EL MUNDO PERDIDO (The Lost World: Jurassic Park, 1997)
 
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Sumario
Por José David Cáceres
Cartel del film




















Miradas de Cine © 2002

Spielberg produce y dirige

En 1993 estrenó dos de sus películas más famosas (¿hay alguna película de Steven Spielberg que no sea famosa?), La lista de Schindler (Schindler's List) y Parque Jurásico (Jurassic Park). Cierta parte de la crítica encumbró con rápidez a la primera y destrozó a la segunda. Cuatro años después regresó con idéntica práctica: la mencionada Amistad y El mundo perdido, la secuela de Parque Jurásico. Estos cuatro films pueden servir para reflexionar brevemente sobre la carrera de Spielberg y un hecho, a mi entender, fundamental para entender su cine: como americano que es y a diferencia de la mentalidad europea, el cine para él es un espectáculo popular, también arte, pero eminentemente es un medio de expresión destinado al público y es éste su objetivo final, no sólo para ganar dinero, sino como valedores de su trabajo: si el público sale convencido, él ha triunfado. Así se puede entender -aunque no compartir-, esa búsqueda tramposa con la propia realidad del relato, en muchas de sus películas, de un final forzadamente feliz.

Es más que probable que La lista de Schindler sea un film más completo que Parque Jurásico, gracias a que Spielberg en funciones de director desplegó mayor talento, pero no hay que engañarse, en el fondo ambos proponen cierta simplificación de sus elementos y ofrecen un producto algo prefabricado donde la labor como productor de Spielberg es preponderante: el primero con apariencia de importante y necesario retrato de un hecho histórico, con el acertado tono que guste a la Academia de Hollywood (uno de los mayores hándicaps de un film sin duda interesante); el segundo un espectáculo para toda la familia lleno de deslumbrantes efectos (en detrimento de personajes e historia, que no pasan de la anécdota). La operación realizada en 1997 con Amistad y El mundo perdido es, como apuntaba al comienzo, idéntica a la de 1993, pero en este caso, el éxito ecónomico y la repercusión fue menor y la respuesta de la critica mucho más virulenta. Y es que esta pareja de films desvela la artimaña del productor Spielberg, que busca ante todo el beneplácito del público, y lo hace a través de una repetición de la fórmula (no había que arriesgarse pues inauguraba productora: DreamWorks SKG), que hace de lo ya de por sí prefabricado, algo recalentado y poco o nada estimulante a priori. A posteriori, es decir una vez vistos ambos films, el infierno es mayor: tanto Amistad como El mundo perdido son los peores trabajos de Steven Spielberg como director.

Si Amistad es una farragosa, maniquea, discursiva (como La lista de Schinlder y otras muchas, pero de forma más flagrante y grosera), tramposa y terriblemente aburrida histori(et)a con falsos aires de gravedad, El mundo perdido es una lamentable recuperación de los endebles elementos que hicieron de Parque Jurásico un film poco conseguido pero entretenido, donde acción sin freno ni sentido se confunde con aventura, y en la que los excesivos personajes que pueblan el relato resultan aún más superficiales que en su precedente (y mucho más antipáticos). Si Amistad muestra a un director vacío y tramposo, El mundo perdido muestra un director impersonal, un buen técnico que se pliega a un guión muy flojo y a un espectáculo bochornoso. En defenitiva, dos formas diferentes de mediocridad.

El mundo perdido se centra de nuevo en la lucha por sobrevivir de unos investigadores y cadores ante la amenza de unos dinosaurios con muy mala leche. El guión, del notable guionista e interesante realizador David Koepp, es esquemático en la descripción de personajes (ni uno se salva del más rancio estereotipo, y, mérito o defecto, consigue hacer inaguantable a la protagonista de forma fulgurante: tambien puede que la culpa sea de la sobrevalorada Jullian Moore), omite el lado más turbulento que subyace en el relato (ese mad doctor interpretado por Richard Attenborough -execlente en su recortado papel- que podría haber dado mucho juego), y concatena escenas de acción, una detrás de otra, sin detenerse en la progresión dramática de personajes (ríanse conmigo: ¡ja ja ja!), sin sacar todo el partido a elementos asociados a la ubicación de la historia (la vegetación de la isla, el accidentado terreno...). La idea es acumular mayor cantidad de bichos, perdón dinosaurios, dispuestos a devorar a los descuidados protagonistas. En vez de un T-Rex, que haya varios, y claro, como a alguno se tendrán que comer y los insufribles protagonistas no pueden morir, pues tendrá que haber una cantidad determinada de carnaza (en la lamentable y estirada secuencia en la ciudad hay mucha carnaza, entre la que se puede ver al guionista; riamonos de nuevo: ¡ja ja, qué gracioso!). Por cierto, al igual que la primera parte esta segunda está basada en la novela del médico, productor y director Michael Crichton (también se pueden reir si quieren).

Spielberg mientras tanto demuestra su induable talento para construir escenas de acción brillantes, en especial aquella en la que los protagonistas se ven acorralados por un T-Rex que ataca su caravana que queda al borde del abismo con una excelente idea: la protagonista cae al extremo de la caravana y su caida queda amortiguada por un cristal que empieza a resquebrajarse, mientras sus compañeros intentan salvarla y una mochila esta a punto de caer y romper el cristal... Un buen momento de tensión sobre el papel, que se encuentra en tierra de nadie pues el desinterés cuando no antipatía que despiertan los personajes impide al espectador mantener dicha tensión, y termina por cansar ya que Spielberg lo alarga en exceso. Hay otros momentos en principio birllantes tecnicamente y con buenas ideas, que terminan malogrados porque a su director le «falta sentido de la mesura y siempre va demasiado allá, agotando el efecto "thrilling" de algunas secuencias que, de suspender al espectador, pasan a impacientarle» (1). Sin embargo, Spielberg no sabe sacar provecho de otras situaciones no necesariamente espectaculares y su puesta en escena no pasa de fucional y fría en términos globales.

Poco más se puede decir de un film tan pobre como éste -que se permite incluso citar a films clásicos del género, que más bien responde a una actitud de marketing (se vende mejro así entre los cinéfilos) que a un homenaje sentido por parte de Spielberg-, uno de los peores de un director que de pequeño soñaba con manejar el tren eléctrico más grande del mundo y ahora de mayor juega demasiado con él y a veces termina descarrilando estrepitosamente.

(1) En palabras de Hilario J.Rodriquez estraidas de su articulo "Imágenes perfectas de un mundo imperfecto" en torno a MInority Report (id., 2002) en Dirigido por... nº 315. Barcelona, septiembre 2002. Página 31.