| ARIZONA BABY (Raising Arizona, 1987) |
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Familia a la fuerza¿Coyote o correcaminos?De entre todos los films de los Coen es sin duda Arizona baby el que más hereda conceptos de los viejos cartoons de la Warner, en especial de los conocidos personajes creados por Chuck Jones, el Coyote atolondrado y el Correcaminos feliz. Si bien, tanto en films como El gran salto (The Hudsucker Proxy, 1994) y O Brother! (O Brother, Where Art Thou?, 2000) se aprecia la influencia de los dibujos animados, amalgamados en la cinéfila (aunque muy bien estructurada) mente de los hermanos Coen, nada que ver por otra parte con sustraer ideas del mundo del cómic, como algunas veces se ha señalado (de hecho quizás el único film que tenga alguna simbología típica del mundo del cómic sea la última El hombre que no estuvo allí/The Man Who Wasn't There, 2001, al mezclar cine negro con reminiscencias del fantastique); es en Arizona baby, donde tanto paisajes (desérticos, al igual que donde se desarrollaban las peripecias del Coyote y el Correcaminos) como movimientos de cámara, desde la snaky-cam (1), confundida por muchos por una steady cam, hasta los innumerables puntos visuales a ras de suelo, tanto al seguir la moto del maléfico Leonard Smalls (Randall "Tex" Cobb) como cuando se subjetiviza la toma desde la perspectiva de los bebés gateando (desde Tom y Jerry a Chip y Chop), donde la energía, el ritmo e incluso el humor propio de los dibujos animados se hace más patente. El personaje principal, H.I. (Nicolas Cage, divirtedísimo en su patetismo despeinado), hola en inglés, en su afán de conseguir un hijo para así ser la "familia" norteamericana (obligada ideología norteamericana satirizada, una veza más, por los hermanos Coen: Sin un hijo no se es familia, y si no se es familia, no se es nada), acabará convirtiéndose en un híbrido de Coyote y Correcaminos. Coyote, por que, y al igual que todos los protagonistas coenianos, como ya comento en el artículo de Sangre fácil (Blood Simple, 1984), están abocados a las dificultades como destino irrefutable en la vida. Si el Coyote en sus intentos por atrapar al Correcaminos se golpeaba, quemaba, explotada, caía por precipicios, etc , H.I. con paralela suerte, será humillado por su mujer, por los amigos de esta, sus compañeros y amigos de cárcel, los hermanos Gale y Evelle (perfectos en su estridencia John Goodman y William Forsythe), le propinan una paliza en su propia casa, le disparara un tendero pariente lejano de Charles Bronson al intentar robar unos pañales, y sobretodo, cuando el huracán llamado Leonard Smalls le pasa por encima, donde H.I. sólo podrá contraatacar escupiéndole los dientes rotos. Sin embargo, el particular Coyote que es H.I. se distancia de su personaje para convertirse en su antagónico, el Correcaminos, precisamente en el lado menos divertido de este: las persecuciones siendo él el cebo. H.I., como el Correcaminos, corre de un lado a otro, casi siempre totalmente perdido, entre calles oscuras perseguido por la policía, unos perros en celo o el dependiente del badulaque; o a plena luz del día, teniendo detrás al demonio de Smalls pisándole los talones subido a su Harley Davidson. En palabras de Gonzalo de Lucas, «todas estas bromas sobre la sociedad de consmuo fatigan; pero también es cierto que la fatiga es un estado de ánimo de H.I. que los Coen pretenden trasladar al relato. Más allá de su aspecto colorista y sus efectos, la película comprende que adaptar el lenguaje de animación equivale a asimilar las dilataciones, repeticiones, simetrías, disgresiones o abstracciones que se conjugan en la estructura temporal de esa narrativa, tan distinta de la propia del cine» (2). Todo estos excesos, traducidos en un hiperrealismo visual y narrativo, tremendamente divertido, a medio camino entre el slapstick y las road-movies (con incluso algo de western, como ejemplifica la batalla final entre Smalls y H.I.), convierten Arizona baby en un delirio continuo, un cúmulo de situaciones (tragi) cómicas, teñidas por los berreos incontrolables de sus protagonistas. «Arizona baby es una película llena de excesos decibélicos, músicas apocalípticas, explosiones y disparos atronadores, niños que lloran y adultos descerebrados que se desgañitan sin descanso. Arizona baby es la película en que más se grita.» (3) Curiosamente el film al que más se asemeja Arizona baby, en lo que a construcción de personajes se refiere, de la trayectoria de los Coen, no es a ninguno de su filmografía (aunque tenga ecos simbióticos con films como Fargo, 1996 o El gran Lebowski/The Big Lebowski, 1998), sino al film que guionizaron para Sam Raimi, Ola de crímenes, ola de risas (Crimewave, 1985), en que los protagonistas principales, dos "exterminadores" en el concepto más alto del término, como los hermanos Gale y Evelle, se pegan todo el film berreando, tanto cuando infligen como cuando se les inflige dolor. Dicho film, también de estética claramente cartoon, de carácter bastante irregular, en especial por las mutilaciones que la productora le produjo al guión de los Coen, en su ritmo alocado de persecuciones y en lo definido del freakismo de los personajes, conecta con Arizona baby a nivel estílistico, pero muy alejado a nivel cualitativo, siendo el film de los Coen, mucho más sobrio e inteligente en el siempre rico tratado fílmico que los Coen imponen en sus películas. La familia como pilar de la constitución USADentro de la hegemonía autoimpuesta estadounidense sobre el bendito americanama donde la sociedad, arraigada en la familia tradicional, es el pilar de todo un estado vanagloriado de su riqueza, es ya no lícito, sino completamente necesario que existan autores como Tim Burton, John Waters, Tim Robbins, David Lynch o los hermanos Coen, siempre dispuestos a reirse de sus amplias deficiencias como cultura base, de su tremenda hipocresía como sociedad políticamente correcta o de su estupidez crónica en personajes analfabetos sentimentalmente hablando. No deja de ser entendible entonces, que dicha filmografía sea más apreciada desde Europa que desde la propia América, donde les costará aceptar esa riqueza cínica dispuesta a reírse del más listo y del más tonto por igual. Esta claro, o por lo menos así lo entienden los protagonistas de Arizona baby, H.I. y Ed (una debutante Holly Hunter, acertadísima como madre primeriza), que para poder ser una familia hace falta un hijo aunque sea robado. La idea, así, del secuestro del pequeño Nathan Jr., hijo de un nuevo rico llamado Nathan Arizona, que se dedica a la venta de muebles sin pintar, se plantea como un paso necesario, aunque ilegal (para Ed, pese a ser una expolicía, el secuestro es tremendamente factible, pues es más importante ser una familia que cumplir la ley), y como en toda la filmografía coeniana, cf. Fargo y El gran Lebowski, tal incumplimiento de la ley, llevará a los protagonista a un caos personal que acabará desenvocando en una espiral de violencia de impredecible final. Fernando de Felipe lo explica muy bien: "En Arizona baby, la pareja tan sólo tiene sentido como ente reproductor. Incluso el mobiliario doméstico parece estar diseñado a acentuar ese sentido último del matrimonio, o, lo que es peor, su ausencia. Cuando H.I. y Ed se sientan en un sofá tres plazas frente al televisor, lo hacen dejando la parte central vacía, metáfora visual a la vez que síntoma inequívoco de que la falta de descendencia es la causa principal de su distanciamiento como pareja" (4). Por eso sólo cuando tienen a Nathan Jr., es cuando por fin se consigue esa armonía esperada, aunque luego, debido a la estupidez congénita de los habitantes de Arizona, acabe desenvocando en una pesadilla para el bueno de H.I., que al fin y al cabo, sólo quería retirarse de su vida carcelaria. Al final entonces lo que queda para el recuerdo de Arizona baby es en el fondo, lo que queda siempre tras los films de los Coen. Y es que aunque esté un poco lejos, de a mi parecer, las magníficas Muerte entre las flores (Miller's Crossing, 1990), Barton Fink (ídem, 1991) y Fargo, la sobriedad estructural de Arizona baby, así como su peculiar retrato de la sociedad norteamericana de la era Reagan o su absoluta sutileza a la hora de definir un humor entre lo macabro y lo exquisito (desde los horribles niños hijos de la pareja de amigos de Ed a los consejos finales que les de Nathan Arizona a la pareja cuando devuelven al pequeño) y la magnífica puesta en escena, que se hiría con los años hiperbolizando hasta llegar a las cotas absolutamente poéticas de Fargo y El hombre que nunca estuvo allí, hacen de Arizona baby un film obligado para el disfrute y la satisfacción tanto para el público en general como para el cinéfilo empedernido, a no ser que sea de Arizona, claro ¿O era Utah? (1) La snaky-cam se basaba en una cámara
fija a una tabla que transportaban dos operarios pudiendo así sortear
todo tipo de obstáculos. |