Antes del atardecer, de Richard Linklater   MdC
Por Manuel Yáñez
Cartel de la película

EE.UU., 2004. TO: Before Sunset. Dirección: Richard Linklater. Producción: Anne Walker–McBay. Guión: Richard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke, basado en una historia de Richard Linklater y Kim Krizan y en los personajes creados por Richard Linklater y Kim Krizan. Fotografía: Lee Daniel. Montaje: Sandra Adair. Diseño de producción: Baptiste Glaymann. Música: Julie Delpy. Duración: 80 minutos. Intérpretes: Ethan Hawke (Jesse), Julie Delpy (Celine), Vernon Dobtcheff (Encargado librería), Louise Lemoine Torres (Periodista), Rodolphe Pauly (Periodista), Mariane Plasteig (Camarera), Diabolo (Philippe), Denis Evrard (Encargado barco), Albert Delpy (Hombre en el grill), Marie Pillet (Mujer en el patio).

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El brillo eterno del fabricante de recuerdos

Richard Linklater hace un cine que funciona a la manera de una cámara presurizadora. El efecto que tienen sobre el espectador sus películas surge del contraste y la interacción entre el interior y el exterior de la propia obra. Hablamos entonces de un cine de espacios acotados, de mundos regidos por normas particulares, temporales, espaciales o genéricas.

Analicemos el funcionamiento de las tres últimas películas del realizador, Waking Life, Escuela de rock y Antes del atardecer. En Waking Life, Linklater investigaba las posibilidades del cine de animación para recrear el mundo onírico de un personaje incapaz de despertar de su sueño. Aquí, el contraste entre interior y exterior resultaba claro, sueño y realidad. Los límites que acotaban el espacio de la película adquirían varias formas. Por una parte, el rotoscopiado, técnica de animación en la que el dibujo se realiza sobre un material filmado, el límite más obvio. Pero más allá, y aquí es donde se produce el roce entre exterior e interior, la conciencia del personaje protagonista de hallarse en el territorio de su propia inconsciencia. En Waking Life participamos de un sueño, la película no responde ante ninguna convención cinematográfica o racional, se limita a divagar por un espacio abstracto abierta a escuchar las discusiones filosóficas de los personajes que la habitan.

Escuela de rock parece seguir el modelo de la comedia juvenil–escolar, sin embargo es todo lo contrario. Aquí el límite de la película responde a las reglas de un género. Y la interacción entre interior y exterior de la obra consiste en la subversión de esos espacios. Lo que creíamos interior resulta exterior. Si tomamos como modelo del género de comedia juvenil Sister Act, con la que mucha gente relacionó el filme de Linklater, veremos que el canon nos remite a una película en la que un grupo de niños o chicos en un entorno conflictivo confían en un adulto para que los aleccione y reconduzca sus vidas hacia el éxito, la reinserción social. Escuela de rock es el reverso de dicho modelo. En ella, el gran Jack Black se apodera de una clase de escuela high class para redefinir los principios de sus pupilos. El proceso educativo consiste en desacreditar todos los pilares del exitismo social contemporáneo, desde la estricta disciplina, pasando por toda forma de corrección, hasta el capitalismo extremo. Escuela de rock es placentera como el sexo, las drogas o el rock and roll y sus títulos de crédito finales son una conclusión orgásmica, como salida del mundo perfecto e imposible de las películas de Adam Sandler.

Antes del atardecer tiene un límite temporal, indicado ya en su título. Viviremos junto a Jesse y Céline ochenta minutos de su reencuentro nueve años después del día perfecto que vivieron en Antes del amanecer. Aquí interior y exterior son fracciones del tiempo, ochenta minutos y toda una vida. De las tres películas analizadas, el de Antes del amanecer parece el caso en el que más claramente pueden diferenciarse los límites de la obra, ya que el propio espectador los experimenta en tiempo real. Sin embargo, la situación no es tan clara como podría parecer. Podremos ver como todo lo que sucede durante este tiempo privilegiado de reencuentro nos remite continuamente tanto al encuentro anterior, al tiempo vivido entre ambas películas (un tiempo real también para el espectador que vio en su día Antes del amanecer), y mediante un final que proyecta la historia hasta el infinito, al tiempo que vendrá. Como en los casos anteriores, volvemos a encontrarnos con una película que desdibuja continuamente sus propios límites. En esta ocasión, las variables que pone en movimiento el ilusionista Linklater son el tiempo y la memoria.

Hay algo que planea ruidosamente sobre la experiencia como espectador de Antes del atardecer: la presencia devastadora del recuerdo. El recuerdo como figura cinematográfica esencial, el recuerdo como material sobre el que se reflejan, deforman y dialogan obra y espectador, cine y vida. Porque mientras habitamos Antes del atardecer compartimos un tiempo con unos personajes esclavizados por sus recuerdos del pasado, un pasado que es otra película (Antes del amanecer) y el misterioso intersticio entre ambas. Pero una vez la película haya terminado, serán esos ochenta minutos compartidos los que permanecerán para nosotros como recuerdo imborrable. Esclavos de un tiempo ilusorio, del cine.

Encontré, hojeando el último número de Les Inrockuptibles, una lista de películas recientes que hablan sobre la amnesia: Olvídate de Mi de Michel Gondry y Charlie Kaufman, Novo de Jean-Pierre Limosin, Mulholland Drive y El hombre sin pasado de Aki Kaurismäki. Yo añadiría los casos de las magníficas 50 Primeras Citas con Adam Sandler, Paycheck de John Woo y Cypher de Vincenzo Natali. Antes del atardecer podría sumarse perfectamente a esta lista de películas que hablan sobre la desmemoria o la manipulación de los recuerdos. Ya que aunque pueda parecer que la película de Linklater funcione como una fábrica de recuerdos, también nos habla sobre cómo la memoria define nuestra personalidad, y sobretodo cómo deformamos los recuerdos para poder seguir viviendo.

El cine de Richard Linklater, construido sobre ejercicios intelectuales sofisticados, lleno de personajes con los que identificarse con facilidad, parece ser consciente de que su existencia bajo la mirada del espectador es limitada, efímera. Podría decirse que existe sólo para el recuerdo. Es un cine que olvida trabajar ciertos sentidos –el olfato, el tacto y el gusto– para fortalecer su existencia abstracta, conectada a una forma híbrida entre la memoria y el sueño.

Y encontramos al Richard Linklater amante de los sueños, prestidigitador e ilusionista. Un hombre que asumió la tarea de construir sueños perfectos. Y en el centro de sus tretas manipuladoras, la ilusión de continuidad. Una capacidad que comparte con el otro gran mago de la escena que encontramos en nuestras carteleras, Michel Gondry, apodado "El Continuista" por Juan Villegas en El Amante (1). Más en sus maravillosos videoclips para Björk, Chemical Brothers o The White Stripes, que en sus experiencias cinematográficas, Gondry se regodea en su habilidad para componer largas secuencias que tras su apariencia de continuidad esconden todo tipo cortes de montaje inapreciables y efectos de post-producción. Más austero que su alter ego clipero, Linklater utiliza otro tipo de herramientas para montar sus trucos. La primera, el diálogo. Son constantes en su cine las largas discusiones o los brillantes monólogos. Sus personajes poseen el don de la palabra, y son capaces de alternar con pasmosa naturalidad las declaraciones más banales y los discursos más solemnes, a veces indiferenciables unas de otros. Hay en esa naturalidad algo de irreal, de tramposo, de imposible, que llena de encanto los diálogos made in Linklater. Más aún cuando la aparente espesura de esa verborrea no exige erudición alguna. Como apunta Nazareno Brega en las páginas de El Amante (2): Quien jamás se la enfrentó a la filosofía puede acercarse sin miedos a Waking Life y gozar, así como quien al pensar en T.Rex llena su mente sólo con un dinosaurio gigante también puede deleitarse con Escuela de rock. Sus películas (las de Linklater) no exigen un conocimiento previo, sino que hacen que el espectador salga del cine con deseos de sumergirse en el tema.

Podemos imaginar que Antes del amanecer actúa dentro de la carrera de Linklater como Femme Fatale en la de Brian de Palma. Puede ser Antes del amanecer una película acerca del cine de Richard Linklater. Esta crítica podría titularse entonces Linklater juega a ser Linklater disfrazado de Linklater (3). Ya que además de ajustarse perfectamente al mecanismo de funcionamiento de todo su cine, Antes del atardecer atesora varias referencias a sus otras películas. Para empezar, toda la película se construye a partir de lo sucedido en Antes del amanecer. Pero además, hay en las conversaciones y gestos de Jesse y Céline otras referencias al imaginario de Linklater, como el sueño que cuenta Jesse en el que despierta dentro de su propio sueño (Waking Life), o el gesto despectivo que fabrica Céline con su mano gracias al soplido de Jesse, marca de la casa de Jack Black (Escuela de rock). Como nos indicaba Brega anteriormente, no es necesario conocer el cine de Linklater para disfrutar de Antes del amanecer. Lo que sí es seguro es que se saldrá del cine con ganas de conocer en profundidad el universo de este joven (44) realizador norteamericano.

(1) "El Continuista: los trabajos de Michel Gondry" Juan Villegas. Pag 14. El Amante 147

(2) "Cazador de Sueños" Nazareno Brega. Pag 10. El Amante 142

(3) En referencia a la crítica "De Palma juega a ser De Palma disfrazado de De Palma" de Javier Porta Fouz. Pag 8. El Amante 134.