NINOTCHKA (Ninothcka, 1939. Ernst Lubitsch)  
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Por Carlos Rosal
Billy Wilder
Miradas de Cine © 2002

Antes de hablar sobre el guión de Ninotchka, seria imperdonable no hablar brevemente sobre uno de los grandes cineastas de la historia. Si uno dijera que Lubitsch es el mejor, nadie se escandalizaría. Pero desgraciadamente Lubitsch al igual que una lista innumerable de cineastas, es un absoluto desconocido (más allá de los cinéfilos). Resumir el cine del maestro es imposible, tan sólo decir que es el hombre logró que expresar uno de los más bellos alegatos antibelicistas en un solo encuadre (uno de los que abre Remordimiento [Broken Lullaby, 1932]), consiguió mostrarnos increíbles noches de amor encuadrando una cama vacía y un cenicero o hizo que nos desternilláramos de risa mostrándonos como se cerraba una puerta…por no entrar en su "toque". En definitiva Lubistch es uno de los nuestros, es uno de los que nos hace amar el cine.

El guión escrito por Billy Wilder, Charles Brackett, Walter Reisch y con la colaboración no acreditada del propio director sigue una estructura clásica basándose en la regla de los tres actos (Blue Print). Una estructura seguida por el 99% de los guiones de la historia del cine, por muy vanguardista que sea la puesta en escena o el planteamiento visual. Ninotchka sigue al pie de la letra dicha estructura, Wilder (le nombrare sólo a él para acortar) define a todos los personajes justo en el instante en que aparecen en la trama. Los tres enviados Irianoff, Vulchanoff y Kopalski están dibujados en apenas tres minutos, lo que dura la secuencia inicial en el hall del hotel, y demostrando que el desprecio hacia las imágenes iniciales es una de tantas manchas que arrastra el cine actual. La condesa con sus tres primeras frases ya se gana la antipatía del público o la propia Ninotchka cuando llega a la estación de ferrocarriles. Y es que Ninotchka es un film con un ritmo que viene apuntado desde el guión y sobretodo en el primer acto del film con diálogos rápidos, réplicas, respuestas, indirectas, dobles sentidos…un ritmo que se ve correspondido la puesta en escena y la utilización de la música.

Quizás lo peor del film sea que ese ritmo impreso a lo largo de todo el primer acto, decaiga en gran parte del segundo con unas secuencias demasiado teatrales y que en algunos casos llegan a cansar cuando el planteamiento de la historia gira en torno al romance entre Ninotchka y el duque. Secuencias en las que el planteamiento del guión sólo se basa en ese romance y olvida todo lo demás.

Se observa una voluntad por parte del equipo de guionistas de querer hacer evolucionar a los personajes hasta un estatus absolutamente opuesto al que en el principio del film se nos había mostrado. Si los tres enviados y la propia Ninotchka eran unos socialistas convencidos, acabaran por pasarse al "otro bando" y descubriendo de este modo un mundo nuevo. Lo mismo ocurre con el duque, un ser inicialmente cínico y vividor que acabará descubriendo el amor y…haciéndose la cama y leer a ¡Marx!. Esta evolución de los personajes es independiente a las ideas políticas que defienden cada uno de ellos, todos sin distinción cambian, supeditando de este modo la historia cómica y romántica a un guión demasiado politizado. Además esa ligera e inevitable politización de los personajes esta utilizada como un recurso mas para definir y justificar algunas actitudes de los personajes y nunca es objeto de juicios morales por parte de los guionistas, todos tienen sus cosas buenas y malas.

Lo que destaca sobretodo en este film (a parte de que la Garbo ría) son los diálogos, una cualidad que Wilder desarrollaría posteriormente en su etapa como director. Son numerosos los diálogos graciosos que hacen que más de una sonrisa asome por la boca del espectador y que hacen que en los momentos en que la trama se detiene en seco en las secuencias que he se desarrollan en el piso durante el romance, la narración no se resienta y pueda hacerse más llevadera.

Con todo Ninotchka es una gran película que se basa en un excelente guión que falla en momentos puntuales pero que hace que cuando finaliza la proyección esa sonrisa que tanto nos cuesta esbozar, visto como esta el mundo, dure un par de minutos.