| MULHOLLAND DRIVE (Mulholland Dr., 2001) |
|
|
||||||||||||||||||
Silencio No hay banda Todo es ilusiónDesde su último film, la exquisita Una historia verdadera (The Straight Story, 199), David Lynch me tenía sumamente intrigado por lo que sería su nueva obra. Es decir, un genio como él, que había conseguido poner patas arriba toda su tenebrosidad cinematográfica, creando una obra puramente sensitiva naturalista como es la recreación del viaje de Alvin Straight en su segadora en busca del hermano perdido, ¿qué más nos podía aportar ya de su peculiar universo que nos inquietara y enamorara a la par?. La respuesta es Mulholland Drive, un film, que recuperando el sentido de puesta en escena de films como Carretera perdida (Lost Highway, 1997) y Twin Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walks with Me, 1992), Lynch utiliza para construir y derribar a su gusto los cánones clásicos de la narrativa cinematográfica, haciendo de una historia absolutamente lineal un juego de complicidades entre espectador/obra, exigiendo así una colaboración del espectador más allá de cualquier estupidez cinematográfica actual. Mulholland Drive es el miedo que se posee a la realidad frente al mundo imaginario de los sueños. Resumiendo su argumento en pocas palabras sería: "Una chica desgraciada imagina un pasado idílico, mientras su dolor contrata un crimen". Como todo el mundo sabe ya, Mulholland Drive, el film, existe gracias a la ceguera artística de los productores de la cadena estadounidense ABC, de la que Disney es dueña, al rechazar el episodio piloto que rodó Lynch para una futura serie de televisión (algo curioso pues durante el proceso de producción de la serie "Twin Peaks", Lynch se lamentaba de la dureza del formato televisivo -1-) , lo que tras sufragar el proyecto, se acabó convirtiendo en la excelente obra que hoy corre por nuestras pantallas. Mulholland Drive recupera al cine de Lynch la dualidad de los personajes principales, así el KillerBob/Leland Palmer de Twin Peaks: Fuego, camina conmigo y el Pete/Fred de Carretera perdida, se traducen en Mulholland Drive en los personajes de Betty/Diane y Rita/Camilla, un personaje para la oscura realidad, otro para el idílico sueño. La perversión del american way of life canalizando el amor que Lynch siente por los años 50 y 60 (desde el baile en fondo lila del inicio hasta la película que está rodando Adam Kesher (Justin Theroux, en otra caracterización de protagonista lynchiano -2-) a través de las colinas de Hollywood y los apartamentos estilo El último magnate (The Last Tycoon, 1976. Elia Kazan), convirtiendo el espacio sensual de "Mellrose Place" en una pesadilla, gobernada por la mafia y donde oscuros espíritus se esconde detrás de los locales de fast food. El extenso reparto del film deja enmarcado el carácter inicial del mismo como serie de televisión, permitiendo a Lynch el placer de dejar un puñado de historias abiertas (como el brevísimo personaje Robert Foster) y está coronado por la impresionante labor interpretativa de las dos intérpretes principales, las desconocidas (cuando le preguntan a Lynch el porqué de su elección, dice una verdad de perogrullo: «Todos los actores famosos fueron desconocidos en alguna parte de sus carreras» -3-) Naomi Watts y Laura Elena Harring. Ambas actrices tan carnales como sensitivas con sus personajes, hacen de Mulholland Drive la historia de amor más bonita del cine de Lynch -quizás igualada a la de Sailor y Lula en Corazón Salvaje (Wild at Heart, 1990), pero a años luz de la sosas relación entre Paul Atreides y Chani en Dune (ídem, 1984), y la de Jeffery Beaumont y Sandy Williams en Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986)-, con esa escena culminante en el teatro "Silencio", en un híbrido de la desesperación de Laura Palmer al escuchar las notas tristes de Julee Cruise y el teatro que había en la estufa de Henry en Cabeza borradora (Eraserhead, 1976), donde ambos personajes se desmoronan al oír la letra de la canción "Crying" de Roy Orbison, cantada en español por Rebekah del Rio. La atmósfera inquietante que domina el film, bañada en las tenues y tristes melodías de Angelo Baladamenti, siempre al final superpuestas por los zumbidos roncos de Lynch, queriendo denotar la fragilidad de los momentos, nos llevan a escenas tan terroríficas como cuando las chicas descubren el cuerpo de Diane (?) podrido en la habitación de ésta (¿premonición dentro del sueño?), o a escenas tan surrealistas como el encuentro de Keshler en el rancho con el Cowboy, éste último, más un personaje de las cortinas rojas de Twin Peaks: Fuego camina conmigo, que del universo hollywodiense del film. Y de la misma manera que dentro de un corazón podrido Lynch extrae una sonrisa, de la atmósfera enigmática de Mulholland Drive, consigue con ese humor tremebundo que tiene el norteamericano, crear escenas de un delirio completamente surreal: Como el encuentro con los dos mafiosos productores del film (interpretados por Dan Hedaya y el propio Angelo Baladamenti), en el que uno de ellos vomita el espresso que le acababan de servir, o como la secuencia del triple asesinato más la explosión de una estufa, en lo que debería haber parecido un suicidio. Todo este universo, desmembrado, esparcido y tintado en negro por Lynch, sale a la superficie en forma de pequeñas claves para descifrar el conjunto del film. Sin duda alguna, la llave maestra es la azul piramidal (¿o la azul plana?, ¿o es la misma?), que abre la caja azul (¿os acordáis de "The end" de The Doors?), aquella que nos llevará a un mundo u a otro, al real y al irreal, a la vida y la muerte. O quizás como dice el cantante del teatro "Silencio", todo es ilusión Apuntemos como datos primeros: Una llamada telefónica que no se descuelga, un casting que se pasa con facilidad (escalofriante escena con una Naomi Watts increíble), un director contratando a la fuerza a una estrella, una joven amnésica que adopta el nombre de Rita al ver un cartel de Gilda, un bolso con mucho dinero, un asesino a sueldo y una camarera llamada Diane. Y ahora los datos segundos: Una llamada telefónica que no se puede atender, un casting que no se pasa, un director eligiendo a placer a una estrella, una joven actriz que sabe muy bien quien es, un bolso con mucho dinero, un asesino a sueldo y una camarera llamada Betty. Y entre ellos, un silencio no hay banda una caja azul que se funde en negro, que ordena y desordena, que sale del sueño para entrar en el recuerdo. Lynch, que compartió el premio a Mejor Director en el pasado festival de Cannes con Joel Coen por El hombre que no estaba allí (The Man Who Wasn't There, 2001), y que acaba de perder un óscar a manos del tetraplégico (cinematográficamente hablando) Ron Howard, nos planta su última obra como una reivindicación al cine de autor, a la máxima expresión narrativa. Como un ejemplo de la pasión y el amor por las historias y el cine. Toda una lección de carácter creativo, de narración elíptica, de exploración del cine dentro del cine, en unos tiempos donde la simplicidad general del arte cinematográfico esta al nivel del alcantarillado. Por muchos años. (1) Además de la serie "Twin
Peaks" (1989), Lynch colaboró en la serie "On the Air"
(1992), produciéndola y dirigiendo el primer capítulo y
en "Hotel Room" (1992), una trilogía de historias cortas,
escritas por Barry Gifford. |