| La crítica contra Wilder |
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| Sin duda alguna, la crítica cinematográfica, parece, en su vertiente de fenómeno de actualidad, totalmente efímera y absurda. Y ese razonamiento, totalmente contradictorio en palabras de alguien que se dedica precisamente a este quehacer, por más doloroso que resulte, lo encuentro bastante cierto. La mirada que se ofrece de un film recién estrenado, comparada con la que se tendrá de este film cincuenta años después, acaba siendo tan diferente (sea por el efecto que sea: el dispar envejecimiento del film, la nostalgia cinéfila, la mitificación o desmitificación del director del film, los contextos histórico-sociales que la rodeen, ...), que puede llegar a ser totalmente contrapuesta a la idea inicial. Hay que saber aceptar esta fragmentación, así como saber distinguir entre una crítica hecha a pie de butaca de estreno, con un estudio más detallado de la obra, eso, por lo menos, sí que es obvio. Me gustaría, con este prefacio, que a la vez que leamos las respuestas que la crítica cinematográfica obsequió a Wilder en su día, intentemos entender la dificultad de las lecturas de una obra a su estreno, y lo que se entiende ahora de ellas, una vez Wilder ya ha sido elevado a categoría divina (y no sólo por Fernando Trueba). Pero, evidentemente, esta no es la única mirada posible, por supuesto también en el mundo del cine hay necios que se dedican a la crítica, ya no sin criterio ni rigor, si no sin, lo que es más grave, respeto y cariño por aquello que están viendo. Censores, moralistas, ultra-religiosos, Carlos Boyero... vaya, fascistas del arte, también levantaron (y levantan) su voz contra todo tipo de films (no sólo de Wilder) tachándolos de inmorales, escandalosos... y un montón de apelativos a cual más desagradable que, sinceramente, se los podían haber ahorrado, por el bien del cine, pero sobre todo, por el bien de la crítica. Y regresando a Wilder, bueno, el bueno de Billy, a la vez que tenía un reconocimiento de público cada vez más mayoritario, pese a su latente cinismo y sarcasmo crítico en muchos de sus films (El gran carnaval/The Big Carnival, 1951; El crepúsculo de los dioses/Sunset Blvd., 1950; Bésame, tonto/Kiss Me, Stupid, 1964; Primera plana/The Front Page, 1974), recibía una y otra vez agresiones por parte de críticos tan reputados como pueden ser James Agee o Pauline Kael (además claro, de padecer los continuos ataques de Godard, Truffaut y demás nouvelle vaguistas que consideraban al director norteamericano un cineasta vendido al comercio). Evidentemente, ni tanto, ni tan poco, Wilder, como todo director cinematográfico, hizo films mejores y peores, unos dignos de elogio (la mayoría) y otros algo más desafortunados. En fin, he querido recoger en este artículo la respuesta de la crítica de la época de los estrenos de los films de Wilder, y como toda recopilación, evidentemente, es incompleta y escueta, pero espero que sirva para entender un poco la cinematografía del cineasta y su ambigua (por decirlo de alguna manera) relación con la crítica. Los artículos los he obtenido de la revista "Nickel Odeon" en su número diez, correspondiente a la primavera del 98. A la vez estos artículos habían sido recopilados del libro de Kevin Lally "Aquí un amigo" de Ediciones B. El mayor y la menor (The Major and the Minor, 1942) Michael Browser, New York Times: «Película muy intensa ( ) un guión cargado de situaciones muy logradas y fragmentos brillantes", y, en referencia a Ginger Rogers, «...una de las mejores interpretaciones de su carrera». Archer Winsten, New York Post: «El inconveniente de El mayor y la menor es que demasiados espectadores se ríen a la vez y demasiado fuerte. Uno se pierde frases que, si son igual de divertidas que las frases que se escuchan, valdría la pena oír». Cinco tumbas al Cairo (Five Graves to Cairo, 1943) Bosley Crowther, New York Times: «Cinco tumbas al Cairo es, casi con toda seguridad, la película de guerra más heterogénea que se haya filmado hasta la fecha. Tiene un poco de todo para todo el mundo, siempre y cuando a esas personas les importe todo un comino». Perdición (Double Indemnity, 1944) Bosley Crowther, New York Times: «Básicamente entretenida pese a su ritmo monótono y a su duración... Los protagonistas carecen del atractivo necesario para transmitir su carga emocional... Tiene un realismo que recuerda al gancho de algunos films franceses del pasado». James M. Cain, autor de la novela: "Tuve que ver Perdición al menos una docena de veces por varios motivos, y no me aburrió nunca. Tengo que reconocer que Billy Wilder hizo una labor extraordinaria. Es la única versión cinematográfica de una de mis novelas en la que aparecen detalles que ojalá se me hubiesen ocurrido a mí. El final de Wilder es mucho mejor que mi propio final, y el recurso de hacer que el tipo contase la historia mediante un dictáfono... yo lo habría hecho si se me hubiese ocurrido». Días sin huella (The Lost Weekend, 1945) Bosley Crowther, New York Times: «Una película desgarradoramente realista y morbosamente fascinante una obra maestra del séptimo arte». James Agee, The Nation: « poco común, dura, tensa, cruel, inteligente y directa», pero también dijo no encontrar en ella nada que pareciese «... nuevo, muy particular o de interés creativo». Charles Jackson, autor de la novela: «No tuve absolutamente nada que ver con la filmación de mi novela, así que tengo pleno derecho a decir con toda franqueza que es mi cuarta película favorita de todos los tiempos. Las tres primeras son: El delator, Sin novedad en el frente y La quimera del oro». El vals del emperador (The Emperor Waltz, 1948) Bosley Crowther, New York Times: «El vals del emperador es un proyecto capaz de convertir el Danubio azul en oro reluciente Muchísimo sentido del humor». James Agee: «En el aspecto positivo este semimusical resulta divertido y está bien estructurado porque Charles Brackett y Billy Wilder se han empleado a fondo con lo que han aprendido de las comedias de Ernst Lubistch. En general es una buena obra de entretenimiento. En el aspecto negativo, ladra y pilla por sorpresa cualquier pierna desprevenida». Berlín-Occidente (A Foreign Affair, 1948) Leo Miskin, Morning Telegraph: «Sencillamente, no creo que la idea de un capitán coriendo tras las faldas de una mujer relacionada con el entorno de Hitler comunique demasiado bien el espíritu de una comedia». Richard Corliss, de su obra Talking pictures: «Ésta es la clase de película que puede hacerle a uno aborrecer la obra entera de un director o de un guionista. Berlín-Occidente muestra la faceta más vil de Wilder», y en referencia a como Wilder había otorgado a la actriz principal Jean Arthur: «...fotografiada con la delicadeza de un elefante en una cacharrería, como si fuera una delincuente en una de esas fotos para la ficha policial». El crepúsculo de los dioses (Sunset Blvd., 1950) Thomas M.Pryor, New York Times: «El crepúsculo de los dioses es esa rara mezcla de guión clásico, interpretación magnífica, dirección magistral y fotografía discretamente artística con la que el público queda hechizado de manera automática y cautivo de un clímax desgarrador». Philip Hamburger: New Yorker: « pretencioso trozo de roquefort poco saludable desdén por nuestras estrellas más veteranas». El gran carnaval (The Big Carnival, 1951) John McCarten, New Yorker: «Compendio de sátira amorfa, melodrama mal concebido y guión en el que ni siquiera una varilla de zahorí encontraría una pizca de ingenio», y llamó a Kirk Douglas «la versión más absurda de un periodista que he visto en mi vida». Traidor en el infierno (Stalag 17, 1952) Bosley Crowther, New York Times: « humorística, llena de suspense, perturbadora y conmovedora». El crítico del New Yorker, que aborrecía la obra teatral, dijo que la película no había conseguido mejorar su opinión general, pero que le había gustado la interpretación de Holden. Sabrina (id., 1954) Bosley Crowther, New York Times: «
la major
comedia romántica de los últimos tiempos» y aseguró
no haber disfrutado tanto con una comedia romántica desde que viera
Sucedió una noche (It Happened One Night, 1934. Frank
Capra), hacía veinte años. La tentación vive arriba (The Seven Year Itch, 1955) Bosley Crowther, New York Times: Señalaba el espectáculo de la Monroe ataviada con los sugerentes vestidos de Travilla como la razón principal por la que el público acudiría en masa a los cines. Mientras que sobre el actor principal dijo: «...existe un cierto vacío e incluso tedio en la ansiedad del señor Ewell». El héroe solitario (The Spirit of St. Louis, 1957) Bosley Crowther, New York Times: «No vemos casi nada de Lindbergh como persona, ni su vida privada, ni sé qué es lo que le anima a emprender su aventura». John McCarten, New Yorker: «Mientras el libro revelaba que Lindbergh era un personaje bastante perspicaz, en la película tenía mucho más carisma que uno de esos jóvenes de sonrisa radiante que aparecen en los carteles de reclutamiento de las Fuerzas Aéreas». Ariane (Love in Afternonn, 1957) Revista Cue: Se lamentó de que el papel de Frank Flannagan se le hubiera concedido «... a un desgarbado, curtido, aletargado y -seamos sinceros- arrugado Gary Cooper en el papel de un joven enérgico Don Juan». Bosley Crowhter, New York Times: «En el pedestal en el que la reputación de Ernst Lubistch había estado descansando todos estos años, habrá que hacer ahora un hueco para alguien más: ese alguien no es otro que Billy Wilder». Testigo de cargo (Witness for Prosecution, 1957) Bosley Crowther, New York Times: «Para ser un melodrama de tribunales sujeto a una única trama... Testigo de cargo resulta una película extraordinaria». New Yorker: En referencia a Charles Laughton, «... interpreta sus deberes legales con todos los gemidos, jadeos, resoplidos, suspiros, exhalaciones y demás aspavientos que el guión -y el director- puede soportar... Laughton domina el proceso con la satisfacción de un viejo actor que ha encontrado la horma de su zapato». Con faldas y a lo loco (Some Like it Hot, 1959) John McCarten, New Yorker: «Un experimento alegre y despreocupado capaz de rescatar buena parte del viejo absurdo frenético de Mack Sennet para la pantalla». Arthur Knight, Saturday Review: Decía que las risotadas traían a la mente el recuerdo « de aquellos gloriosos días de la screwball comedy y de los hermanos Marx». Obispo McNulty, presidente del Comité Episcopal de Cinematografía, Radio y Televisión, en una carta a Eric Johnston, presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores Cinematográficos de Norteamérica: «...transgresión flagrante del espíritu y las normas del código Hays... Un film de estas características sólo puede ayudar a que la sociedad dé un mayor apoyo a aquellos que están a favor de la censura legal». El apartamento (The Apartment, 1960) Archer Winsten, New York Post: «Una de las comedias más divertidas y atrevidas de la temporada Una sátira perfectamente nítida... La película será un éxito, excepto entre los más puritanos, claro está». Ann Marsters, Chicago American: Bajo la premisa de «La película es repugnante», comentaba que el film «... es un signo alarmante de nuestra degeneración moral». Leo Mishkin, New York Morning Telegraph: « libertina, lasciva, asquerosa y repulsiva» y aseguró haber visto «... mejores chistes pintarrajeados en las vallas de los jardines por los niños pequeños». Dwight McDonald, Esquire: «El apartamento carece de estilo o de buen gusto: va alternando patetismo y bufonadas si orden ni concierto... inmoral, es decir, deshonesta». Uno, dos, tres (One, Two, Three, 1961) Dwight McDonald, Esquire: «¿Hay algo más vulgar o de peor gusto que una farsa ambientada en el Berlín Oeste y cuya fuerza cómica reside principalmente en una alegre sucesión de chistes sobre la guerra fría?... 'Lo próximo será hacer chistes sobre un cáncer de pulmón' me comentaba una amiga tas el prestreno... Me avergüenza un poco que me reí más con Uno, dos, tres que con Zazie en el metro, Atraco a la iglesia y El ojo del diablo [tres comedias famosas de la época] juntas». Arthur Schlesinger Jr., Show: «La especialidad de Billy Wilder consiste en patinar sobre una delgada capa de hielo y provocar la risa con ideas que, contempladas desde su vertiente más sobria, no resultan en absoluto graciosas. Creí que el hielo se había roto cuando hizo El apartamento, pero Uno, dos, tres es audaz, hábil y maravillosa». Pauline Kael, Film Quarterly: «Como espectadora, me sentí humillada y asqueada Uno, dos, tres es una película recargada, de mal gusto y ofensiva, una comedia que consigue carcajadas igual que una sonda extrae orina... Wilder camina sobre seguro, es un director avispado y vivaz cuyo trabajo carece de sentimiento, pasión, gracia, belleza o elegancia. Tiene los ojos puestos en el dólar, o, en el mejor de los casos, en las fórmulas de entretenimiento que ataren el dólar; pero nunca antes, a excepción tal vez de El gran carnaval, había mostrado un desprecio tan descarado por el género humano». Irma la dulce (Irma la Douce, 1963) Brendan Gill, New Yorker: « igual de divertida que una atrofia muscular» y calaificó el guión de «modelo de vulgaridad». Leo Mishkin, Morning Telegraph: « espectáculo más vulgar, vergonzoso y repugnante del año, un ejercicio impúdico y ridículo de pornografía más adecuado para un prostíbulo que para su exhibición en salas comerciales». Hal Wallis, productor cinematográfico, en una carta al jefe de la Oficiana Hays: «... un trozo de celuloide pornográfico, salaz, de mal gusto, obsceno y ofensivo... lo único digno de admiración en esta película ha sido su habilidad [de Wilder] para darles a ustedes gato por liebre y obtener el sello de aprobación de su oficina. Esta es sin duda la cosa más asquerosa que he visto en la pantalla en toda mi vida». Bésame, tonto (Kiss Me, Stupid, 1964) Thomas Thompson, escritor: «Durante años Billy Wilder ha caminado desafiante por la cuerda floja que separa el refinamiento de la salacidad, pero con Bésame, tonto, ha sufrido una aparatosa caída... Una monstruosa broma pesada, motivo de vergüenza para el público, los actores y la industria que ha alumbrado su creación». Judtih Crist, New York Herald Tribune: « la película más repugnante del año» y, haciendo gala de una educación incomprensible, especulaba sobre la posibilidad de que Peter Sellers hubiera sufrido su ataque al corazón tras haber leído el guión completo. Lycurgus M.Starkey Jr., pastor de la Iglesia Metodista de Muncie, en declaraciones a la NBC: «Las películas de Billy Wilder han sacudido los cimientos de las costumbres sexuales, han glorificado la promiscuidad, han ensalzado la prostitución y elevado el adulterio a la categoría de virtud». En bandeja de plata (The Fortune Cookie, 1966) Vincent Canby, New York Times: «Estupenda y tétrica alucinación llena de chistes... caricatura explosivamente divertida y llena de acción sobre los aprendices de timador». Richard Schickel, Life: «Una taladradora cinematográfica utilizada con brutalidad sobre esas zonas de cemento del espíritu humano donde la codicia y la estupidez han estado atrincheradas durante tanto tiempo. Tiene todos los defectos de una máquina de perforar: es dura, ruidosa y te saca de quicio. Posee, sin embargo, una virtud que compensa todos esos inconvenientes: es una película ácida y atrozmente divertida». La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970) Vincent Canby, New York Times: "Un Billy Wilder muy suave mezclado con un atrevido Sherlock Holmes, puede que no sea la mezcla ideal, pero resulta amena y agradable". Pauline Kael: Se lamentó de que Billy Wilder hubiese hecho una película de detectives «que no conseguía despertar la curiosidad del espectador». ¿Qué paso entre tu padre y mi madre? (Avanti!, 1972) Donald J.Mayerson, Cue: «Resulta difícil creer que este agrio chianti proceda de las exquisitas viñas de Billy Wilder e I.A.L. Diamond». A.H. Weiler, New York Times: «Divertida a ratos, encantadora, bonita y por desgracia, demasiado larga». Primera plana (The Front Page, 1974) Vincent Canby, New York Times: «Primera plana, desprende una amargura frívola que resulta insólita en cualquier film excepto en los del señor Wilder. Además, la mayor parte del tiempo es extremadamente divertida». Pauline Kael: «La nueva versión cinematográfica es todo lo contrario [en referencia a lo brillante que consideraba ella la obra teatral]. Las frases atropelladas del guión, que tan graciosas resultaban en el pasado por su carácter preciso, aparecen ahora sin orden ni concierto, convertidas en puro ruido infernal». Fedora (id., 1978) Stephen Farber, New West: «Es demasiado lenta para muchos espectadores, y demasiado compleja para algunos críticos sabihondos y cortos de vista que se vanaglorian de ser los más modernos e informados. Con todo, creo que será una de las películas más perturbadoras que jamás se hayan hecho sobre Hollywood». Richard Schickel, Time: «Nos piden que aceptemos una forma melodramática de contar historias, cuando esa forma ya está pasada de moda desde al menos hace un cuarto de siglo». Kathleen Carroll, Daily News: «Es de principio a fin, una absoluta antigualla aquejada de arthritis y resulta un doloroso espectáculo para el espectador, porque demuestra que Wilder no sólo está desconectado por completo del mundo que le rodea, sino que además su talento ha ido menguando hasta límites insospechados». Aquí un amigo (Buddy Buddy, 1981) Vincent Canby, New York Times: «Simple, pero irresistible La comedia más despreocupada y ligera en la que cualquiera de ellos [Wilder, Lemmon, Matthau] solían hacer». David Denby, New York: «Wilder y Diamond han perdido el contacto con la realidad hasta el punto que han sido capaces de conservar su pureza cáustica». Rex Reed: «La película es como un pez de colores medio asfixiado que yace sobre una alfombra de naylon haciendo patéticos esfuerzos por respirar». |