| HOY EMPIEZA TODO (Ça commence aujourd'hui, 1999) |
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La tarea del héroe (cristiano)Por mucho que insistan en ello desde las campañas mediáticas, tengo la impresión de que el cine francés más moderno e interesante no se encuentra en los exitosos (en cuanto a recaudación) productos dirigidos (o producidos) por Luc Besson o Mathieu Kassovitz, supuestos (y autoproclamados) enfants terribles, que en realidad no lo son tanto (por no decir que no lo son nada). Tampoco en la huida de la realidad que representan películas como la hueca Amelie (Le fabuleux destin d'Amélie Poulain; Jean Pierre Jeunet, 2001), en chapuceros intentos de escandalizar que, efectivamente, consiguen que nos sonrojemos, pero no precisamente por lo "duro" de sus contenidos (cf. Fóllame/Baise-moi; Coralie Trinh Thi & Virginie Despentes, 2000) o pretenciosos -y a la postre fallidos- intentos de realizar un cine poético-social (cf. La vida soñada de los ángeles/La vie rêvée des anges; Erick Zonca, 1998). Antes bien, el cine galo sigue teniendo muchos de sus mejores valores en algunos nombres surgidos desde el campo de la crítica cinematográfica, una cantera muy arraigada en Francia desde la eclosión de la nouvelle vague, a finales de los años cincuenta. Uno de estos nombres es el de Bertrand Tavernier, director de la película que nos ocupa, su penúltimo trabajo hasta la fecha. Aunque anteriormente ya había practicado un cine con evidentes preocupaciones de índole social, parece que con Hoy empieza todo el realizador se instala totalmente en lo que se denomina "cine de denuncia", adquiriendo ciertos estilemas propios de dicho cine, como pueda ser el uso de técnicas cercanas al documental con intención de alcanzar la mayor inmediatez posible. Quizás este encasillamiento voluntario pueda mermar el alcance de su propuesta, sobre todo desde el punto de vista formal, pero no cabe duda de que, dentro de su "género", el filme de Tavernier cumple con todos los objetivos que se marca, constatando la falta de atención de las autoridades e instituciones públicas hacia la educación infantil, la falta de apoyos a las familias más humildes (por la que los niños terminan pagando), revelando asquerosos movimientos político-burocráticos y otras injusticias de diverso pelaje. Estas denuncias las lleva a cabo Tavernier dentro de una
historia que se erige como un canto y un homenaje a la figura del educador,
auténtico héroe aquí, personificada en el protagonista,
Daniel Lefebvre (Philippe Torreton), un hombre que emprende una lucha
titánica cada día enfrentándose a toda la precariedad
que rodea al centro donde imparte sus enseñanzas a niños
pequeños, a veces viéndose obligado a ejercer como asistente
social, y luchando contra la miseria moral y material de algunos de los
familiares de los alumnos. Muchas Creo que Hoy empieza todo está realizada desde una perspectiva filosófica y vital profundamente cristiana, que se refleja sobre todo en los valores esgrimidos por Daniel, quien en ocasiones parece una transposición de El Crucificado a nuestros días. Es un hombre extremadamente amable y paciente, pero no duda en ponerse firme para defender sus convicciones en determinados momentos. Asimismo, algunas de sus reacciones (como el instante en el que se arrepiente tras propinarle un sopapo al hijo de su compañera, la manera en que asume, con resignación, la obligación de atender a su padre -aunque éste le maltratase cuando era pequeño-, o su visita al cementerio tras haberse negado a acudir a una ceremonia fúnebre), su comprensión, y la compasión (no sólo con los niños, sino también con los animales, recuérdese la escena de la pesca en la que Daniel devuelve al mar el pez que ha capturado) denotan un inquebrantable espíritu de bondad, en el sentido cristiano del término, y la voluntad de intentar instaurar algún referente moral, algo de humanidad, en un panorama devastado(r) y fomentador del desaliento. La ingente cantidad de problemas que se ciernen sobre Daniel le harán flaquear en su contienda cotidiana para sacar adelante a sus pupilos y su vida personal, que también atraviesa por diversas dificultades. Cansado de cargar con semejante peso, Daniel llega a plantearse la posibilidad de dejarlo todo y claudicar, algo a lo que finalmente renunciará gracias al apoyo de la familia y de los amigos, en un esquema semejante al de la extraordinaria ¡Qué bello es vivir! (It's a Wonderful Life. Frank Capra, 1946), la cual, aunque tenga una fama de "película ñoña" que no comparto ni de lejos, era incluso más lograda, más profunda y más realista, en algún sentido, que Hoy empieza todo, pese a tratarse de un filme de estudio y pese a las derivaciones fantásticas de su argumento. En el último tramo del film, Tavernier hace extensivo el esfuerzo diario de Daniel para luchar contra el tedio y la rutina a todas las personas de la comunidad, y de la raza humana, e intenta mirar al futuro con mucha esperanza. En definitiva, todos nos encontramos lanzados a un mundo lleno de amenazas donde tenemos que buscar la fuerza necesaria para aguantar y afrontar nuestros problemas, y seguir en pie. Esto intenta expresarlo mediante los versos de Daniel, recitados en off, y que, particularmente, no veo que encajen bien con el resto de la narración, netamente prosaica. Pareciéndome un film bastante bueno en líneas generales, creo que hay cineastas que han sabido incluir la realidad social en sus historias de manera más personal, sin alardear de ello (en algún momento llega uno a tener la sensación de que Tavernier y sus guionistas nos quieren dar una lección, y esto resulta molesto) y sin pretender ser "más comprometido que nadie", algo que parece intentar Tavernier en esta obra, y que a veces termina perdiendo a directores como Ken Loach. No pido que se llegue a los (por cierto, interesantes) extremos de Rosetta (id. Luc & Jean-Pierre Dardenne, 1999), un radical tour de force para seguir los pasos (sic) de una pobre chica que no encuentra trabajo y vive en una caravana; pero sí se podría tomar como ejemplo el trabajo de André Techiné, en cuyas obras suele subyacer un elemento social, no subrayado, pero muy estudiado, nunca esquemático o "de compromiso". Ahí está su última maravilla, Lejos (Loin, 2001), una de las películas que mejor reflejan la terrible (y compleja, por más que algunos políticos de este país nos quieran vender soluciones fáciles aprovechándose del "efecto Le Pen" francés y de que, después del 11-S, parece que "el fin justifica los medios" es un lema a seguir en las relaciones internacionales) realidad de la inmigración en el sur de España, sin ser éste el único tema del film, ni mucho menos. El propio Tavernier ha tenido mejor fortuna en estos lances con películas como Ley 627 (L. 627, 1992) o La carnaza (L'appât, 1995), aunque en ésta última insistía excesivamente en su (matizable, pero no matizado por él) discurso sobre la responsabilidad que la televisión tiene en la deformación de algunas mentes juveniles. Sin embargo, el compromiso de Tavernier, con ideas bastante plausibles para cualquiera, cristiano o no, es irreprochable (como también lo es el de Loach, independientemente de la calidad de sus filmes), y su película traspasa la pantalla en algunos momentos memorables, momentos de vida que se cuelan en las imágenes y en cuya creación tienen parte fundamental unos actores en estado de gracia (1), entre los que destacan, además de Torreton, magnífico, Maria Pitarresi, que interpreta a Valeria, la mujer de Daniel, y Nadia Kaci, excelente actriz que da vida a una asistente social comprensiva. Aunque tenga momentos duros, Hoy empieza todo es
un film vitalista y esperanzador, y en este aspecto chocaría, aparentemente,
con la desolación de películas como El dulce porvenir
(The Sweet Hereafter. Atom Egoyan, 1997) o El sabor de las cerezas
(Ta'm e guilass. Abbas Kiarostami, 1997), films que tienen un carácter
más severo, más desengañado respecto al mundo, tal
vez... Quizás sea necesaria, de todos modos, una mirada optimista
sobre la realidad, que aún mantenga la fe en el ser humano... ¿Y
sería acaso posible un término medio -aunque fuese aristotélico-
entre ambas posturas? A lo mejor ya existe: ¿Se ha visto La
eternidad y un día (Mia aiwniothta kai mia mera, 1998),
esa desgarradora y a un tiempo reconfortante crónica de una vida
que se acaba, firmada por Theo Angelopoulos? (1) Para poder disfrutar de la labor de los intérpretes se hace necesario, más que nunca, ver el film en V.O., pues si bien el doblaje constituye siempre una manipulación de la película, en este caso es particularmente malo, sobre todo el de los niños. |