| FEDORA (Fedora, 1978) |
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El crepúsculo de los monstruosWilder, finales de los 70. Como viene siendo habitual en Hollywood, nadie quiere financiar a aquel cuya edad ha superado determinado límite, los seguros no cubren eventuales problemas en el rodaje, ni aunque haya sido uno de los grandes en esto del cine, ni aunque sin él, no existiera el cine (al menos tal y como lo conocemos hoy). Wilder busca financiación en Europa para un extraño proyecto, y lo consigue. Es una película muy alejada del tono Wilder. No es comedia, es tragedia, es una vuelta de tuerca al macabro y truculento El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950)", y la película resultado, es un film retorcido y sombrío, que es rechazado por crítica y público y que supondrá el adiós casi definitivo del maestro (solo volverá a dirigir Aquí un amigo -Buddy Buddy, 1981- con los eternos amigos Lemmond-Matthau). Fedora para los que la hayan visto, es difícil de olvidar, sobre todo por la cantidad de coincidencias, de guiños y de señales ocultas que hacen pensar en una posible base real para tan extraño relato. Al borde del retiro, Wilder se encuentra al otro lado del espejo desde el que observaba a Gloria Swansson. Ahora es él, la vieja gloria que lucha por poder rodar, por volver bajo los focos, y la edad es un dictador cruel que tiene a Hollywood bajo su tiranía. Para construir el entramado de suspense y bajada al los infiernos del cine, para construir ese paso al otro lado del espejo, Wilder, consciente del carácter de reverso tenebroso y complemento que el film tiene de su anterior obra maestra El crepúsculo de los dioses, vuelve a contratar a William Holden para dar vida, no ya a un guionista como él al comienzo de su carrera, gigoló de camerino (aunque este dato, y el del apodo de "Dutchie", que Holden tiene en Fedora nos remiten a esto), sino a un director venido a menos, con la intención de volver al activo con proyecto de financiación extranjero. Si añadimos a todo esto, la amistad Wilder-Holden, y que el personaje central de Fedora que interpreta el actor norteamericano, se llama Detweiler Wilder, tenemos una correspondencia completa, un alter-ego perfecto. Wilder por lo tanto, retoma Sunset Boulevard y lo translada a una isla griega perdida, y vuelve a poner a Holden interpretando a Billy Wilder en la ficción, y lo hace descender de nuevo al infierno babilónico de la vanidad y la fama. La vanidad y la fama, acaban con el mito de Fedora, una estrella de cine, del Hollywood clásico, que eternamente bella hizo un pacto con el diablo de la cirugía y perdió. Pero el terror en estado puro, llega cuando años más tarde reaparece joven como el primer día, en virtud de una condena que su propia hija en principio acepta y luego rechaza, con el suicidio como única escapatoria. Las apariciones de Henry Fonda y Michael York interpretándose a sí mismos dan un toque de inquietante verosimilitud a una historia que parece tan real como el cine mismo. El grupo de monstruos que controlan y viven la mascarada del mito, que desapareció y volvió más bello que nunca, ocultando su verdad tras unos guantes blancos y unas gafas d esol impenetrables, es la metáfora perfecta de ese Hollywood que alimenta la mentira de un cine falso, de estrellas podridas que son solo fachada, y que desde sus escondrijos millonarios escrutan el pasado, puesto que no pueden mirar más allá, ni siquiera su aberrante y mísero presente. De Wilder - Wilder, son los ojos del espectador, y son también, los testigos del aquelarre macabro de las glorias marchitas que se niegan a serlo. Y la puesta en escena, por una vez, se aleja del toque wilder. Lejos del juego de espejos con Sunset Boulevard, no encontramos más similitudes con los films del viejo maestro. Atrás quedan esas comedias maravillosas cronometradas en cada uno de sus gags, ese toque amargo y romántico a la vez. En sus últimas películas, en Aquí un amigo y en Fedora, el suicidio es una via, que te aleja de una realidad asfixiante, la muerte es la estrella invitada de la función. El presente deja de tener valor en sí mismo, regla de oro wilderiana de toda su obra ahora es el pasado el que cuenta, y el que niega el futuro por contraste entre uno y otro. William Holden sale de la mansión del terror y se aleja con pasos rápidos después d econocer toda la verdad y de asistir a un funeral luciférico, de la misma manera de la que Billy Wilder, se aleja a paso rápido, corriendo y con decisión, del cine y de un Hollywood, que ya no sirve para más que para hacer mierda y escupirla en las salas de medio mundo. Su tiempo, al igual que el de Fedora, ya ha pasado, y el maestro, no está dispuesto a sustentar mentiras con fachadas impecables y alma putrefacta. El Hollywood de oro, descansa en paz para siempre. |