| LA CARNAZA (L'Appât, 1994) |
|
|
||||||||||||||||||
Los hijos devorando a SaturnoEn 1995, Bertrand Tavernier ganó el Oso de Oro del festival de Berlín, con una película atípica, que pasó por las carteleras españolas con más pena que gloria. Su título, L'appât (El cebo) fue traducido aquí como La carnaza, y supuso para algunos, la confirmación definitiva del genio de un autor, digamos que cuanto menos, a contracorriente (el éxito no le llegaría a nivel de cierto público hasta Capitán Conan [Capitaine Conan, 1996] y sobre todo Hoy empieza todo [Ça commence aujourd'hui, 1999]). Tavernier acababa de rodar previamente la frívola La hija de D'artagnan (La fille de D'artagnan, 1994), la casi documental Ley 627 (L. 627, 1992), sobre los estragos que las drogas estaban produciendo en la juventud francesa, y con L'appât cerró un círculo que como una inmensa sirena deslumbrante trata de advertirnos de un peligro que inexorablemente se cierne sobre nuestra maravillosa sociedad occidental. Como otras veces, Tavernier, se basó en hechos reales presentados por gente de su familia, y en este caso, fue su ex-mujer, la guionista Colo O'Hagan, la que le presentó el caso de estos tres adolescentes que asesinaban y robaban a hombres maduros solteros, con el fin de huir a Estados Unidos, y abrir allí una cadena de tiendas de ropa de marca. Sin embargo, la inteligencia del cineasta le dictó trasladar los hechos ocurridos diez años atrás a la actualidad, ya que según sus palabras, la excepción en tan corto periodo de tiempo, se había convertido de alguna manera en casi norma, y muchos casos nuevos o similares aparecieron entonces en la opinión pública francesa. El objetivo de este cambio, era por supuesto mandar un mensaje mucho más contundente a la sociedad, sin emitir juicios, y sin moralizar, porque Tavernier no lanza en ningún momento discursos, muestra a los personajes en su aberrante desnudez, monstruos hijos de monstruos o no, pero en todo caso, hijos de Saturno que en lugar de ser devorados por él, aprenden rápidamente las reglas del juego consumista de nuestra sociedad, eso sí negándose a adoptar una falsa moral. Que hay que triunfar como sea y comprarse un Rolex, pues todos los medios son buenos para eso, y en ningún caso, los prejuicios morales de adultos hipócritas que en el fondo no tienen ningún tipo de valor moral, pueden ser impedimento de ello. Matar es lícito, en el tablero de juego del todo vale. En este intrincado tablero, Natalie es la falsa inocencia que sirve de cebo a los adoradores del triunfo de sienes plateadas, muertos por follarse cándidas adolescentes, en un funesto culto de su mal ganado éxito, y su novio Eric y Bruno, el amigo de éste, son los ejecutores del plan trazado por este tirangulo escaleno, en el que los deseos de unos sobre otros, enfermizos, egoístas y faltos de escrúpulos, impregnan cada ángulo. Tavernier filma retazos de una sociedad enferma, a través de los ojos de ejemplos terminales que sin embargo no resultan para nada fantasiosos, y lo hace con una elegancia y una verosimilitud inimaginables. Desliza suavemente la cámara entre las mesas de los locales de moda, realiza travellings repletos de nergía y contundencia, y de la misma manera, trata con suavidad a sus personajes principales, todo al servicio de un fresco desgarrador. En realidad, Tavernier está insultando a su propio público lanzándole una bofetada a la cara y haciendo que por deducción llegue a la conclusión de que parte de la culpabilidad en la existencia de estos hechos, recae en todos. La adicción al triunfo como única forma de lograr una identidad personal que merezca la pena, se traduce en el culto a los objetos de marca, la televisión y las drogas como vía de escape, diversión y casi única forma de socialización, es herencia de núcleos familiares rotos e inexistentes. En una sociedad sin amor, Tavernier muestra el único fruto posible y los hechos que estos frutos únicamente pueden generar. Y esa llamada de atención a su público, la encontramos reflejada en el famosos chiste que los personajes narran una y otra vez, del joven que tiene un grave accidente de tráfico con su coche (un Porsche) y pierde el brazo, pero que no hace más que lamentarse porque ha perdido el Rolex que llevaba en la muñeca de ese brazo y ahora no encuentra. Ese chiste, produce las risas de los protagonistas en varias escenas, desconociendo que la distancia que los separa del protagonista de ese suceso es mínima, del mismo modo que nosotros vemos a estos asesinos desde una lejanía que no es tal. Al igual que Nathalie, que usa su walkman a todo volumen, para no oir los gritos de las víctimas que en la habitación de al lado sus amigos torturan, nosotros tambien nos tapamos las orejas cuando casos así salen en la prensa. No es que los asesinos estén entre nosotros, es que con nuestra forma de vivir, nos hemos convertido en el germen, los docentes y los inspiradores de una generación que completamente perdida, arremete con nuestras mismas armas contra nosotros ¿qué ocurrirá cuando muchas de mis alumnas de quince años, permanentemente frustradas por no tener éxito ni salir en la televisión, decidan usar todos los medios para lograr sus propósitos y "TENER", que no "SER"? En los asesinatos, Tavernier, teatraliza, los actores entran y hacen mutis, representan el horror como si de un vodevil se tratara, y brutalmente cierra el film abriendo la mente de su protagonista. Cuando Nathalie es obligada por la policía a ver el horror que ella y sus amigos han creado, la chica, como si saliera de una película americana, donde la violencia es tratada con toda gratuidad, pregunta sonriente si llegará a tiempo en casa, para la cena de Navidad. La violencia de Hollywood convertida por Tarantino y otros oscuros apóstoles en risa y diversión, la cultura de las posesiones y la colonización americana, han hecho mella imborrable e insalvable en unos cachorros, a los que hemos abandonado indefensos a esos mensajes, y que los han asimilado como único modelo moral válido. Les hemos engañado vilmente, y en lugar de educarles en el amor, lo hemos hecho en la máxima de que "El fin justifica los medios" y que todo vale para llegar arriba, para "tener". Ahora, toca que ellos nos devuelvan el golpe. |