| TRILOGÍA DE INDIANA JONES (1981-1989) |
|
|
||||||||||||||||||
Visiones cínicas del héroe clásicoAfirma Luis Martín Arias, en uno de sus escritos, que el cine americano contemporáneo, comenzó con En busca del Arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), y concretamente habla de la primera imagen del film, ese símbolo de la Paramount que pasa a ser la primera imagen que vemos en pantalla por medio de un fundido, y del ya célebre no-duelo del protagonista, mediada la película. Sin duda, la saga Indiana Jones como muchas otras antes y otras muchas después, marcó a una generación, parió al mito cinematográfico por excelencia de los 80, y confirmó lo que todo el mundo sospechaba a principios de esa década, y que era que Spielberg y Lucas, director y productor de la saga respectivamente, iban a cambiar la mentalidad de Hollywood. Cuentan los creadores del mito, que estando de vacaciones en la playa con sus respectivas mujeres, decidieron desenterrar a sus héroes de la infancia, y hacer una película de aventuras a la antigua usanza con héroe, chica, malos y tesoros. Surgiendo de la selva de algún lugar de Sudamérica en 1935, la silueta de un héroe con mucho cinismo Bogart, mucho appeal Heston y el toque tierno que sólo Han Solo podía aportar, aparece de entre las sombras, látigo en mano. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, y de ahí las palabras nada gratuitas de Martín Arias. La saga Indiana Jones que trata de recuperar el cine de viejo sabor clásico de aventuras, se convierte en algo mucho más importante, que es ser el máximo representante del moderno cine americano. Por un lado tenemos al incorruptible héroe clásico, aquí transformado en un taciturno y avaricioso aventurero con pocos prejuicios morales ("Tu y yo no somos tan diferentes; un pequeño empujón, y te encontrarías del mismo lado que yo" le dice Belloq a Indy en En busca del arca perdida). Un héroe que por otro lado, que con las mujeres es bastante torpe, cuando no pederastra ("Yo era sólo una niña; estuvo mal y tu lo sabes" le dice Marion tambien en el primer film). Y por otro lado, tenemos a unas heroínas, bastante especiales: la alcohólica y más que independiente Marion de En busca..., la absolutamente superficial e idiota Willie Scott de Indiana Jones y el templo maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984), y la arpía ninfómana Elsa de Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989). Eso sin obviar a unos nazis metidos a malos de opereta. Pues sí, igualito, igualito que en el cine clásico de aventuras. Evidentemente, algo había cambiado. ¿Alguna duda? En el cine clásico de aventuras, si James Mason desnfundaba una espada, Stewart Granger sacaba la suya, y se producía un espectacular duelo de espadachines por la dama o por el trono de Zenda. Medio siglo más tarde, el héroe rehúsa luchar y prefiere liquidar con un revolver la situación por la vía rápida, para conseguir cuanto antes un arca de oro. Y con esa escena, la complicidad del espectador es un hecho. El cine se vuelve cínico, las reglas se rompen, los adolescentes rien alborozados. Una nueva era en la pantalla. El cine es ya historia, fagocitemos, profanemos sus restos, subvirtamos los valores. No es ni mejor, ni peor, es el cine que llega de la mano de los dos escapistas-prestidigitadores más grandes que ha dado el séptimo arte, en el momento de dejar de ser arte. Los films de Indiana Jones, en cierta manera ridiculizan el cine clásico de aventuras aunque aparentemente traten de recuperarlo o de homenajearlo. De esta manera, tenemos que el héroe rara vez pierde el sombrero, que la acción non-stop se incrementa hasta límites inadmisibles, que se sale indemne de situaciones inauditas, o que se juega con fuentes bíblicas, cuentos de Jiménez del Oso y guias del trotamundos para disléxicos, con la misma e idéntica facilidad. Las aventuras de Indy, si están contadas además desde un ángulo, este es la comedia. Y para muestra, un carro de botones. A nadie se le escapa, que Lucas, que al fin y al cabo es quien está detrás de Indy (Spielberg dirige, pero la historia es del otro), es un cleptómano compulsivo. Ahí está la gracia de su "original" Star Wars, en los robos, guiños o como se dice ahora, homenajes, y lo mismo sucede en Indy. Que Indy y Willie se odian pero se quieren, pues Hepburn y Tracy en la primera media hora del templo. Que hay una secta malvada, pues Corman, que Parecerá que no me gustan las películas de Indiana Jones, pero es todo lo contrario. Eso sí, las cosas son como son, y confieso que las tramas de Indiana Jones, son bastante chuscas, pero no así algunas escenas memorables que fruto de Spielberg o de Lucas, visualmente le han concedido a esta saga el título de mito viviente. De En busca...: Ford mirándose en el idolo de oro del comienzo como si de un espejo se tratara; Ford corriendo y tras el una roca esférica gigante; el citado duelo; una hélice de avión seccionando una cabeza durante una lucha; un arca siendo embalada en caja de madera y enterrada en vida entre miles de cajas similares De El templo maldito: El "Anything goes" inicial, digno de Donen; el primer sacrificio Thuggee; la huida en vagonetas mineras; la escena del puente . De La última cruzada: River Phoenix; Connery corriendo por la playa paraguas en mano; el salto de la cabeza del león La mezcla de aventura, esoterismo fantástico y ritmo endiablado, es irresistible, para el gran público. En este sentido, los Indianas Jones, son la quintaesencia del cine producido por Spielberg-Lucas, y sus resultados en taquilla son paradigmaticos. En busca del arca perdida es posiblemente el mejor de los tres films, porque reúne todo lo comentado anteriormente, y porque significa una ruptura con lo anterior. Está planteada más desde el punto de vista cínico que desde la comedia y el gag, y sobre todo, trata de adoptar un aura d emisterio, sobre el tema central: el Arca de la Alianza israelí donde se guardan las tablas de Moisés, que luego no se vuelve a repetir en siguientes films. El final es a este respecto muy significativo. Fíjense que el título aún no incluye la palabra Indiana Jones, y que el protagonista del film, no es sino ese arca, que cambia de poseedor continuamente durante medio film, y que mata. El personaje de Indiana, es presentado aquí más como un perdedor que como un héroe, un paria, un apartado de la profesión, un hombre con pocas creencias y métodos heterodoxos. Que prefiere encontrar el objeto, que liberar a Marion cuando la encuentra amordazada. Indiana Jones y el templo maldito es sin duda mi favorita de la saga, no sólo por ese arranque musical inicial, seguido minutos más tarde por un ajetreado baile-estampida singular, en el Club Obi-Wan (homenajes galácticos incluidos), sino tambien por la explosiva mezcla de géneros. Alta comedia + terror. En realidad, es como si a una de las totntorronas cantantes de music-hall del estilo de Los caballeros las prefieren rubias (), las metieran en Los crímenes del Museo de Cera (). La comedia de sexos amable que se ve en la primera parte del film, con la magnífica y delirante cena de platos exóticos incluída, es sustituida por una pesadilla en negro y rojo, que culmina de forma delirante con las que para mí son las dos mejores secuencias de acción de toda la saga, la persecución en vagonetas y la destrucción del puente (rodada en Ceylan, UK y USA en planos distintos). Y olvídense de piedras de Shiva, de niños mineros y demás tonterías del guión, porque al final eso es lo que prevalece. Respecto a esta ruptura argumental y tonal en relación con el primer film, simplemente un aplauso. Y por lo mismo, el retorno a los temas de la original de la saga, en Indiana Jones y la última cruzada le resta valor a este tercer film, demasiado idéntico al primero en todo, salvo Sean Connery. Nótese de todas formas, el registro importante de género que supone este tercer film en relación al resto: Una comedia pura y dura, donde incluso el héroe es ridiculizado constantemente (Junior). Es la caída del mito, la hora de humanizar a ese duro sin escrúpulos del primer film. El Indy familiar, previo paso a su bautizo televisivo en horario prime-time. Adios al pederasta, y hola al chico bueno. En esta última entrega, todo se repite. Hélices cercenadoras, objetos bíblicos, muerte súbita para el hereje que no sabe distinguir una copa de carpintero, o un arca de una lata de sardinas, lucha bajo tanques o camiones y reconozcamos que la idea de la cruzada y de los tres hermanos (cruzada que se materializa en el duelo con lanza y motocicleta+sidecar de mitad del film) no es de las más afortunadas. La idea de un cuarto Indy, recuperando el personaje en la década de los cincuenta, puede ser atractiva si se profundiza en la condición de héroe y en otros aspectos de ese paso del tiempo, aunque conociendo a Tragaperras-Lucas, uno se teme lo peor. Aún así, por méritos propios, Indiana Jones, ya se ha labrado un nombre de oro en la historia del cine, para bien o para mal, para ser estereotipo de un cierto cine e entretenimiento que cambió el mundo, o que reflejó simplemente el cambio que éste había sufrido, desde el último duelo de espadachines visto en cine. |