vida y la psicología del personaje. Penny es la chica perfecta, la que lo ama incondicionalmente, la que simboliza la felicidad y la estabilidad que todo ser humano aspira a conseguir. Patricia en cambio es una espía, una femme fatale de la que Barris se enamora pero a la que odia a partes iguales. Patricia es la otra cara de la moneda, la representación perfecta de ese otro mundo en el que la falta de escrúpulos es el requisito perfecto, en el que los principios morales brillan por su ausencia.

La película plantea la equiparación entre la ausencia de moralidad y el vacío existencial que sufre Barris en su faceta como sicario a las órdenes de la CIA, y la misma ausencia de valores que caracteriza la falsa moral de la sociedad que posibilita su éxito y posterior hundimiento profesional en el medio televisivo. Barris es el promotor de una serie de shows para la pequeña pantalla en los que se utiliza como gancho la parte más vulgar y lamentable de los concursantes, las miserias de su vida privada. Así, concursos como "The Newlywed Game", "The Dating Game" o "The Gong Show" (los ancestros de programas que han constituido parte de lo más discutible de nuestra reciente programación televisiva, como "Su media Naranja", "Amor a primera vista" o "Lluvia de estrellas", por citar sólo unos cuantos), son productos televisivos encumbrados en sus inicios por la audiencia e irónicamente rechazados por la misma cuando su espíritu novedoso queda agotado. Es la misma sociedad hipócrita, que recibía con agrado esta distracción, la que considera finalmente que estos shows no son moralmente adecuados, y la que defiende a capa y espada que la ausencia de valores éticos y morales no debe permitirse en un medio tan poderoso como el televisivo, cuando en el fondo lo que les pasa es que las fórmulas se agotan y que ya se aburren con lo que les parece de hecho poco morboso. Esta crítica al medio televisivo y a la sociedad que permite y tolera sus bajos contenidos es presentada en el film de Clooney de manera casi subliminal y sin entrar de lleno en ella, dejando que el espectador inteligente extraiga sus propias conclusiones sobre lo visto, una de las elecciones más acertadas a mi entender, en todo el film.

Charlie Kaufman es un guionista muy valorado en los últimos años. Sus historias son, cuando menos, algo a tener muy en cuenta en un panorama cinematográfico no precisamente brillante en cuanto a originalidad de guiones se refiere. Kaufman conoce perfectamente el medio televisivo (al igual que Clooney, todo hay que decirlo), y de ahí que sea totalmente capaz de hablar sobre él con pleno conocimiento de causa. Su puerta a la fama se abrió con la aclamada Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich, Spike Jonze, 1999), aunque obtuvo el reconocimiento definitivo con la excéntrica Human Nature (ídem. Michel Gondry, 2001) y sobretodo con El ladrón de orquídeas (Adaptation, Spike Jonze, 2002), película bastante discutida por algunos, pero que a mi entender es el mejor guión de Kaufman hasta la fecha. Su colaboración con esta nueva hornada de directores procedentes del mundo y la estética del video-clip, como Jonze o Gondry (con el que ha trabajado en su última obra, la esperada Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004) casa a la perfección con el espíritu de renovación visual y temática que están infringiendo estos directores, renovación que en el caso de Kaufman da un aire de frescura a la anquilosada forma de narrar y a la evidente falta de ideas que estaba protagonizando la escena en el mercado cinematográfico americano. El guión de Kaufman para Confesiones de una mente peligrosa, sin embargo, cojea en algunos aspectos, y está a mi entender muy por debajo de los logros de sus antecesoras. Así, se da una cierta acumulación en la historia de situaciones, quizás brillantes por separado, pero que no acaban de generar una verdadera progresión dramática en conjunto, en la introducción a modo de documento de fragmentos de entrevistas a supuestos colaboradores y conocidos de Barris, que no aportan nada a la trama y que están ahí como podrían no estarlo, y en general, en el desarrollo demasiado fragmentario de una historia que consigue enganchar en contadas ocasiones, dejando la sensación de haber visto un film potencialmente interesante pero que resulta al final un tanto soso, al menos en lo que respecta al desarrollo dramático del argumento.

Lo mejor de la cinta, curiosamente, y digo esto teniendo en cuenta que se trata del debut en la dirección de Clooney, es la realización, en la que se proponen soluciones visuales y de montaje bastante interesantes y novedosas, y que no caen afortunadamente en el artificio ni en el exceso. Así, es de destacar el tratamiento visual y cromático imprimido a las diferentes escenas, tratamiento que se adecúa perfectamente a cada tema mostrado: los colores saturados y chillones para los fragmentos relativos a la carrera profesional televisiva de Barris, fríos y metálicos cuando se trata de plasmar algunas de las situaciones de la doble vida como asesino a sueldo del protagonista en plena guerra "fría" (a excepción de su primer encargo en México, secuencia que recuerda bastante en el aspecto visual al Traffic de Soderbergh (2000)). Clooney propone algunas soluciones de puesta en escena y de montaje muy interesantes, manipulando el tiempo y el espacio de manera original y arriesgada, con resultados más que satisfactorios. Clooney juega con el montaje en paralelo, creando la ilusión de estar siguiendo una misma conversación que de hecho está desarrollada en dos lugares diferentes por el protagonista y dos interlocutores también diferentes, introduce en un mismo espacio a través de un travelling personajes que repiten su aparición realizando diferentes acciones para dar como reusultado un montaje elíptico muy bien llevado a cabo, juega con el espacio visual simultaneando en él la aparición de las dos o más acciones que integran un montaje paralelo... en definitiva, en la película se aprecian muchos momentos destacables a nivel formal y de puesta en escena, lo que deja muy buen sabor de boca y da un voto de confianza en las posibilidades de Clooney como buen realizador filmico.

Otra cosa son los personajes y las interpretaciones que de ellos realizan los actores, y esto de hecho no es algo ajeno a la dirección de Clooney, no hay que olvidarse de ello. No asistimos a un gran trabajo en la caracterización y profundidad de los personajes en el guión de Kaufman, y el trabajo interpretativo de los actores tampoco ayuda demasiado a la credibilidad o empatía hacia ellos. A excepción de Sam Rockwell, quien sí consigue realizar una gran labor interpretativa, el resto del plantel realiza su función quedándose en la mera corrección, siendo en algunos casos incluso decepcionante (Drew Barrymore no luce nada sus cualidades, y construye un personaje que aunque de por sí sea flojo, no llega a mejorar en ningún momento). Al respecto, mencionar el guiño que Clooney le hace al público al introducir durante apenas unos segundos el cameo de dos de sus amigos, nada más y nada menos que los mismos Brad Pitt y Matt Damon, aparición estelar brevísima que conforma uno de los mejores momentos humorísticos del film.

En definitiva, el film de Clooney es en conjunto una obra interesante y que no desmerece en nada su condición de opera prima del afamado actor en el campo de la dirección. Se nota y se agradece que Clooney haya aprovechado su estrecha colaboración con Soderbergh o con otros tantos directores, de los cuales ha sabido extraer no sólo los conocimientos para realizar una obra más que correcta, sino que además lo ha hecho tratando de aportar, no sé si un estilo –aún es demasiado pronto para afirmar algo así–, pero sí una visión personal sobre la creación cinematográfica. Y desde luego, eso se agradece.