| IRMA LA DULCE (Irma la Douce, 1963) |
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Un guión desequlibradoIrma la dulce comparte con los dos siguientes films de su realizador, Bésame, tonto (Kiss Me, Stupid, 1964) y En bandeja de plata (The Fortune Cookie, 1966), un aspecto algo molesto: un excesivo retrato moralizante, que resulta exagerado y, lo peor, nada sutil (1). Este reparo, no obstante, que si puede ser el mayor en el caso de Bésame, tonto, no lo es para En bandeja de plata, un estupendo guión que desgraciadamene no está del todo desarrollado debido a la funcional puesta en escena escogida por Wilder, y menos aún para Irma la dulce, cuyo guión precisamente no es el mejor que escribieron Wilder y Diamond... (2) Como contrapunto a esta terna de films, existe otra, integrada por los inmediatemente posteriores, en ese sentido nada didácticos. Tanto en la arriesgada pero fallida La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), como en las espléndidas Avanti! (1972) y Primera Plana (The Front Page, 1974), el realizador ofrece tres films alejados por completo de esa más o menos pronunciada moralidad de los anteriores, mucho más preocupado por tratar uno de sus temas más recurrentes, las relaciones humanas en todas sus formas (3). Irma la dulce no deja de ser un cuento en torno a una prostituta que se enamora de un ingenuo agente de policia reconvertido en chulo. Irma (Shirley McLane) es una de las más solicitadas en su profesión y una de las más bonitas, mientras que Nestor (Jack Lemmon), que comienza como un reputado agente de policía -condecorado por salvar a un niño-, rápidamente termina siendo expulsado del cuerpo y no aceptado en ningún trabajo "decente", por lo que deberá "buscarse la vida". La relación que se establece entre ambos personajes, ya desde su primer encuentro -cuando él arresta a todas las prostitutas siendo aún policía-, se revela como lo más interesente de esta comedia romántica de buenas intenciones y desiguales resultados. El guión escrito por Wilder y, su estrecho colaborador, I.A.L. Diamond no es, como ya he apuntado, un prodigio, ni de sintesis -el film dura unas desproporcionadas dos horas y media- ni de definición de personajes -a excepción de los protagonistas el resto son meros arquetipos-, ni siquiera de descripción de lugares -que no escapa de cierto esteriotipo y artificio-. Tal vez, muchas de las insuficiencias y excesos del guión ya estuvieran en la obra que Diamond y Wilder adaptaron, que en realidad era un musical, lo cual de todas formas no es más que una disculpa para con los guionistas, que en ese caso, no supieron sacar un libreto más solvente a pesar de la presunta mediocridad de partida. Estas deficencias no impiden que el guión brilla en el desarrollo de la relación entre Irma y Nestor, cuya traslación en imágenes resulta más que notable. En ese momento, ya mencionado, que une a Irma y Nestor por primera vez se puede apreciar ya el mutuo interés que ambos se tienen. Hay un plano excelente de Irma mirando al ingenuo Nestor en la furgoneta policial -mientras es objeto de burla por parte de las otras prostitutas-, que expresa perfectamente ese interés por parte de la chica. Este detalle y otros muchos, a veces imperceptibles, enriquecen notablemente a ambos personajes y prueban la habilidad de Wilder como director (4): cuando Nestor pelea con Hipólito (Bruce Yarnell), el chulo de Irma, hay dos insertos del rostro de ella, que en realidad es la cuasa de la refriega, los cuales remiten al plano antes aludido, pero cuyo significado es diferente, pues el sentimiento ha evolucionado del interés y curiosidad inicial (5) hasta el (previsible) enamoramiento algo que el rictus de la actriz expresa de manera admirable (Wilder obtuvo de Shirley McLane dos más que estimables interpretaciones, en este film y en la inolvidable El apartamento [The Apartment, 1960]); en la espléndida secuencia que sigue a la pelea, Irma y Nestor se van al apartamento de ella, el cual se encuentra en el último piso del edificio, y Wilder no corta en ningún momento y muestra al completo el largo camino por las escaleras y la conversación aparentemente estéril, pero que en realidad supone un gran acercamiento entre la pareja; ya dentro del apartamento de Irma donde ambos intiman mucho más hasta concluir obviamente en la cama hay abundantes detalles como el realista nerviosismo de Nestor a la hora de tapar la ventana con los periodicos o cuando se empieza a quitar la ropa y prefiere que Irma se ponga su antifaz; otro detalle espléndido es aquél en el que Nestor lleva puesto el antifaz de Irma cuando al día siguiente despiertan... Irma la dulce es en realidad una comedia y no faltan los gags y las situaciones rocambolescas, unas bastante conseguidas, otras algo burdas y la mayoría repetitivas. Entre las primeras destaca la secuencia del registro del apartamento de Irma por parte de la policia en busca de Nestor fugado de la cárcel ya hacia el final del film y es una muy buena pieza de cine cómico; entre las segundas la resolución de la pelea entre Nestor e Hipólito es el típico fragmento de chiste fácil; entre las últimas tanto el gag del sifón que al principio tiene su gracia -y que da lugar a buen momento: Irma y otra prostituta se pelean fuera de cuadro, mientras en el encuadre Nestor va utilizando el sifón según se tercie-, como todo lo concierniente a la caracterización de Nestor como el ficticio Lord X, termina por ser muy pesado... En cierto modo el film cuenta la historia de Moustache (Lou Jacobi, que nada tiene que envidiar a las, por otro lado, estupendas interpretaciones de Lemmon y McLane), el dueño del bar donde paran las prostitutas y sus chulos, una especie de filósofo de barrio, que estuvo en Dunkerke, estudió economia en la Sorbona, es tocólogo y abogado y en realidad no se llama Moustache: adoptó ese nombre (y se dejó bigote) para no tener que cambiar el nombre al bar. Al final se sabe tanto de él o más que de los dos protagonistas y deviene un personaje entrañable y hasta fascinante, amén de divertido que sólo existe como contrapunto a la trama principal pero que está perfectamente integrado en ella. Es en realidad el protagonista en la sombra y hasta Wilder le reserva el último plano del film y el último diálogo («pero eso es otra historia»). Finalmente, como ya he comentado al comienzo de estas líneas, queda señalar el tono fabulesco -mal entendido- del film, donde no falta el enfretamiento entre buenos y malos, con Hipólito como representante de éstos, que aparece y desaparece del film a capricho de los guionistas y hacia el final tiene una importancia en el relato que desde luego el personaje no merece y que está resuelta de forma tramposa y arbitraria. Tampoco falta ese final bastante esclarecedor con Irma y Nestor en el altar primero y con un bebé en los brazos justo después, que sólo se puede entender como una grosera moraleja final: los descarriados terminan regresando al camino correcto junto al resto del rebaño: Irma ha dejado la calle y trabaja de cajera, mientras que Nestor tras esclarecerse todo acepta un nuevo puesto como agente de policía... Irma la dulce es a pesar de todos los reparos un film bastante aceptable, que brilla a gran altura en momentos puntuales, en la fotografía en Technicolor de Joseph LaShalle y en la espléndida música de André Previn, pero lastrado por una excesiva duración, un guión claramente desequilibrado y un molesto desenlace. Casi diez años después de este film, Wilder volvío a incidir en la comedia romántica con logros mucho mayores: Avanti! (1) Bien es cierto que ya alguna de las
peliculas anteriores del director austriaco, no dejan de esconder una
moraleja -habitualmente molesta- en su interior. Sirva como muestra la
mediocre La tentación vive arriba (The Seven Year Itch,
1955). |