| Ocean's Twelve, de Steven Soderbergh |
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La conciencia de claseEl crítico criticadoJuro que tenía una crítica escrita defendiendo el último film de Soderbergh con motivos más o menos coherentes. Por casualidad, he tenido oportunidad de leer una crítica de este film justo cuando estaba buscando los datos de la ficha técnica y de verdad me he asustado. La crítica en cuestión la firma Joaquín R. Fernández desde las páginas de nuestros compañeros de La Butaca (1). Y he escogido esta revista porque es, a todas luces, una de las más concurridas por los internautas. No crean que son manías, José David Cáceres, de Miradas de Cine, ha calificado este film de abyecto en nuestro topcine, así quedo libre de cualquier sospecha cooperativista, y este “diálogo” que abro va también dirigido a él. Se utiliza en esa crítica una fórmula que detesto y que seguramente todos hemos caído en ella en más de una ocasión. La fórmula en cuestión es la de universalizar el gusto por parte del crítico. Se dice que el argumento carece de elementos que puedan hacer surgir la empatía en el público y que el respetable pronto se aburre. ¡Que peligro tiene considerarse uno mismo el público!, más cuando uno escribe y va a ser leído. Sirva esto también para aquellos que defiendan este film porque les ha entretenido. Desde aquí, muchas veces nos hemos planteado el hecho de que el entretenimiento es algo enormemente subjetivo, que se suele confundir entretenimiento con encefalograma plano. Creo que es mi compañero Alejandro Díaz quien planteo la acertada pregunta: ¿Acaso no puede entretenernos por igual una cinta de Bergman que una de Spielberg?, parece ser que no, o eso dicen. Pero insisto en que haya entretenido o no la película de Soderbergh, será a cada uno, individualmente. Me da miedo que acuse al film de ser un mero juguete…cuando precisamente lo es, y el propio film lo asume desde el principio. Alaba, como lo más destacable de la película, el hecho de que el reparto se los está pasando en grande y se nota, pero por otra detesta la impresión que dichos actores «están improvisando, que no trabajan con un guión definido y de ahí que no existan gags intligentes o situaciones de riesgo que podrían calificarse de intensas o emocionantes». Veo una enorme contradicción en ese razonamiento, pero mi pregunta es que tiene que ver la improvisación con la calidad de las situaciones. Porque espero que nadie crea que improvisar es rodar sin guión o algo así. Se improvisa sobre una base establecida de antemano, no se llega al set y uno se pone a tirar planos según el capricho de sus estrella. En todo caso, la improvisación no tiene nada de malo ni bueno en si misma, pero eso es otra historia. Pero no creo que esto sea lo importante, lo que más me preocupa es la complacencia con la que despacha la puesta en escena, brillante, de este film. Critica el uso excesivo de la cámara en mano (¿), asociando la forma a un contenido. Joaquín R. Fernández, cree que el uso de la cámara en mano es símbolo de «comodidad por parte de cualquier realizador». ¿Comodidad como eufemismo de vagancia? ¿de puesta en escena poco trabajada? Creo que el uso de la cámara en mano, como de cualquier otro recurso cinematográfico responde a necesidades dramáticas, que a uno, le puede parecer correcta o no su elección, nada más. ¿Acaso Fleisher quería comodidad al rodar cámara en mano la ejecución de El estrangulador de Rillington Place?, o transmitir cierta tensión. ¿Acaso Spielberg rodó el desembarco de Normandía porque le daba pereza plantar el trípode? ¿Acaso Soderbergh no anuncia la tensión del personaje de Pitt a través de la cámara en mano cuando recibe la llamada e intenta huir? Seamos serios de una vez y busquémosle a la forma su justificación dramática en el film para determinar si es la adecuada. Si no, no critiquemos el uso de los recursos formales. Si a uno no le interesa interrogarse por las formas que utilizan los cineastas, que no las despache tan alegremente, y que centre su análisis en otros aspectos, que los hay. Ya para terminar, dos apuntes más, a propósito de la fotografía y la música. De la fotografía se nos dice que es inadecuada (sic) y que «no aprovecha la belleza de algunos de los escenarios por los que transitan los protagonistas». No sé, de verdad, que luz es adecuada para este film, si no es la que nos ha regalado Soderbergh. No sé, de verdad, si había sombras inadecuadas, si donde había un desenfoque debería haber habido un zoom y si la utilización de filtros y lentes es la correcta. Muchas veces debería analizar detenidamente esta película y cualquier otra, para determinar la adecuación de la luz en términos generales. Si sé, con toda seguridad y sin miedo a equivocarme, que en momentos puntuales la utilización de la luz es magistral. Si sé que los robos nocturnos, planteados desde la oscuridad, refuerzan la idea furtiva del robo. Si sé que el tono grisáceo de la breve secuencia del entierro, refuerza la idea de tristeza y melancolía. Si sé, que la fotografía es algo muy serio como para despacharlo con un solo adjetivo, sin justificarlo. No me extiendo en el tema de los escenarios y belleza de los paisajes porque me parece de juzgado de guardia. Tampoco quiero entrar mucho al trapo (suficiente lo he hecho ya), con la alucinante expresión a propósito de la música: «No creo que le haya llevado mucho tiempo el componerla». ¡Que divertido es lo gratuíto! Mi opinión¿Mi opinión? Este es un film con conciencia de clase (alejen esta expresión de la terminología marxista). Creo que debe reconocerse la brillantez del film porque asume desde el primer momento lo que es, ni más ni menos. Soderbergh es consciente de lo que hace, con quien lo hace, para que y para quien lo hace. Asumido esto, estamos ante un film perfecto. Soderbergh ha hecho un film con conciencia de clase. A algunos les molesta, o se sienten estafados, totalmente respetable. Pero, creo que los argumentos para enterrar el film en la mediocridad, como mínimo en el caso expuesto, son de perogrullo. Pero lo brillante es que ha recogido los elementos de Ocean's Eleven, y los ha reciclado precisamente a través de las formas. Soderbergh ha hecho el mismo film, pero lo ha diferenciado del primero a través de una narrativa completamente diferente y mediante una caligrafía formal alejada de los parámetros de la primera parte. Además, encontramos en Ocean's Twelve, elementos más que suficientes para considerar el film como una de esas obras que no se toman en serio así mismas, que no pretenden ser más que un divertimento para quien lo ha hecho y que invita, sin obligar a nadie, a entrar en el juego. Si nos gusta bien, sino, también. Soderbergh y compañía no pretenden nada más que alejar su film de cualquier tipo de análisis más allá del juego que plantea, desde la honradez que le faltan a las obras más comercialoides del cine americano. No le busquen más porque no lo encontrarán. Eso sí, Soderbergh es un gran cineasta, y para quien quiera aplicarle las mismas normas que a cineastas mediocres, para quien quiera buscarle tres pies al gato y acercarse a su film desde posiciones puristas porque no han entendido su propósito, tiene argumentos sobrantes para la replica: Su brillante modo de hacer cine. |