| TERCIOPELO AZUL (Blue Velvet, 1986) |
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Escarbando el reverso de lo apacible«Terciopelo azul es un misterio... una obra maestra... una historia visual del despertar sensual, de lo bueno y de lo demoníaco, un viaje subterráneo» (David Thompson, California Magazine). Las palabras de Thompson, que figuran en la carátula de la primera edición en vídeo del film dirigido por David Lynch, sintetizan de manera excelente la esencia de Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986) quizás la mejor película de su autor y una de las obras más extraordinarias del moderno cine americano. A medio camino entre el thriller fantástico, el suspense y el terror, Terciopelo azul es un personalísimo film, que se vertebra todo él en la importancia del lenguaje cinematográfico como herramienta para crear un torrente de sentimientos y sensaciones. Es significativo al respecto el extraordinario comienzo del film: la canción "Blue Velvet" suena de fondo a la presentación de Lumberton, un pequeño pueblo maderero, en el que todo resulta apacible (unos niños cruzan la calle, un coche de bomberos pasea por la ciudad, un hombre riega su jardín)... pero de repente algo trunca la normalidad: el hombre que estaba regando su jardín sufre un ataque y cae desplomado al suelo... La forma de mostrar la intromisión de la anormalidad, lo extraño en un contexto de normalidad aparente está magníficamente conseguido por la planificación de esta secuencia: el primer plano de la manguera retorciéndose, el plano del hombre cayendo al suelo, el descenso de la cámara hasta el interior del césped donde hay unos insectos; en contraposición a los breves planos iniciales de presentación del pueblo, con un significado muy distinto, a pesar de su aprente parecido formal; a lo que habría que añadir el inserto de la manguera todavía expulsando agua, pues, a pesar de lo ocurrido, el tiempo no cesa. Esta secuencia inicial, citada de una manera aproximada por Lynch al comienzo de la no menos extraordinaria Una historia verdadera (The Sraight Story, 1999), sirve para entender el concepto que el director de Montana tiene del cine y de su lenguaje como forma de expresión. Obviamente esta escena no está dialogada y el empleo de la música resulta admirable, lo que lleva a decir ya, que lo que hace que Terciopelo azul sea una obra maestra es su portentosa puesta en escena, por encima de lo que cuenta y de los personajes que pueblan el realto, muy atractivos, no obstante. Pero esto no es fruto de la casualidad, David Lynch ya había demostrado su capacidad visual y expresiva en las magníficas Cabeza borradora (Eraserhead, 1976) y El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) y en la interesante y subvalorada Dune (1984); aunque puestos a buscar parecidos entre el film que nos ocupa y otro precedente de su realizador, éste sería Cabeza borradora, donde la apuesta era mucha más arriesgada y su concepción estaba apartada totalmente de cualquier clasificación reconocible, con unos resultados todavía hoy increíbles. Dejando comparaciones a un lado, es menester centrarse en las punzantes imágenes de Terciopelo azul. El protagonista, Jeffrey (Kyle MacLachlan), regresa a Lumberton tras el accidente sufrido por su padre y se quedará durante algún tiempo. Lynch no duda en incluir la escena en la que Jeffrey visita a su padre, que se encuentra conectado a múltiples máquinas en una imagen tan atroz que invita a pensar lo que vivirá Jeffrey a partir de ahora. Tras descubrir una oreja cercenada en unos arbustos, llevarla a la policía y conocer a Sandy (Laura Dern), se encaminará por un mundo en el que conocerá los recovecos más oscuros de ese apacible -en la superficie- pueblo maderero, descubriendo hechos totalmente inexplicables para él, y para Sandy. Ambos mostraran progresivamente su lógica extrañeza (y en el caso de Jeffrey una morbosa curiosidad como veremos luego) ante ellos: «extrañeza doble; por un lado, evidencia la sensación de desazón y temor, mezclada con la curiosidad en el caso de Jeffrey... por el otro, sintetiza ejemplarmente la perplejidad de Jeffrey cuando descubre que en un mundo tan aparentemente cauto y apacible como el suyo puedan ocurrir ese tipo de cosas» (1). Ese mundo en el que se inmiscuye Jeffrey y, en menor medida, Sandy parte de la curiosidad inherente a la naturaleza humana que quiere conocer y saber. Jeffrey se introduce en ese hábitat desconocido y lleno de horrores, ayudado por la fascinación que le produce Dorothy Vallens (inquietante y conmovedora Isabella Rossellini) la primera vez que la ve cantando el tema "Blue Velvet". Los encuentros entre el joven detective y la mujer son antológicos: 1. Jeffrey espía, fortuitamente, a la intrigante mujer desde un armario del apartamento de ella, consiguiéndose, la identificación completa por parte del espectador con el joven detective y que, a su vez, sea participe desde la misma perspectiva de los horrores que hay del otro lado. Dorothy descubre a Jeffrey, pero, a pesar, de la desconfianza inicial, ella le tomará como un príncipe salvador, teniendo su primer encuentro íntimo. 2. Su segunda cita resulta más clamada, pero no menos desconcertante; ella se encuentra cariñosa y comenta a Jeffrey que le ha buscado en el armario. 3. La segunda vez que se encuentra en el apartamento, harán el amor violentamente -Dorothy ha terminado asociando dolor y placer de manera traumática debido a sus citas con su extorsionador, Frank (Dennis Hopper)- y ella le comentará "ahora llevo tu enfermedad dentro". 4. El último encuentro entre ambos es probablemente el más devastador de todos: de noche, en medio de un altercado entre Jeffrey y el insulso novio de Sandy, aparece Dorothy, completamente desnuda y con múltiples contusiones, como si de una visión o un fantasma se tratara, de entre unos árboles... Parece que comienza el fin del horror. La violencia de Terciopelo azul es mostrada en off realmente, o, por lo menos, de las situaciones más violentas solo se ven sus consecuencias, en una ejemplar concisión narrativa y un admirable empleo de la sugerencia y la elipsis. Al respecto cabe destacar la escena final en la que el panorama que descubre Jeffrey en el apartamento de Dorothy es atroz: el policía implicado en la trama con un disparo en la cabeza permanece erguido y chorreando sangre, el marido de Dorothy está amordazado y con una sola oreja... El empelo de los objetos y de su significado en un plano y su relación con el anterior hace recordar a Alfred Hitchcock: la manguera, la oreja cercenada, las tijeras con las que fue cortada; los distintos significados del vestido de terciopelo azul de Dotohy, cuando está con Frank, cuando está con Jeffrey e, incluso, cuando no lo lleva y sirve de mordaza para su marido... La importancia de la música en las películas de David Lynch es muy grande, de hecho es uno de los pocos directores que sabe emplear con enorme criterio expresivo la música, que, está muy asociada con la puesta en escena. Terciopelo azul comienza con la canción "Blue Velvet", concluyendo con los últimos versos del mismo tema; en la desmesurada y brillante secuencia en la guarida de Ben (Dean Stockwell), éste canta "In Dreams", poco después sonará de nuevo mientras Frank y los suyos apalizan a Jeffrey. Recomiendo, no obstante, la lectura del breve análisis que hace de la música y de Angelo Badalamenti, Quim Casas en su estudio del film (2). Si la música es importante, no lo es menos el sonido en la filmografía del director de Dune, que ya en Cabeza Borradora se puede apreciar qué se puede conseguir con él, y cómo se debe emplear para diversos objetivos: en aquélla los sonidos suplían en ocasiones los diálogos y provocando en el espectador sensaciones de asombro, fascinación, repugnancia y, sobre todo, extrañeza; en Terciopelo azul, el empleo del sonido va desde el realismo absoluto (la escena en la que Jeffrey no oye el claxon del coche porque esta tirando de la cadena, solapándose ambos), hasta la sensación de desasosiego y misterio que provocan los multiples objetos del film, pasando por el repulsivo ruido que Frank emite cuando aspira de la bombona de oxígeno... Terciopelo azul concluye con una escena magistral como si de una cinta de Moebius se tratara: tras el violento desenlace, la cámara en un taravelling en retroceso muestra la oreja de Jeffrey, que descansa en su casa, con todo su familia y la de Sandy; Dorothy ha recuperado su vida anterior y juega con su hijo; un coche de bomberos circula por la calle y todo se funde en un fondo de tercipelo azul... (1) "Terciopelo azul y Río
Bravo", Quim Casas. Colección Programa Doble. Ed. Dirigido
por..., p. 15. Barcelona, 1995. |