ALREDEDOR DE LA MEDIANOCHE
('Round Midnight, 1984)
 
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Sumario
Por Javier Castro
Cartel original del film
Miradas de Cine © 2002

Historias de la música

A mí me gusta que me cuenten historias. Tanto en el cine como en la música, o en mi vida normal. No me van las canciones que hablan de lo buena que está cierta chica, o de lo mucho que te quiero, o de lo que me divierto bailando. Lo mismo con el cine. Parece que hoy sólo vende el cine que te apabulla, te asusta o te excita. Tampoco necesito que me cuenten historias grandilocuentes o trascendentes, aunque tengo cierta afición por el cine social (quizá porque en general se cuida a los personajes y las historias que cuentan, aunque no siempre). Lo que me gusta es poder experimentar las emociones de otras personas, sus vivencias y sensaciones. En una película maravillosa (Yi Yi (2000), de Edward Yang) decían que quien va al cine vive dos veces. Me conformo con que no me engañen.

Bertrand Tavernier es un director que, al contrario que la mayoría de los cineastas, a pasado de tener una visión del cine más estética y narrativa a implicarse más en asuntos sociales, como demuestran sus últimas películas exceptuando la fallida La hija de D'Artagnan (La fille de d'Artagnan, 1994). Pero su gusto por contar historias en sus primeras cintas le ha beneficiado dotándole de un gran pulso narrativo, manteniendo la atención del espectador más como en una buena historia de ficción que como si se tratase de documentales o reconstrucciones más o menos verídicas de la realidad. La genial Hoy empieza todo (Ça commence aujourd'hui, 1999) es una precisa muestra de ello.

Esta última etapa quizá haga olvidar sus primeras películas, las cuales desgraciadamente conozco menos de lo que desearía, de apariencia intrascendente pero que cuentan estupendas historias con una mirada limpia y serena como en Un domingo en el campo (Un dimanche a la campagne., 1984), o más apasionadas como la que ahora nos ocupa. La pasión del autor por el cine clásico americano y por la música de Jazz no da lugar a dudas, y las transmite con fuerza y convicción.

La historia que nos cuenta es la siguiente: un día de lluvia en el París de 1959 uno de los grandes del jazz, Dale Turner, ya venido a menos por el alcohol y las drogas toca en el "Blue Note". Convive con varios músicos de la banda que le ayudan a superar su adicción. Francis es un joven dibujante apasionado del jazz y sin un céntimo en el bolsillo. No se puede pagar la entrada, así que escucha a su ídolo a través una salida del circuito de ventilación del local, en la calle bajo la lluvia. Igual que tantos amantes del cine, de la música, del teatro. Pero Francis tiene suerte. Un día, al salir del local, Turner tiene ganas de tomar algo, y allí está Francis para servirle. Tras llevarle a casa descubre que Turner es alcohólico, pero entre ellos ha nacido una amistad que durará más allá de la estancia del músico en París. Gracias a la amistad y a la admiración del joven el músico sale momentáneamente adelante, a la par que a Francis le empiezan a ir bien las cosas. Pero la vuelta a los Estados Unidos traerá problemas.

Dale Turner está interpretado por Dexter Gordon, uno de los mejores (dicen) saxofonistas de todos los tiempos, y su memorable caracterización le valió la nominación al Oscar aquel año. Al parecer no le costó mucho hacer el papel, puesto que su vida real se pareció mucho a la del personaje, incluyendo el trágico final. En papeles secundarios se puede ver a Martin Scorsese como representante de Turner y a otros grandes músicos de Jazz reconocibles por todo buen aficionado (yo no lo soy, así que no les conozco) entre los que se encuentra Herbie Hancock, autor también de la estupenda banda sonora original que combina con temas clásicos del Jazz y que se alzó con el Oscar de aquel año.

Los decorados son de Alexandre Trauner, habitual en el cine de Billy Wider, que aunque prepara unos exteriores demasiado barrocos y estirados para los alrededores del local en el supuesto París de mediados de siglo, los interiores de los diferentes locales que aparecen en la película, especialmente el Blue Note, son el sueño de cualquiera que ame los locales musicales repletos de humo y cervezas en las mesas. También la fotografía de Bruno de Keyzer contribuye a dar el ambiente bohemio que destila la película, y que pocas veces ha sido tan bien capturado en un cartel publicitario como en el de esta película. Pagaría lo que fuera por tenerlo colgado en mi habitación.

La película intercala un gran número de sesiones de Jazz, que podrían frenar el avance de la acción, y que en principio deberían ser aptas sólo para incondicionales de dicha música, pero a mí que no lo soy me resultaron de lo más estimulantes, rodadas casi siempre desde dentro con una cadencia de movimientos de cámara y montaje realmente hipnótica y perfectamente empastados en la acción. Quizá a muchos espectadores les resulte pesado, pero puede que muchos descubran una nueva pasión en la música. Desde luego yo hace varios años que la vi, pero el recuerdo que me dejó tanto la historia, como el aspecto visual y la música es inolvidable.

La trayectoria de Tavernier es un modelo de coherencia y búsqueda de nuevos territorios. A la espera de su próxima película, Salvoconducto (Laissez-passer, 2002), que llegará a los cines a fin de mes, se puede esperar que continúe evitando la repetición de temas y puntos de vista, abordando cada proyecto con entusiasmo y sacando lo mejor de cada uno. No me cabe duda de que su mejor película está por llegar.