| MUERTE ENTRE LAS FLORES (Miller's Crossing, 1990) |
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El triunfo de un estiloUno de los personajes de esta película está obsesionado con la ética en su trabajo. Aunque su visión de la ética sea un tanto peculiar, y no sólo por el trabajo que tiene. En la primera secuencia, el gangster de segunda Johnny Casper (John Polito) intenta convencer al jefe de la mafia local Leo (Albert Finney) de que le deje cargarse a un apostador listillo llamado Bernie Bernbaum (John Turturro) porque se aprovecha de las informaciones de apaños de las peleas de boxeo que hace, lo cual hace reducir sus pingües beneficios. Algo parecido a los primeros tiempos de la trayectoria de los Coen. Tras comenzar como productores independientes, sus primeros éxitos los llevaron a incorporarse a los grandes estudios. Pero su ética no ha variado, y tras dar un buen bandazo al cine negro con esta cinta luego mordieron la mano que les daba de comer con su siguiente película, Barton Fink (id., 1991), parodiando su propia trayectoria. El desarrollo de la película es bastante complejo, como os voy a seguir contando ahora (imposible dar todos los detalles, me saltaré sobre todo los humorísticos, muchos y muy buenos), pero es tal la precisión en los diálogos y la puesta en escena que con unos pocos planos ya lo resuelven con meridiana claridad. Una historia para más de tres horas que es un modelo de economía narrativa, contención formal en la puesta en escena que no impide que tenga un aspecto visual muy expresivo e hipnótico (fotografía de Barry Sonnenfeld suave en las escenas oscuras y brillante y contrastada cuando abunda la luz) y condensación de elementos para potenciar el papel del espectador como constructor en su mente de la película. Aquí tenemos al tipo duro y manejador de los hilos que más palos se ha llevado jamás en ninguna película. Y quizá también al que mejor le salen las cosas improvisando, lo que denota una buena dosis de inteligencia y una suerte descomunal. Tom (Gabriel Byrne) es el consejero de Leo. Es el que siempre le ha aconsejado, el que lleva su liderazgo en la sombra y el que ve las cosas con más claridad. Y cuando Johnny Casper le pida permiso a Leo para matar a Bernie y Leo se niegue, Tom le asegura a Leo que se ha equivocado, ya que Johnny tiene razón y puede tomar represalias (empieza a ser demasiado poderoso). Pero Leo está atrapado por algo aun más fuerte: está encoñado con la hermana de Bernie, la hermosa y manipuladora Verna (Marzia Gay Harden), la cual hará todo lo posible por proteger al capullo de su hermano. Pero Verna y Tom también son más que amigos, lo cual le pondrá en un compromiso entre el amor por ella y la fidelidad al amigo que será el motor toda la cinta. Los problemas comienzan cuando Tom es amablemente invitado por Johnny para convencerle de que delate al apostador a cambio de pagar sus grandes deudas de juego. El no acepta y recibe una buena paliza, que no llega a completarse porque Leo ha mandado a la policía (a la que controla junto al alcalde y demás) a dar un escarmiento a Johnny. Esa noche, mientras Tom está con Verna, los secuaces de Johnny intentan matar a Leo, pero "...el viejo sigue siendo un maestro con la Thomson", y escapa cargándose a los matones. Si algún día quieres rodas un asalto a una casa, apréndete bien esta secuencia. Al enterarse, Tom intenta convencer a Leo de que entregue a Bernie, y para mostrar las intenciones de Verna le confiesa que es su amante, con lo que Leo le expulsa de su lado a puñetazos. Ambas circunstancias darán sensación de debilidad de Leo y fortaleza a Johnny, por lo que la ciudad se pone a favor del italiano. A partir de aquí Tom jugará en la cuerda floja para salvarse a sí mismo y a Joe, y para ello no dudará en pasarse al otro bando para con una jugada maestra y mucha fortuna reventarles desde dentro. Deberá acudir a la improvisación cuando, al ser puesto a prueba, le obligan a matar en un bosque a Bernie (este es el lugar que da título a la película, miller's crossing, ¿el cruce del molinero?, que es el lugar del bosque donde los matones van a cargarse a sus víctimas). Tras sus muchos gimoteos, no le mata y le dice que huya y no vuelva, pero este no es tan magnánimo y pronto se presenta de nuevo en la ciudad para aprovecharse de Tom. Mientras tanto, tiene que luchar contra el lugarteniente de Johnny (que controla a la policía y el alcalde) por desvelar su faceta homosexual y además intentar poner a Johnny en contra suya y de sus amantes. Y Verna, que busca venganza por la presunta muerte de su hermano. Por no hablar del prestamista al que debe una buena cantidad de dinero de apuestas perdidas, cuyos secuaces le persiguen con ahínco, lo que le proporciona otra paliza más, pero con la orden de no romperle nada, porque le cae bien. En una frenética última parte, consigue convencer a Johnny de la vileza de su secuaz, y este le mata con sus propias manos (mejor dicho, con su propia pala). Se libra de Verna, la cual le encuentra pero no se atreve a matarle, quizá porque aun le ama, y consigue quedar con Johnny y con Bernie en su propia casa sin que ambos lo sepan, y al encontrarse allí Bernie mata a Johnny. Entonces Tom le saca el dinero a Johnny, mata a Bernie (dos de los muertos más sorprendidos que yo haya visto en el cine) y avisa a su corredor de apuestas de que ya tiene dinero para seguir apostando. Por supuesto, con esto Leo recupera el control de la ciudad, alcalde y policía incluidos, y en el entierro de Bernie le ofrece a Tom volver a empezar, disculpándose por los puñetazos que le dio y comunicándole que se casa con Verna. Tom se niega, y en un final que recuerda un poco al de "el tercer hombre" Tom se queda junto al cementerio mientras Leo se aleja. Me da la impresión de que los Coen saben que todos hemos visto muchas películas de gangsters, y que por lo tanto no necesitan explicar muchas de las cosas que nos muestran, dejando que el espectador ate cabos y rellene los huecos. Muchas de las historias son planteadas de forma muy esquemática (la relación entre Tom y Verna, entre el matón de Johnny y un par de jugadores, ...), saltando de unas historias a otras sin que la densidad de contenidos llegue a despistar o distraer al espectador, ni por ello descuidar situaciones o personajes, a los que se llega a conocer hasta el punto de prever sus reacciones (al final no dudas de que Tom matará a Bernie, por mucho que este se confíe a su verborrea y sentimentalismo, o de que no aceptará las presumibles disculpas de Leo, ni de que Verna no le perdonará, aunque quizá sigan viéndose esporádicamente...). Los diálogos son chispeantes e ingeniosos, con toques de humor a veces de lo más macabro, y secuencias de una violencia a veces crudísima, mezclada con imágenes de enorme belleza plástica que me hacen recordar un poco a las películas de Kitano y otros cineastas orientales con su lirismo y su crudeza (los Coen se confiesan admiradores de Kurosawa, por ejemplo). Como han seguido demostrando desde entonces, sobre todo en la siguiente y genial Barton Fink, los Coen son poseedores de un estilo marcado que hace inconfundibles todas sus películas, y al que no han renunciado ni trabajando con cuatro duros ni con las mayors. El talento visual unido a una claridad en la construcción de las historias y personajes les convierte en los narradores más originales de cuantos hacen cine hoy en día, y sin duda para mí en esta película es donde todos estos elementos han alcanzado su máxima expresión, dando la que para muchos de nosotros es su mejor obra. |