AMISTAD (Amistad, 1997)  
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Por Sergio Vargas

Cartel del film

















Miradas de Cine © 2002

Una historia "verdadera" + La historia interminable

En 1997, Spielberg ya no sabía que hacer con tanto dinero. La saga jurásica y La lista de Schindler (Schindler´s List, 1993) le hicieron forrarse hasta límites insospechados y decidió crear una productora propia, la Dreamworks (que grima me da cada vez que veo al niño sentado en la luna al principio de una película), y por supuesto, que menos que una película suya para inaugurarla. Si en La lista de Schindler trató el tema del Holocausto Judío obteniendo un gran éxito tanto de crítica como de público, en esta ocasión decidió abordar el asunto de la esclavitud en el siglo XIX, con la esperanza de cosechar idénticos resultados.

El guión de David H. Franzoni parte de un hecho real y luego se va adaptando la historia a las características propias de estas ambiciosas producciones spielbergianas, o sea, tendencia desmedida al empalago y la ñoñez, ayudado por la casi siempre cargante música de John Williams, y un patriotismo exagerado, que alcanzaría su cima un año más tarde con Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan,1998).

En 1839, los esclavos que transportaba el barco español La Amistad se rebelaron contra sus captores, matando a casi toda la tripulación. Al llegar a las costas estadounidenses, fueron capturados y comenzó un gran juicio. Por una parte los dos supervivientes a la matanza reclamaban la posesión de los esclavos, pero también los reclamaba la monarquía española, el estado los quería condenar por asesinato y los abolicionistas pedían su libertad. Escalofriantes son las imágenes del comienzo del film: en una noche de tormenta vemos como los esclavos rompen sus cadenas y la emprenden a machetazos contra los esclavistas. Los esclavos, procedentes de Sierra Leona, aunque esto no se sabrá hasta más tarde, hablan en su propia lengua (sin subtítulos), pero pese a ello, dos españoles logran convencerles de que les dejen con vida y llevan el barco hasta la costa de Estados Unidos. Una vez son capturados la película se adentra en el drama judicial, y comienzan a aparecer los personajes principales, Anthony Hopkins, que fue nominado al oscar por su interpretación del presidente John Quincy Adams, que apenas aparece, salvo en el inaguantable alegato final de más de diez minutos. No se pueden hacer estas cosas despues de dos horas de película, hombre. Tenemos a Morgan Freeman, en la piel de Theodore Joadson, abolicionista. Este personaje es ficticio, en sustitución de Dwight Janes que fue real, aunque éste era blanco. Mathew McConaughey es Roger Baldwin, el abogado defensor de los africanos. Y quizá el verdadero protagonista de la película y la mejor interpretación, aunque no sea de los primeros acreditados, es Djimon Honsou (hasta entonces era modelo y salía en los vídeos de Madonna), que encarna a Cinqué, el líder de los esclavos. Son las escenas que transcurren fuera del juicio, las más entretenidas, que no por ello interesantes, ya que la mayor parte de ellas son completamente innecesarias para la trama, como aquella en que Cinqué explica como mató a un león con una piedra o en la que los propios esclavos se comparan con Jesucristo. Cuando le ven crucificado uno de ellos dice (ahora si son subtitulados): "Algo haría para que le crucificasen". Y el otro responde (previsiblemente):"Nosotros no hemos hecho nada". Pero junto con el comienzo de la película, la mejor escena es sin duda, el flashback en el que Cinqué, en el juicio, narra como fueron capturados en la fortaleza de esclavos y metidos en el barco portugués Teçora. Después, cuando La Amistad llega para apropiarse de los esclavos, los del Teçora aún tienen tiempo de tirar cincuenta al mar, atados con piedras. Lo que falla en Amistad (son muchas cosas pero esta es la principal y que en cierto modo engloba al resto) es que entre el motín de los esclavos y este flashback pueden sumar (como muchísimo) una media hora, pero la película dura dos y media, y el resto es en líneas generales lento y tremendamente aburrido sobre todo en la parte final, con el alegato de Adams dando la puntilla.

Además Spielberg aprovecha para hacernos comulgar con ruedas de molino, vendiéndonos que el triunfo de los esclavos al obtener la libertad, prácticamente sumió al país en la guerra, simplemente para dar unas dimensiones más épicas al caso, y eso sin contar con que el problema de la esclavitud aún tardaría bastante en desaparecer. Nos presenta a la corona española regida por una caprichosa Isabel II (Anna Paquin) de once años, sin importarle lo más mínimo que fuese Maria Cristina, su madre (que ni siquiera aparece en la película), la que realmente manejaba el percal.

Al final de la película (porque aunque mientras uno la ve parece que no tiene final resulta que si que lo hay) aparecen los diversos personajes con unos subtítulos que nos cuentan sus destinos, como queriendo reforzar el hecho de que lo que acabamos de ver (soportar) es una historia real. Pero entonces, Spielberg, ¿Por qué no nos cuentas la verdad? ¿Por qué en lugar de decirnos que cuando Cinqué regresó no encontró a su familia y se cree que fueron vendidos como esclavos no nos dices además que Cinqué encontró un trabajo que le ayudó a prosperar económicamente, cazando hombres y vendiéndolos como esclavos? ¿Eh, Spielberg? ¿Por qué? Pues te lo voy a decir yo, porque en tus películas no se puede presentar a un personaje como un héroe y al final convertirlo en un ser despreciable (aunque consiguieses una película mucho más rica y digna) porque entonces ya no sería una película para toda la familia, y en consecuencia, si los niños no viesen la película, sería dinero perdido, y sin ese dinero, tu razón de ser, tu vida se sumiría en el caos, y quien sabe lo que podrías llegar a hacer, producir películas independientes o alguna deshonra similar.

Al igual que le ocurriese anteriormente con El color púrpura (The Color Purple, 1985) , que recibió once nominaciones a los oscar de las que no se llevó ninguna, en Amistad no se llevó tampoco ninguna de las cuatro estatuillas (incluida la horrenda música !!!!!!) a las que optaba. Lo que si se llevaron Spielberg y su guionista Franzoni fue una grave acusación a cargo de la escritora e historiadora Barbara Chase-Ribaud, que decía que le habían plagiado su novela "Echo of Lions", y demandó a Spielberg (no tendría mucho sentido demandar al guionista, que probablemente no tuviese un centavo) por diez millones de dólares. Fue una excelente maniobra que desgraciadamente se quedó en agua de borrajas cuando se descubrió que ella también había plagiado en otra ocasión para una novela posterior. Nuestro gozo en un pozo.

Hay que admitir eso sí, que la película tiene una excelente fotografía de Janusz Kaminski, y que posiblemente Spielberg haya hecho alguna película peor que esta, pero desde luego, yo no la he visto, ni quiero verla.