| CARRETERA PERDIDA (Lost Highway, 1996) |
|
|
||||||||||||||||||
Una experiencia únicaSiempre es la misma sensación; al escuchar algunas canciones de Zappa, o mientras leo cierto relato de Borges, o al contemplar un cuadro de Dalí. Aunque sé que estoy viviendo algo muy especial, de hecho, excepcional, también tengo la ligera (pero inevitable) impresión de que estoy siendo engañado, de que se ríen de mí. Los tres eran unos genios creadores. Pero probablemente estuviesen todos locos. Algo parecido ocurre con David Lynch y su cine. Sólo una mente enferma podría ser capaz de cosas como Cabeza borradora (Eraserhead, 1977), Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), o la reciente Mulholland Drive (Mulholland Dr., 2001). Todas ellas son experiencias únicas, y uno puede amarlas u odiarlas, pero nunca quedarse indiferente y menos olvidarlas. Este es también el caso de Carretera perdida. Cada vez que veo esta fantástica obra de arte, me gusta más. Es una de esas películas que puedes ver una y otra vez sin cansarte, incluso aunque ya no descubras nada nuevo porque te la sabes de memoria; es como escuchar un buen disco, por decirlo de algún modo. La idea principal surgió de la extraña mente subconsciente del extraño director. Un día soñó que alguien llamaba a su portero automático y decía la enigmática frase: "Dick Laurent está muerto". Precisamente esto es lo que le ocurre a Fred Madison (Bill Pullman), un saxofonista casado con Renee (Patricia Arquette), una tranquila mañana en su tranquilo hogar situado en un tranquilo barrio estadounidense. A partir de ese momento comienzan a suceder cosas muy extrañas. Fred y Renee reciben cintas de video en las que aparece su casa vista desde dentro e incluso pueden verse a ellos mismos durmiendo. Hasta que llega una en la que aparece Fred asesinando a Renee. Fred es condenado a muerte, pero de repente un día en su celda ya no está él, sino el joven Pete (Baltasar Getty) que no consigue recordar como ha llegado allí. De Fred no hay ni rastro. Naturalmente, Pete es puesto en libertad. Entonces vuelve a su trabajo de mecánico y uno de sus clientes habituales, ¡Dick Laurent! (un genial Robert Loggia) aparece en el garaje con su novia, la cual guarda un asombroso parecido con Renee. ¿Entiendes algo? No te preocupes, es normal. Lo increíble es la forma en que la película te atrapa, mientras que tú, lo único que puedes hacer es seguir pegado a la pantalla tratando de desentrañar el misterio, algo que probablemente nunca conseguirás. Cuando ya parece que le encuentras una explicación racional a algo, la película da otra vuelta de tuerca y se te vuelve a escapar de las manos, dejándote incluso más confuso que antes, pero también más ansioso por saber en que derivará el asunto. El guión lo escribió el propio Lynch, en estrecha colaboración con el novelista Barry Gifford, cuya novela "Corazón Salvaje" también fue llevada al cine por el director estadounidense. En cierto modo es una película de cine negro en la que nosotros somos Bogart, intentando entender lo que ocurre; como ya digo, el guión tiene tantas vueltas como se le quiera dar, y tantas lecturas como personas vean la película. No creo que sea cuestión de encontrar una interpretación general, porque probablemente no la haya, pero dentro de lo enrevesado de la historia hay una siniestra coherencia en todas y cada una de las cosas que ocurren. Poco a poco se va cerrando el círculo y al final, ¡que final!. Pero Carretera perdida es mucho más que eso. También es una película de terror. La escena en que Fred y Renee se contemplan en el video mientras duermen. O aquella en que el hombre misterioso (Robert Blake) le dice a Fred que está en su casa en ese preciso instante y le da un teléfono para que le llame allí. Todo ello rodeado por la música ambiental de Angelo Badalamenti, y las canciones de David Bowie, Marylin Manson, o Rammstein entre otros en las escenas de acción. Es también fabulosa la utilización que David Lynch hace del color y del sonido en este film. Un deleite para la vista y el oído. La primera parte de la película transcurre muy lentamente, casi sin diálogos, dejando los anzuelos, y a partir de la desaparición de Fred un torrente de expresividad e imaginación satura nuestros sentidos durante la hora y cuarto restante hasta que nos volvemos a perder en la noche por esa carretera eterna, con su línea amarilla discontinua, mientras suena "I'm deranged", un título la verdad que muy apropiado, y entonces, y sólo entonces, cuando terminan los títulos de crédito, es cuando rebobinamos la cinta y volvemos a dar al play... |