| BÉSAME, TONTO (Kiss Me, Stupid, 1964) |
|
|
||||||||||||||||||
«La película más repugnante del año» ¡¡¡!!!Tras las anteriores Con faldas y a lo loco (Some Like It Hot, 1959), El apartamento (The Apartment, 1960), Uno, dos, tres (One, Two, Three, 1961), e Irma la dulce (Irma la Douce, 1963) todo el mundo esperaba lo mejor de Billy Wilder. Cuando se estrenó, Bésame, tonto fue incomprendida (o quizás comprendida demasiado bien) por una sociedad norteamericana que, tan "puritana" como siempre, se escandalizó ante una película con cierta picaresca sexual que trataba tan abiertamente y en tono de comedia un tema tan serio como el de la infidelidad en un feliz matrimonio; prostitutas que van a la iglesia, una esposa que acaba prostituyéndose a su vez mientras el marido está con otra meretriz vamos, que la cosa no hizo mucha gracia. Así pues, y aunque vista hoy en día puede parecer incluso inocente en algunos momentos, la película fue seriamente maltratada tanto por la crítica como por el público, éste también influenciado muy probablemente por las feroces críticas de la Liga Católica de la Decencia (para más inri, retratada a la perfección en la película por un cura y dos ancianas mojigatas que van por las casas recogiendo firmas para cerrar el bar de alterne del pueblo). Wilder se vió forzado incluso a recortar alguna escena (concretamente un beso adúltero de Felicia Farrécon Dean Martin) para ver si podía suavizar de algún modo la avalancha de vituperios que se le vino encima, pero aún así, la cosa no le pudo ir peor. En parte debido a la mala acogida que tuvo en un principio la película, hoy en día se la considera una de esas pobres desgraciadas que persiguen en sus pesadillas a cualquier gran director; efectivamente, me estoy refieriendo a las "obras menores". Dean Martin interpreta al archifamoso cantante y estrella de Hollywood Dino, en un plan totalmente autoparódico, que cuando un buen día entra en Climax (un pueblo de Nevada, que nadie piense mal) no puede ni imaginar lo que se le avecina. Orville J.Spooner (Ray Walston) es un profesor de piano felizmente casado con Zelda (Felicia Farré) que compone canciones en su tiempo libre junto con su amigo Barney (Cliff Osmond), el empleado de la gasolinera de al lado. Cuando Dino se detiene a repostar en la gasolinera rápidamente idean un plan para retenerle en casa de Orville, y así intentar venderle sus canciones. Pero Orville es tremendamente celoso, Dino tiene fama de mujeriego, y Zelda es una gran admiradora del cantante El papel de Ray Walston estaba siendo interpretado en un principio por Peter Sellers, pero debido a un infarto, finalmente tuvo que ser sustituido por Walston, con el consiguiente retraso al tener que volver a rodar algunas escenas. Hay que apuntar que Sellers acababa de casarse con una jovencita de veintiún años, a la que doblaba en edad, y que según él, tuvo el ataque tras hacer el amor con ella. Si bien es cierto que sólo con imaginar a Sellers metido en el papel del lúnático de Orville, ya es para reírse a carcajadas, Walston está inmejorable. Y por supuesto, tenemos a la explosiva (y nunca mejor dicho) Kim Novak, en el papel de "Polly la Bomba" , una de las "camareras" del bar de alterne de Climax que se hará pasar por la esposa de Orville. El guión, (una adaptación de L'Ora Della Fantasia, una obra de teatro de Anna Bonacci) una vez más y como venía siendo habitual desde 1957, fue fruto de la colaboración de Wilder y I.A.L. Diamond. Como no podía ser de otra forma, está plagado de geniales diálogos, situaciones, y personajes. La primera media hora de la película es excelente, con la presentación de los protagonistas, sobre todo la de Orville (y sus continuos celos que van desde el lechero al dentista de Boston -"estrangulador de hogares felices"- e incluso hasta su alumno de catorce años), pero no consigue mantenerse igual durante las dos horas del metraje, y termina por hacerse larga, no porque le sobre nada, sino porque le falta el ritmo que caracterizaba a los antes mencionados films de Wilder, aunque siga habiendo risas de por medio. El epílogo también estropea un poco el acabado; parece una forma fácil de buscar un final feliz que no era necesario. Pero si quitamos el epílogo, ¿qué título le pondríamos a la película? Merece una especial mención la banda sonora en general y el empleo que se hace de la música, que es perfecto. Ésta, se integra de tal forma en la película que llega a convertirse en un protagonista más. Empezando por una siniestra melodía recurrente que aparece cada vez que Orville sospecha algo. La melodía suena, y justo entonces Orville (como si la música le avisara) vuelve la mirada (perdida) hacia la pantalla mientras recapacita en lo que acaban de decirle o en lo que acaba de ver, y esto le da pie a pensar (con una facilidad asombrosa) que su mujer se la esta pegando. Por otro lado están las canciones de Orville y Barney, con unas rimas malísimas -como cheese, con vienese y con Mona Lisa(Mona Lis)!!!, por poner un ejemplo- pero a la vez muy pegadizas (sus auténticos autores eran los hermanos Gershwin), o la conocida For Elise, de Beethoven, primero maltratada por el alumno con las continuas correciones de Orville (que luego repetirá con Polly), o la que canta Dino al comienzo de la película mientras intercala una serie de chistes malos de los que se ríe todo el mundo menos un camarero, que es lo que realmente hace gracia al espectador. Gracias a la mala acogida y a los increíbles calificativos, más bien insultos, que la película recibió (en el N.Y.Herald Tribune llegó a leerse que era «la película más repugnante del año», algo que todavía no alcanzo a comprender), hasta el propio Wilder llegó a convencerse de que había hecho un mal film. Lo que está muy claro es que se levantó un escándalo considerable. A mí desde luego me parece una gran película, aunque ensombrecida por las anteriores maravillas que hizo el director, y contiene algunos de los momentos más divertidos de toda la filmografía de Wilder: la clase de piano, la discusión de Orville y su esposa, donde él tiene preparado medio pomelo para lanzárselo a la cara a la primera de cambio (no tanto por el diálogo en sí como por lo extraño de la situación), o tras la cena con Orville, Dino, y Polly, el momento en que el marido resignado con Polly cogida en brazos, le entrega su supuesta esposa al ebrio galán: «Oh, discúlpeme, me he dejado arrastrar por, eeh . Tenga». |